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| 9/10/1990 12:00:00 AM

DONDE MANDA CAPITAN...

En su posesión, Gaviria planteó soluciones y dejó en claro que el Comandante en Jefe es él.

"Aquí mando yo". Ese fue, sin duda alguna, el tono del discurso de posesión del presidente César Gaviria. Y después cuatro años en los que, además de la violencia, lo que más se sintió fue la ausencia de liderazgo, la sensación que dejó Gaviria de que el que tenía la sartén por el mango era él, fue lo que más gustó. "Tenemos Presidente" era la impresión generalizada.

Y como para que no quedara duda, cuando se refirió a la lucha contra el narcoterrorismo dijo: "la conducción de esta lucha es indelegable, el Presidente de la Republica liderara las acciones de las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y el DAS, para doblegar a los terroristas y poner fin a los actos de barbarie. La tarea de robustecer nuestros servicios de inteligencia, de crear verdaderas instancias de conducción en este campo, es inaplazable y se realizará bajo mi orientación personal". Fue un claro mensaje a las Fuerzas Armadas en el sentido de que iban a tener realmente un Comandante en Jefe. No más ruedas sueltas, no más peleitas internas, no mas celos interinstitucionales, no más fricciones y, en resumen, un manejo centralizado del problema para evitar errores y desaciertos, desinformación, acciones encontradas o duplicación de funciones.

Otro asunto en el cual demostró que él era el Comandante y que no había apelación posible, fue en el del nombramiento de Antonio Navarro Wolf en el ministerio de Salud. Saliéndole al paso a las críticas y adelantándose a posibles polémicas, justificó su decisión acogiéndose a los resultados de las elecciones presidenciales. Y no sólo eso. Con la medida ratificó su promesa mil veces repetida de que no sólo cumpliría el mandato constitucional de dar participación en su gobierno al segundo partido en votos, sino a otras fuerzas políticas. Su intención, tambien varias veces expresada, no era la de regresar a un Frente Nacional, después del fracaso del sistema gobieno-oposición, sino darle una nueva cara a su administración: pluripartidista pero no de coalición, con cabida para la crítica y no de responsabilidad compartida con las fuerzas políticas a las que pertenecen los ministros nombrados. No cabe duda, pues, que Gaviria sabe muy bien que en Colombia el régimen es presidencialista, y que en Colombia, hasta el 7 de agosto de 1994, el Presidente es él y sólo a él le cabe la responsabilidad de la dirección del Estado.

Y si el tono gustó, también gustó el contenido, a pesar de que algunos, un poco más avisados que el común de los mortales, criticaron el hecho de que el Presidente no hubiera hecho mención alguna de la niñez salvo la cariñosa alusión a la ruidosa solidaridad de sus dos hijos, a programas de inversión social o a políticas para sectores tan importantes como el de la agricultura y la cultura.

El discurso del Primer Mandatario, a pesar de su extensión, se concentró en los tres puntos fundamentales que constituyen la estrategia de lo que será su administración: la paz, la modernización de las instituciones y la internacionalización de la economía. Sobre estos aspectos hiló sus propuestas y lo que podría considerarse su programa de gobiemo. No agotó los temas, ni hizo un inventario de todo lo que pretende hacer durante su gestión y, tal vez acogiendo la opinión extendida de que éste es un país sobrediagnosticado, Gaviria no hizo diagnósticos, sino que planteó y ofreció soluciones.

Fue el remate de los que se consideran sus tres discursos clave: el del Foro Ideológico, el de la Convención y el de la posesión. En el Foro Ideológico del Partido Liberal se fue lanza el ristre contra lo que se pretendia presentar como el programa del partido y lo desbarató al afirmar que ese no era más que un "directorio telefónico de problemas". En esa ocasión criticó, pero no hizo propuestas. Luego, en la Convención, trazó un programa en el cual estableció prioridades, pero sin dar soluciones. Apeló más a las preguntas que a las respuestas. Por eso mismo se considera que la trilogía se cerró el martes pasado, día de su posesión como Presidente de la República, cuando dio el siguiente paso, el de las soluciones.

Y en cuanto a ellas, no hubo mayores sorpresas. Gaviria ha sido repetitivo en los planteamientos claves de su estrategia de gobierno, y ha optado por una línea totalmente distinta a la del gobierno anterior: explicar, orientar, no dejar cosas al azar para evitar ambigüedades y equívocos tan peligrosos como los que se presentaron en los narcodiálogos de la administración Barco. Gaviria no quiere exégetas, porque no quiere ser interpretado. Y en este sentido podría decirse que sigue una línea trazada por el mismo Luis Carlos Galán, la de la pedagogía. Esto quedó especialmente claro cuando se refirió a la Asamblea Constituyente y dijo que "el Presidente de la República liderará un proceso de pedagogía sobre la reforma a emprenderse".

