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| 6/29/2003 12:00:00 AM

Doris y Helmut

Crónica de una historia de amor en un país en guerra.

El olor de las flores. Cuando no estaba con su esposa, Doris Gil Santamaría, Helmut Bickenbach la evocaba por la fragancia de las flores. Fueran orquídeas, astromelias, cayenos, campanillas, rosas o alelíes. "Huelen a ella", decía él. Ese vínculo los unió siempre. Desde el 8 de noviembre de 1958, cuando se casaron entre pétalos frescos en una boda que fue el acontecimiento social de la época, hasta el 27 de diciembre de 2002 cuando miembros de las Farc los secuestraron en la soledad del perfumado jardín de su casa campesina.

Precisamente en el momento en que los secuestraron, en el atardecer del último viernes del año anterior, ella estaba contemplando sus flores. Era una combinación de aves del paraíso, planillas y bastones de mando. Su meta era exportarlas.

Uno de los guerrilleros, vestido de campesino, llamó a la puerta y preguntó por ellos. Ella estaba sola pues Helmut se encontraba en una de sus acostumbradas caminatas por los caminos veredales de Nocaima, municipio a una hora y 30 minutos de Bogotá. Cuando él regresó se encontró con los guerrilleros, que ya tenían a su esposa. Todos estaban sin camuflado y le anunciaron a la pareja que se trataba de un secuestro. Aparentemente el día que se los llevaron no opusieron resistencia pues la casa era aislada y no tenía sentido siquiera pedir auxilio.

Se ha llegado a decir que iban únicamente tras Helmut pero Doris no lo quiso dejar solo. Esta historia probablemente nunca se confirmará y puede que se trate más de un mito social que de una realidad. Pero el solo hecho de que circule esta versión es un testimonio del inmenso amor que todos quienes los conocían veían en ellos.

Ese afecto mutuo siempre estuvo vigente. Uno de los últimos actos de sus vidas fue la adquisición de la sencilla vivienda donde los secuestraron. "Cuando la compraron estaban encantados. Decían que era el sitio perfecto porque semejaba un balcón de enamorados", recuerda un familiar de ellos. No les faltaba razón pues desde allí se observan en la distancia, como en los pesebres, casas colgadas en un horizonte con una gama que recorre todos los verdes del trópico.

Como la mayoría de casas de Nocaima, esta fue un viejo trapiche para preparar panela. Lo que para otros era una ruina para ellos era el sitio ideal para pasar el tiempo juntos. Entre ambos quitaron a puro pulso los rastrojos, limpiaron la maleza, sacudieron el polvo y dejaron intacto el trapiche como decoración natural. Entre risas decían: "En realidad esto era lo único que soñábamos con tener". No era una licencia poética sino una verdad de a puño pues carecían de cualquier otro bien material. Para otra pareja de sus pergaminos y próspero pasado haber llegado a esta modesta situación hubiera sido catastrófico. En cambio ellos se mostraban dignos y felices con el argumento de que el nuevo estilo de vida los unía aún más.

Esa unión había comenzado cuando él la conoció, durante una feria ganadera en Buga a mediados de los años 50, y sin muchos rodeos le dijo a sus amigos: "Yo me voy a casar con esa mujer". Había elegido bien pues a pesar de su juventud (Doris sólo tenía 15 años) ya se perfilaba como una de las mujeres más lindas del país.

Además de ser bella ella era una mujer inteligente e hija de una pareja que eran el centro de atención de las páginas sociales del momento: el empresario William Gil Sánchez y Sofía Santamaría.

Por estas circunstancias ellos fueron los anfitriones de la 'Señorita Universo', la peruana Gladyz Zender Urbina, quien visitó Colombia, un país que estaba entusiasmado con el retorno a la vida civil después de la breve dictadura militar encabezada por el general Gustavo Rojas. Doris Gil fue hasta el aeropuerto de Medellín a recibir a la reina. Pero ocurrió que al ver a la adolescente paisa la multitud empezó a corear su nombre porque decían que era más bella que la beldad peruana. "Doris está destinada a ser la reina de Colombia o del universo", dijo como una premonición Gladyz Zender. El rumor corrió de boca en boca. Hasta que la presión popular fue tal que en una noche, en un atiborrado Teatro Junín, terminaron eligiéndola como Señorita Antioquia.

