| 2008/08/30 00:00

¿Dónde está la bolita?

El gobierno de Álvaro Uribe ha demostrado una destreza sin igual para superar las crisis. ¿Cuál es el secreto?

Uribe es un fiel creyente de que la mejor defensa es el ataque

Menos de 24 horas. Ese fue el tiempo que se demoró el gobierno del presidente Álvaro Uribe en convertir un hecho escandaloso –la entrada nocturna al Palacio de Nariño de dos emisarios de un jefe paramilitar– en un punto a su favor en su encarnizada lucha contra la Corte Suprema de Justicia y la oposición política. De la noche a la mañana, los principales medios de comunicación dejaron de hablar del desmovilizado ‘Job’ en la Presidencia y más bien se pusieron a hablar de si hay o no un cartel de testigos promovido por la Corte Suprema, los liberales y el Polo. A las 48 horas, la discusión, ya no sólo en los medios sino en el Congreso, eran dos denuncias de Presidencia: que el senador Juan Fernando Cristo debería explicarle al país sobre unos cheques de la campaña al Congreso de 1991 y que el ex presidente César Gaviria no tenía autoridad moral para criticar al gobierno porque presuntamente se había aliado con los ‘Pepes’ para derrotar a Pablo Escobar. Y ya el jueves –apenas 72 horas después– el tema había pasado a otro plano: a la necesidad de bajarles la temperatura a las declaraciones.

Así, en un dos por tres, Palacio cambió los términos del debate. Y con creces: una encuesta que contrató CM& el pasado martes por la noche les preguntó a los colombianos a quién apoyaban en la pelea entre el Presidente y la Corte; Uribe, obviamente, barrió con más del 70 por ciento.

En sus seis años en el poder, el Presidente una y otra vez ha logrado salir avante de las crisis con el uso efectivo de la táctica milenaria de las cortinas de humo. Todos los gobernantes y políticos de aquí a Cafarnaum lo han intentado. Desde Ernesto Samper, que prometía canales interocéanicos y Congresos unicamerales en medio del proceso 8.000, hasta Ronald Reagan, quien ordenó la invasión de la pequeña isla caribeña de Granada poco después de que un camión bomba mató a más 200 marines en Líbano en 1983. A Samper no le funcionó; a Reagan, sí. ¿Y a Uribe? Casi siempre.

La estrategia del gobierno se basa en un pilar fundamental: la inmensa popularidad del Presidente. Por eso, ante cualquier situación adversa para el gobierno, es Álvaro Uribe quien le pone el pecho a la tempestad. Es una práctica inusual para un gobernante. Normalmente son los subalternos, y no el Presidente, quienes soportan los huracanes, y muchos se queman en el proceso. Son descartados como cualquier fusible. No ocurre así con Uribe, como quedó demostrado con el último incidente en la Casa de Nariño, donde el Presidente defendió a capa y espada a su secretario jurídico y a su jefe de prensa.

Uribe es un fiel creyente de que la mejor defensa es el ataque. Y ese es el segundo pilar con el cual el gobierno maneja las crisis. El Presidente, como punta de lanza, embiste contra sus críticos de frente y sin piedad. A veces, incluso, dispara a diestra y siniestra como una metralleta, y deja heridos colaterales. Así pasó con el senador Juan Fernando Cristo la semana pasada, quien tuvo que defenderse de unos hechos de hace más de 15 años. Nadie sabe por qué el Presidente lo atacó en estos momentos, si el político nada tenía que ver con el escándalo sobre la visita a Palacio de dos enviados del paramilitar ‘Don Berna’. No importa, lo importante era desviar la atención.

El tercer corolario es un apéndice del anterior: repetir, repetir y repetir las acusaciones hasta la saciedad. En la Colombia de hoy, es imposible ignorar lo que dice el Presidente. Siempre será noticia. Uribe es la mayor celebridad del país. Muy rápidamente, las declaraciones estratégicas del jefe de Estado cambian la agenda y le permiten sortear los escándalos poniendo el foco de atención de los colombianos en otros temas. Esto, claro, con la caja de resonancia de los medios de comunicación.

Aunque los arrebatos de furia del Presidente generan alarma en algunos sectores de opinión, mientras la estrategia de poner a todos a seguir la bolita siga siendo tan exitosa, es difícil que haya cambios en la manera de hacer política en la Casa de Nariño. Al fin y al cabo, encuesta tras encuesta, Uribe siempre ha demostrado que es un gran líder. Y la primera virtud de un líder es saber interpretar la sicología colectiva de las masas.
 

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