POLITICA DE PAZ
En términos generales, puede decirse que la política de paz planteada por Gaviria en su discurso de posesión delineó cuatro frentes: guerrilla, narcoterrorismo, autodefensas y paramilitares. Y fue claro y contundente en lo que será la acción del gobiemo frente a cada uno: diálogo como concesión de la sociedad civil para los grupos de alzados en armas cuyo objetivo sea la desmovilización y el desarme, lo cual significa continuar las líneas trazadas por el gobierno anterior; justicia ordinaria para las autodefensas, y guerra a muerte al narcoterrorismo y a los grupos paramilitares, grupos que ofreció desmantelar. No en vano, como ministro de Gobierno, Gaviria fue uno de los primeros colombianos en denunciar la existencia de esos grupos que, financiados por el narcotráfico, se han convertido en poderosas organizaciones criminales.

Nuevamente, y siguiendo con la diferenciación que había hecho durante la campaña entre narcoterrorismo y narcotráfico, señaló al primero como un fenómeno colombiano al que hará frente sin concesiones, y destacó al segundo como un fenómeno internacional que requiere de la acción conjunta de los países afectados. Pero fue en la forma como abordará internamente este problema, donde Gaviria hizo un pronunciamiento de serias implicaciones, que constituye un cambio significativo con respecto a la estrategia del gobierno anterior. En primer lugar, declaró que debe dársele un tratamiento policivo y judicial al narcotráfico, en contraposición al tratamiento casi que exclusivamente militar que la administración Barco le dió al problema. En segundo lugar, y nuevamente recogiendo algo que ya había mencionado en su campaña, aunque entonces menos explícitamente, anunció el establecimiento de una jurisdicción permanente que contempla procedimientos especiales e instrumentos novedosos y modernos para enfrentar al narcotráfico, y una vez más se refirió a la extradición como una herramienta más y no como el único y principal mecanismo de la lucha. Y agregó algo que ha dejado pensando a más de uno: "Se trata de una herramienta de uso discrecional por parte del Ejecutivo." El quid de este punto es que la discrecionalidad es posible, según lo expresado por el mismo Presidente en su discurso, en la medida en que la situación de orden público lo permita y en que haya justicia. Es decir, si se acaban las bombas y los asesinatos de policías y las acciones terroristas en general, y si hay un aparato de justicia que permita que ésta efectivamente se cumpla. Y es aquí donde radica el problema, el principal problema. Porque como están las cosas, lajusticia es una de las instituciones más vulneradas y vulnerables de Colombia y su reforma y fortalecimiento es, hoy por hoy, apenas un proyecto y el mejor de los propósitos del nuevo gobierno. Para muchos, pues, la extradición, por ahora, seguirá aplicándose y así lo confirmó la semana pasada el ministro de Justicia en sus primeras declaraciones.

Y no fue ajeno Gaviria a otro de los legados del pasado gobierno, que tuvo como uno de sus propósitos la internacinalización del problema de la droga. El nuevo Presidente fustigó a los países industrializados y les pidió menos retórica y más acciones efectivas no sólo contra el consumo, sino para la puesta en práctica de más severos controles al lavado de dólares, la venta de insumos químicos y armas, y las redes de distribución, haciendo énfasis en que la más alta cuota de sacrificio en esta guerra la han puesto los colombianos. De ahí que hubiera aprovechado la presencia de las delegaciones internacionales, para sugerir la creación de una jurisdicción penal internacional para el tratamiento del narcotráfico y los delitos conexos.

Otro de los puntos en donde más puso énfasis el Presidente fue en el de la modernización de las instilucioncs, objetivo que será posible en la medida en que salga adelante la Asamblea Constitucional, y no desaprovechó la oportunidad para dar certeras puntadas sobre algunos de los aspectos que considera que debe tener en cuenta la Asamblea: reforma del Congreso, de la justicia, del Estado de Sitio; fortalecimiento de los organismos de control, mecanismos de participación y de reforma, derechos humanos, estatuto de los partidos y de la oposición...

Todas estas propuestas fueron ubicadas dentro del marco de la ideología liberal que, en palabras del mismo Gaviria, han encarnado figuras como López Pumarejo, Gaitán, Echandía, el MRL y Luis Carlos Galán y a la cual el Presidente dijo también pertenecer. Una tendencia que se fundamenta en el libre examen y en el disentimiento.