Doris viajó a Cartagena con sentimientos encontrados pues ya para entonces era novia de Helmut y él quería más una esposa que una reina. "El día de la coronación ella se fue a pasear con él en moto. Cuando llegó tenía las piernas engrasadas, tuvimos que limpiarla", recuerda la reina Luz Marina Zuluaga. Esa noche las candidatas estaban muy nerviosas pues era la primera vez que desfilaban en traje de baño y la Iglesia había amenazado con excomulgarlas. Doris Gil ganó. Sin embargo, por Helmut, le cedió la corona a Luz Marina, quien por estas circunstancias terminó representando a Colombia en el concurso de Miss Universo. El resto es historia.

La pareja se casó el 8 de noviembre de 1958 en un acto multitudinario. "Era el primer matrimonio de noche y en la catedral, para el que asistieron 500 personas, entre ellas los ex presidentes Alfonso López y Alberto Lleras", reseñó la revista Jet Set en un especial sobre las grandes bodas que han marcado al país.

Por la misma época en que 'Manuel Marulanda Vélez', 'Tirofijo,' organizaba en armas a un grupo de campesinos para defender sus derechos en las regiones de Marquetalia, El Pato y Guayabero, Helmut también concentraba su energía en el campo. "Hay que fijarnos en el campo. En el campo está la solución a los problemas del país", solía decir a sus amigos. En ese momento ambos hombres, desde orillas absolutamente opuestas, creían en lo mismo: mejorar la vida de los campesinos. El uno, a través de una reforma agraria conseguida a bala. El otro, a través de la tecnificación, la construcción de riesgos y la industrialización de las parcelas.

De esta manera Helmut Bickenbach llegó a las juntas directivas de Analac, Asocolflores, Proban, Fedepalma, entre otras. "Era uno de los hombres más dinámicos, emprendedores y conocedores del sector agrario en Colombia", dice Felipe Laserna, quien trabajó a su lado durante años.

Con el paso de los años este bogotano rubio se convirtió en uno de los hombres más respetados del sector agropecuario. Sin embargo quienes lo conocieron dicen que nunca perdió su sencillez. "Era muy humilde. De lo único que se vanagloriaba en público era el de haberse casado con Doris", dice un amigo de ellos.

Tenía una energía descomunal para trabajar. "En eso sí era muy alemán", dice otro amigo de la familia. Por eso, cuando el presidente Virgilio Barco Vargas le ofreció la dirección del entonces Idema él no vaciló a pesar de que ya superaba su medio siglo de vida y muchos le aconsejaron que siguiera tranquilo manejando y disfrutando el capital que había construido.

Hizo a un lado sus negocios particulares y empezó a tomar decisiones para ayudar a los campesinos. La primera fue la de crear el programa de 'lanchas tienda' para poder llevar alimentos básicos a los campesinos de los lugares más apartados a través de los ríos y quebradas. La primera lancha tienda que se construyó en el astillero naval de Cartagena fue bautizada con el nombre 'Doris Gil', por votación abrumadora de los trabajadores del Instituto que homenajeaban así la belleza intacta de la reina.

Con varias 'lanchas tiendas' empezó a navegar por regiones abandonadas y donde para entonces ya las Farc se movían como pez en el agua. Los ríos Atrato, Guayabero, Caguán, Putumayo y Patía fueron escenario de estas embarcaciones que iban y venían por sus aguas para adquirir directamente las cosechas de los campesinos, evitando que sus ganancias terminaran en las arcas de los intermediarios.

Entre las Farc hubo una orden de respeto absoluto hacia este programa. La prueba es que jamás fue asaltada una lancha a pesar de que eran un apetecido botín pues llevaban dinero y comida. "Nunca nos tocaron. Incluso nosotros en ocasiones sentíamos que los guerrilleros nos vigilaban, que nos escoltaban desde las montañas", dice un ex empleado que trabajó en el programa.

Durante cuatro años Helmut Bickenbach volcó todas sus energías al frente del Idema descuidando sus negocios particulares. En el año 90, cuando ya iba a cumplir 60 años de vida, volvió para ponerse al frente de sus empresas. Su regreso coincidió con la crisis económica que llevó a la quiebra a muchos agricultores. El fue uno de ellos. Durante un tiempo estuvieron capoteando el vendaval y buscando nuevas opciones. "Vamos a sembrar fresas", le dijo a Doris. Pidieron dinero prestado porque no tenían liquidez. Pero la situación se puso difícil y el negocio no dio. Fue saliendo poco a poco de los centenares de empleados que llegó a tener para tratar de salvarse. Luego fueron entregando, como dación de pago, uno a uno los inmuebles que tenían hasta que entregaron lo que más querían, la Hacienda Timaná, propiedad familiar desde hacía medio siglo.

