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| 1/30/2010 12:00:00 AM

¿Dónde está el carisma?

No importa si son feos o bonitos, simpáticos o malencarados, profundos o insulsos, los candidatos necesitan tener carisma. ¿Qué es? ¿Lo tienen los aspirantes a la Presidencia?

A finales del año pasado Platon, el famoso fotógrafo de The New Yorker, publicó los retratos de varios presidentes que estaban en la Asamblea General de la ONU. En Internet las fotos estaban acompañadas de unas cortas palabras del retratista, contando lo que sintió con cada uno de estos personajes. Dijo que se sintió intimidado frente a Gadaffi; feliz y relajado con Berlusconi, que Evo Morales le transmitió mucha fuerza y que Cristina Kirchner le pareció dulce. A Álvaro Uribe lo definió como alguien que se siente incómodo consigo mismo y que no transmite la calidez que se siente en la gente del país. En pocas palabras, Platon definió el carisma de cada jefe de Estado. Algo que es cada vez más importante para los electores, pero que no todos los candidatos tienen.

Tal como se entiende en el lenguaje religioso, el carisma es el don y la gracia que tienen ciertos seres. En política, en cambio, éste se mide más por la capacidad de liderazgo. En coyunturas como la actual, en que los partidos y las ideologías no son los que movilizan a la gente, sino los líderes, el carisma es clave para ganar. Hay líderes cuyo magnetismo personal es innato, como el caso de Barack Obama. Otros tienen que construirlo con esfuerzo.

Jorge Bonilla, profesor de comunicación política de la Universidad Eafit, dice que las emociones son claves en la política moderna. "Para la gente la política es una vivencia personal" y que en ese sentido la cultura popular, lo melodramático y los cuentos bien echados reemplazaron las ideologías. "Prima el elector sobre el militante". Algo que ratifica Jorge Londoño, de Invamer Gallup, quien dice que "el 70 por ciento de las decisiones electorales se toma emocionalmente".

SEMANA consultó a varios expertos que analizaron a los actuales candidatos a la Presidencia a la luz de cinco elementos que, construidos o innatos, los hacen más o menos carismáticos. Estos son: la imagen, la actitud, su capacidad de comunicación, su leyenda personal y la retórica. Y aunque ninguno tiene un carisma arrasador, entre sumas y restas, algunos tienen un buen partidor.

Si bien el fotógrafo Platon sintió a Uribe como un hombre gélido, en Colombia se le conoce como el líder que ha "embrujado" al pueblo. Para el publicista y asesor de campañas Ángel Becassino, Uribe se dotó de carisma a punta de disciplina. "Construyó un personaje", dice. Uribe ha seguido a pie juntillas las teorías del Gustav Lebon, quien hace más de un siglo escribió su reaccionaria tesis sobre la sicología de las muchedumbres, en la que asegura que las masas son irracionales y que la clave para llegar a ellas es la sugestión. Si bien los fuertes de Uribe no son la imagen ni la actitud -ambas le repelieron a Platon-, es un gran comunicador. Su verdadera fuerza está en la retórica. Afirmación, repetición y sugestión son las claves que Lebon recomienda para hablarle a la gente, y así lo ha hecho Uribe. "En la política lo más importante es la verosimilitud", dice el analista Ómar Rincón. Y a Uribe mucha gente le cree, todavía.

Uno de los candidatos más difíciles de analizar a la luz del carisma es Juan Manuel Santos. "Su imagen es ladina. Las aureolas oscuras en los ojos y su sonrisa generan desconfianza", dice el publicista Felipe Tello. Pero su actitud, a pesar de ser fría y en ocasiones arrogante, refleja mucha seguridad en sí mismo. "Se le ve como un animal político", dice Becassino. A eso se le suma que es convincente cuando habla, y se expresa bien. La retórica es su gran aliada. "Es un gran estratega de medios", dice Bonilla. Así lo demuestra al potenciar su leyenda de héroe como protagonista del ataque de Angostura y de la Operación Jaque. Aunque le pueden hacer sombra el escándalo de los falsos positivos y su origen aristocrático.