POLITICA ECONOMICA
Una importante parte de su discurso la dedicó a la economía y allí, para muchos, se reveló más estatista de lo que se suponía. Contrariamente a lo que muchos esperaban, Gaviria no se pronunció sobre el tamaño del Estado, sino sobre su eficacia y afirmó que en países como Colombia, con vastos sectores en la indigencia, se hace necesaria la presencia del Estado para la prestación de servicios públicos esenciales en educación, salud, seguridad social, vivienda, recreación y cultura. "Nuestra tarea afirmó tiene que estar encaminada a promover formas más eficaces de intervención estatal." Por esto mismo, en el tema de la privatización se mostró más bien cauto y señaló que ésta tiene importancia sólo en algunos sectores como el de los puertos, los ferrocarriles, el sector financiero, las telecomunicaciones y en algunas empresas industriales y comerciales del Estado.

En cuanto a lo que llamó la modernización de la economía, anunció una reforma que haga más flexible el régimen laboral y anunció la remoción de algunas barreras que se han convertido en obstáculo para la actividad productiva y la generación de empleo: retroactividad de la porción retirada de las cesantías y atenuar los efectos de la llamada pensión-sanción. Para contrarrestar el evidente malestar que estos temas despiertan en los trabajadores, ofreció seguro de empleo, aumento de la licencia de maternidad a los parámetros de la OIT (aplicable a la pareja en su conjunto, para que madre y padre se puedan tomar el cuidado del recién nacido) y un sistema de pensiones complementario al del ISS de afiliación voluntaria.

Y no podía faltar el tema de la internacionalización de la economía, cuyos primeras puntadas dio la administración Barco, y que es una de las banderas del actual gobierno. Reiteró la necesidad de modificar los regímenes cambiario y de inversión extranjera, aumentar los estímulos a la inversión Privada y anunció la transformación de Proexpo en Banco de Exportaciones. Exportar es una de las consignas del nuevo gobierno y a lograr esa meta se encaminan algunas de las medidas de privatización y de reforma de algunas de las entidades y mecanismos que tienen que ver con el sector externo: "Exportar más, importar más, producir mas, hacer más rica nuestra economía y así generar mas empleo", dijo el nuevo Presidente, no sin advertir que este proceso será gradual y que tendrá que estar estrechamente relacionado con la política exterior.

En este campo, Gaviria reiteró que Colombia ha ganado autonomía frente a los grandes poderes, que permanecerá en los No-Alineados y que espera de los Estados Unidos unas relaciones amistosas y de cooperación a pesar de la posible existencia de posiciones divergentes. Y con respecto a Venezuela, uno de los puntos neurálgicos de las relaciones internacionales de Colombia, aseguró la continuidad de los acuerdos suscritos con el gobiemo de Carlos Andrés Pérez, con la esperanza de poder resolver las viejas diferencias según los procedimientos acordados por los dos países.

Pero la prioridad dejarán de ser las fronteras y el énfasis estará en las relaciones económicas y comerciales, sin descuidar el aspecto de la integración latinoamericana y de una política continental. Para Gaviria resulta imperativo, con el fin de fortalecer la capacidad de negociación frente al resto del mundo y dentro del marco del diálogo Norte-Sur, la creación de un foro de la región donde se traten los asuntos políticos y económicos conjuntos. En el panorama mundial, la conformación de un mercado único europeo debe verse como una oportunidad para las exportaciones colombianas y no como obstáculo. Colombia debe abrirse al mundo ahora que ya se habla de una economía sin fronteras. Pacificar, modernizar desarrollar a Colombia con miras a integrarse más plenamente al mundo, es la tarea que se ha impuesto el nuevo Presidente de Colombia.

Esos fueron los principales planteamientos. Comienza ahora el camino de las realizaciones. Con un 89% de aceptación entre la opinión pública, según una encuesta del Centro Nacional de Consultoría publicada por El Tiempo al final de la semana, comienza su período el nuevo mandatario. No es de poca monta, pues, la responsabilidad de César Gaviria, y el enorme capital político con el cual inicia su mandato puede ser por paradójico que parezca, su mayor ventaja y al mismo tiempo su más grande desventaja. Son demasiadas las expectativas y descomunales los problemas. En un país donde el cambio de gobiemo abrió tantas esperanzas, las realizaciones posibles en cuatro años pueden, a la postre, resultar escasas para aquellos que pensaban que el nuevo Presidente iba a poder cambiarlo todo.
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