"Quedaron en la física calle", dice un amigo de ellos. Eran los tiempos en que Colombia asistió a dos hechos que marcaron el país: se disparó el secuestro, en especial por parte de las Farc, y se inició el éxodo de miles de nacionales hacia el exterior para refugiarse de los embates de la violencia y los avatares de la crisis económica. Sin embargo la pareja mantuvo intacto su amor por el país: "De esta tierra no nos vamos jamás", decía él. Lo único que hizo fue buscar un nuevo terruño mucho más modesto en Nocaima. "Ahora vamos a exportar flores", argumentaron. "Nunca se les vio bajar los brazos a pesar de que él ya tenía casi 70 años y ella 63", recuerda otro amigo.

Entre su íntimo jardín de flores silvestres en Nocaima fue precisamente que los sorprendieron las Farc. Los secuestradores hicieron contacto con la familia, a la que de entrada exigieron tres millones de dólares. "Era un cruce de sensaciones distintas: dolor, impotencia, desamparo", dice un familiar que estuvo al frente de las negociaciones. "Era absurdo porque era la vida de ellos por un dinero que no teníamos". Los guerrilleros le decían a la familia que pagara y le enrostraban las listas de las juntas directivas a las que él perteneció. La familia, para demostrar su realidad económica, pedían a los guerrilleros que visitaran la casa campesina de donde los sacaron para que comprobaran su modestia. "Juega golf", le argumentaban los miembros de las Farc. "Pues él sí pero en el Club Payandé, al lado de otros viejitos", les respondían en el cruce de comunicados a los jefes guerrilleros. Ellos se cruzaban de brazos y decían "la plata, queremos la plata".

Las Farc se mostraban inflexibles. Entonces la familia los invitó a que verificaran todas las cuentas bancarias de los hijos y del resto de cada uno de los familiares para que se convencieran de que carecían de las millonarias cifras que estaban reclamando. Las Farc, por primera vez, cedieron y aceptaron esta propuesta. En eso estaban las cosas cuando sucedió la tragedia.

El lunes de la semana pasada militares de la Fudra (Fuerza de Despliegue Rápido) patrullaban en zona rural de La Palma (Cundinamarca). Uno de los centinelas de las Farc vio a un soldado desde un punto privilegiado. Desde allí les disparó, no sólo para que éstos frenaran la marcha sino también para alertar a sus compañeros por la presencia de la tropa. Los militares iniciaron la persecución entre la maleza. Primero tuvieron que bajar una colina, protegiéndose de posibles nuevos disparos y luego empezar a ascender. Tardaron una hora de camino. Los uniformados encontraron enclavado entre la vegetación un campamento con cuatro cambuches rudimentarios y uno más que hacía las veces de cocina. "Era un terreno de difícil acceso, de espesa vegetación, sin visibilidad de sectores cercanos por su espesura", describió uno de los oficiales que llegó hasta el sitio localizado en el cañón de El Zumbe, de la región la Olla de Tudela, en el municipio de La Palma, Cundinamarca.

En uno de los cambuches estaban los cadáveres. Yacían boca abajo, juntos, entre la soledad de la montaña. A sus 63 años ella, con una camiseta negra de algodón y pantalón de sudadera, había sido asesinada de siete disparos que impactaron los brazos, las piernas, el tórax y el cuello. El, a sus 69 años, también con camiseta oscura y pantalón de sudadera, mostraba cuatro impactos de armas de fuego. "Estaban juntos, muy juntos, casi abrazados", contó uno de los oficiales del Ejército que los encontró el pasado lunes. Por las condiciones del lugar se estableció que estuvieron allí durante cuatro meses.

Después de hacer las pruebas de balística se comprobó que los disparos fueron hechos a dos metros y medio de distancia. Luego se confirmó la identidad: Eran Doris y Helmut.

Cuando llevaron los cadáveres a Medicina Legal para hacer las autopsias, a uno de los médicos forenses le llamó la atención que ella hubiera recibido casi el doble de impactos que él. Cuando la familia fue a recoger los cuerpos, este funcionario dio su interpretación sobre este hecho. Era posible, explicó, que cuando comenzaron a dispararle a Helmut, Doris se hubiera abalanzado sobre él para protegerlo, como el día en que ella no lo quiso dejar solo cuando lo secuestraron. Menos aún lo iba a dejar solo en el instante en que lo mataron.
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