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| 12/25/1995 12:00:00 AM

¿DONDE ESTA EL PILOTO?

La luna de miel del ministro de Defensa, Juan Carlos Esguerra, parece haber llegado a su fin. Reversa a algunas decisiones sobre cambios en la cúpula militar.

NO DEJAN DE TENER RAzón quienes afirman que lo que ocurre actualmente en las Fuerzas Militares no se presentaba hace más de tres décadas. Y la semana que acaba de terminar consolidó una hipótesis elaborada por los expertos en el sentido de que desde hace cerca de cuatro meses en el interior del cerrado mundo castrense están pasando cosas que muy pocos entienden.
Inicialmente, dos generales, conocidos por su acatamiento a los dictados de sus superiores, criticaron la forma como fueron separados de las filas del Ejército y por primera vez en muchos años se refirieron a las "razones personales mas no profesionales" que tuvo el alto mando para marginarlos del estamento militar. Por eso, el ministro de Defensa, Juan Carlos Esguerra, y el comandante de las Fuerzas Militares,general Camilo Zúñiga, se vieron forzados a salirles al paso a las aseveraciones de los generales Marino Gutiérrez y Carlos Leongómez, jefes militares en los Llanos Orientales.
Pero el asunto no quedó ahí. En forma privada y con la condición de que no se les identifique, numerosos oficiales le dijeron a SEMANA que esta disputa lo que deja al descubierto es que posiblemente en el último remezón en las FF.AA. se le dio demasiado poder al general Zúñiga y de allí el descontento con algunas de las decisiones anunciadas .
Eso no es, sin embargo, lo más grave. Lo que sí importa realmente es que por cuenta de esa confusión este año han empezado a ocurrir cosas que no dejan de ser, por lo menos, sorprendentes. Según estableció SEMANA en fuentes de entero crédito, ha empezado a surtir efecto el pataleo de algunos oficiales que fueron marginados de la línea de mando sin explicación alguna. Hasta ahora, el país estaba acostumbrado a que el gobierno anunciara públicamente los cambios y ellos se respetaran en su integridad. Sin embargo, ahora, por lo menos en lo que se conoce, no es así.
Las fuentes de esta revista revelaron que acaba de resucitar el almirante Roberto Serrano Avila, quien hace una semana había quedado por fuera del servicio activo. El oficial de la Armada ocupaba el cargo de segundo comandante de esa arma y ahora, en una decisión que nadie ha explicado, pasa a ser el inspector de las FF.MM. Es muy posible que esta semana ocurran cambios similares en el seno del Ejército.
Otro episodio que colocó al Ejército en el ojo del huracán fue el relacionado con el choque armado entre dos patrullas que le costó la vida a tres soldados, por cuenta de órdenes mal dadas. En este episodio aparece nuevamente involucrado el general Zúñiga, quien quiso ayudar a un familiar suyo porque al parecer estaba asediado por la guerrilla. El comandante de las FF.MM. ordenó que los soldados acantonados en Medina (Cundinamarca) se desplazaran a la finca de su pariente, con tan mala suerte que se enfrentaron entre ellos mismos.
A lo ocurrido la semana pasada se suma la sensación de incertidumbre que hoy es palpable en los pasillos del Ministerio de Defensa. "Uno no sabe qué pasa, pero es evidente que el ambiente está muy pesado", le dijo a SEMANA un oficial del comando de las FF.MM.

¿QUE ESTA PASANDO?
Este cúmulo de problemas, sin precedentes en la historia reciente del Ministerio de Defensa, ha llevado a algunos a preguntarse qué responsabilidad tiene en la situación actual el ministro Esguerra. Este connotado jurista, que estuvo a punto de ser fiscal general, llegó al gabinete en uno de los momentos más críticos de la administración Samper, pocos días después de la renuncia a ese cargo de Fernando Botero Zea y pocos días antes de que la Fiscalía ordenara su detención.
En esos,momentos su aceptación del cargo sorprendió a muchos y hubo un cierto consenso en el sentido de que el primer mandatario no solo había conseguido a un buen reemplazo para Botero, sino que había localizado al mejor posible.
En las primeras de cambio, Esguerra confirmó las expectativas. En sus comparecencias ante la prensa, lo mismo que en las reuniones internas del gobierno, dio la impresión de exponer siempre conceptos acertados y oportunos. Muchos, comenzando por el propio Presidente estaban descrestados por él.
Pero la luna de miel de Esguerra parece haber terminado. Lo grave no es que el Ministro de Defensa se vea obligado a enfrentar varios problemas a la vez, pues al fin y al cabo este es el pan de cada día en cualquier dependencia gubernamental, especialmente en la cartera de Defensa. Lo que resulta crítico es ver que los problemas parecen estar saliéndose de madre. Sobre todo porque conflictos que tradicionalmente se manejaban a puerta cerrada en el Ministerio, ahora se están ventilando de manera pública.
La frase "la ropa sucia se lava en casa", que Esguerra ha repetido una y otra vez, parece estar siendo muy poco acatada por muchos generales de la República. Con ocasión de los recientes cambios en la cúpula no solo se deslenguaron algunos oficiales salientes, sino más de uno de los que seguirán activos.
Fue tanto el ruido que causó el remezón de este año en las Fuerzas Militares, que en la opinión hay serias dudas sobre si fueron los correctos. La verdad es que Esguerra, que hubiera podido dar un golpe de mano y retirar a buena parte de los generales de la cima de la pirámide prefirió, de acuerdo con el presidente Samper, no hacer mayores movimientos.
Esto tuvo dos efectos negativos para el Ministro, primero, que las diferencias entre dos generales de la más alta graduación quedaron vivitas y coleando; y el segundo, que como ninguno de los generales que hoy está en lo alto de la cúpula le debe su llegada allí al Ministro, el grado de subordinación al titular de la cartera de Defensa no es el más deseable.
Hacerse a una cúpula propia y renovada es algo que los antecesores de Esguerra, tanto civiles como militares, solían hacer a la primera oportunidad. En cuanto a los civiles, tanto Rafael Pardo en 1992 como Fernando Botero en 1994, aseguraron su control de las riendas tras un buen revolcón en la línea de mando y a partir de ahí se impusieron sobre la oficialidad, hasta que se retiraron del Ministerio.
Esguerra no quiso -o no pudo hacer lo mismo- y sin duda está pagando las consecuencias.
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