Sergio Fajardo genera todo tipo de controversias. Encabeza la última encuesta de Datexco si no hay reelección y es quizás el candidato más 'bonito'. Su imagen es la de alguien joven, activo, renovador, pero "no proyecta seguridad. Su campaña es blanda", dice Becassino. A Fajardo le va muy bien en el cara a cara con la gente y no tanto en las entrevistas con los grandes medios, donde suena diletante. Para Ómar Rincón, la política tiene hoy día una narrativa melodramática, y "si bien Fajardo es un galán de telenovela, no enamora con la palabra. Y el amor entra por los oídos". Todos coinciden en que la falta de un discurso claro conspira contra su buena imagen. Hay quienes consideran que Fajardo les está apostando a los medios alternativos, especialmente a redes de Internet, cuyos públicos son jóvenes, es decir, los electores más desconfiados.

Otro que está bien posicionado en las redes de Internet -en tercer lugar, después de Uribe y Fajardo- es Gustavo Petro. Su presencia en la red y en públicos jóvenes se disparó desde cuando ganó la consulta del Polo Democrático. Los talones de Aquiles del carisma de Petro son su imagen y su leyenda. Si bien, como dice Felipe Tello, "se ve como un hombre serio", para otros analistas este rasgo está exacerbado. "Es más seductor como villano que como galán", dice Rincón. Y otros, como Becassino, creen que no hay consistencia entre el Petro del Congreso, que cautiva por su contundencia, y el candidato conciliador. "Perdió la identidad", dice. Además, su pasado insurgente, que en otro momento pudo darle una aureola de altruismo, ahora juega en su contra. Todos le reconocen su gran capacidad retórica. Es un candidato que se crece en los debates, frente a los contrincantes, y que escucha a la gente. Rafael Pardo es quizás el más parco de los candidatos. "Las emociones no son sus aliadas", dice Jorge Bonilla. No obstante, transmite serenidad, seriedad, seguridad, además, señalan los analistas, se nota un cambio en su actitud, ahora es más abierto y sonriente. Pardo es considerado un candidato que no tiene grandes defectos ni virtudes arrasadoras. Es joven al tiempo que experimentado y aunque no tiene retórica fuerte, puede comunicar sus ideas con claridad. "Es un excelente candidato para un partido", dice Ómar Rincón. En todo caso su campaña despegó y ya supera en las encuestas a Santos, Petro, Arias y Vargas Lleras.

Uno de los candidatos a quienes les favorece su imagen es Germán Vargas Lleras. "Su voz y su porte le dan imponencia", dice Tello. Así mismo, el hecho de llevar en su cuerpo las huellas de un atentado lo encarnan como la víctima que no arredra, como Uribe. Sin embargo, su retórica y su capacidad de comunicación lo muestran como político tradicional. "Se siente como un hombre del pasado", dice Becassino.

Muchos piensan que Noemí Sanín ha tenido uno de los mayores carismas del país. Tiene un rostro bonito, que refleja equilibrio y hasta ternura. Pero "no transmite seguridad", dice Tello. A la gran potencia de su imagen y su actitud se le oponen la debilidad de su retórica y la leyenda que se ha tejido a su alrededor que la hace ver como inestable en sus convicciones. Aún así, en la más reciente encuesta supera a todos sus rivales, excepto a Fajardo.

Andrés Felipe Arias tampoco resultó muy bien en carisma. "No es armonioso, su rostro de niño no coincide ni con su discurso ni con su actitud", dice Tello. El hecho de intentar parecerse a Uribe tampoco lo favorece. "Es una parodia", dice Ómar Rincón. Para muchos se ve demasiado provinciano, algo que Arias ha explotado a su favor, por ejemplo, cuando cada mañana se levanta a hablar por las emisoras regionales. Pero el carisma no siempre es universal, y hay personas que le llegan a unos públicos y no a otros.

El carisma no depende sólo de los candidatos. Las sociedades tienen estados de ánimo que hacen que un político logre sintonizarse con ellas más que otros. Está por verse cómo será el clima político en las próximas semanas, cuando todos los aspirantes tendrán que salir a conquistar electores.
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