Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/02/24 00:00

DOS CONTRA UNO

El debate televisado entre Galán y Gómez puede demostrar que no siempre en pelea de dos un tercero saca tajada

DOS CONTRA UNO

El candidato del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán, se encontraba en Cartagena cuando recibió en la habitación del hotel una sorpresiva llamada telefónica. Era ni más ni menos que su homólogo conservador Alvaro Gómez, quien había decidido aceptar la propuesta contenida en una carta del joven Senador sobre la posibilidad de llevar a cabo el debate televisado ellos dos, aun si el candidato liberal Virgilio Barco se negaba a intervenir. Antes de decidirse a telefonear a Cartagena, Gómez había visto cómo en el seno de su Estado Mayor se desarrollaba una fuerte controversia sobre la conveniencia del debate en T.V., entre el director de ANIF.
Juan Diego Jaramillo, quien promovía la idea, y casi todos los demás, quienes se oponían. Al final, intervino el gurú de la campaña conservadora, el encuestador Oscar Lombana, quien inclinó la balanza a favor de la participación en el debate.
La respuesta de Galán fue inmediata: sí. Los dos candidatos convinieron entonces el nombramiento de sendas delegaciones que entraran a negociar las condiciones para hacer realidad el match en la pantalla chica.
Los galanistas nombraron a Maruja Pachón, Jorge Valencia Jaramillo y el publicista Carlos Duque. Los conservadores a Juan Diego Jaramillo, Maria Isabel Rueda y Daniel Mazuera, quien luego fue reemplazado por Alberto Casas y la hija del candidato, María Mercedes de McAllister.
La primera cumbre de delegados debía llevarse a cabo en un terreno neutral, pero finalmente los galanistas tuvieron que transarse por las oficinas de ANIF, donde despacha Juan Diego Jaramillo. Luego, tras romperse el hielo de los primeros contactos, las conversaciones continuaron en la oficina de Maruja Pachón. Se efectuaron unas 10 reuniones con un promedio de duración de 4 horas cada una. Como era obvio, los mayores obstáculos se presentaron en la escogencia del moderador y de los periodistas. Sobre el primero, se habló inicialmente de José Fernández Gómez, que obviamente sería el preferido del público, pero su nombre fue descartado, porque ambas campañas consideraron que en el programa Positivamente, el alegre presentador del Noticiero Nacional le había echado una "manito" a Barco. Este punto sólo pudo resolverse a última hora, cuando se llegó al nombre de Bernardo Hoyos, conocido hombre de radio y televisión, e identificado más con la cultura que con la política. En cuanto a los periodistas, debían ser escogidos por consenso y, después de largas discusiones, se logró conformar un par de trilogías: María Elvira Samper, Alvaro H. Caicedo y Juan Gossaín, para el primer programa, y Yamid Amat, Germán Castro y Arturo Abella para el segundo.
Una vez establecida la duración del debate (dos programas de una hora cada uno, separados por siete días), galanistas y alvaristas se dedicaron, cronómetro en mano, a determinar cuál debía ser la duración límite de cada pregunta, de cada respuesta, de cada contrapregunta y de cada contrarrespuesta. El moderador será el encargado de hacer cumplir estas normas. Por otra parte, se estableció un temario para cada programa. El primero, que versará sobre temas económicos y sociales, incluirá debates sobre el desempleo, la bonanza cafetera, el carbón y el petróleo, el sector agrario, el costo de vida y los impuestos. El segundo, dedicado a temas políticos, incluirá los partidos, la reforma al Congreso, el tamaño del Estado, la educación, la justicia y el orden público.
Finalmente, las dos delegaciones creyeron que todo estaba a punto para un encuentro informal de los dos candidatos, que se realizó el lunes de la semana pasada en el Gun Club. La minicumbre debía ser secreta, pero una filtración estuvo a punto de echarla a perder cuando apareció en el lugar un fotógrafo de El Espectador. Sin embargo, en vista de que todo estaba a punto, ambas campañas estuvieron de acuerdo en premiar al reportero con una chiva: el jueves siguiente se llevaría a cabo una rueda de prensa de los dos candidatos para anunciar las condiciones pactadas para el debate televisado.
A la rueda de prensa, que se convocó en el Hotel Hilton, llegaron decenas de periodistas picados por la curiosidad. El evento resultó una innovación casi tan grande como el mismo debate. Nunca antes dos candidatos presidenciales se habían sentado juntos en rueda de prensa para responder en forma espontánea y durante 40 minutos, las inquietudes de los periodistas sobre un tema específico, el debate en T.V. En este abrebocas del enfrentamiento televisado, algunos periodistas creyeron observar el mismo espectáculo que se desarrolla en el momento del pesaje, pocas horas antes de una pelea de boxeo. Otros fueron más lejos y hablaron de un primer round en el cual se habría dado un empate en contenido, con una ventaja de Galán en imagen, que para algunos observadores es un anticipo de lo que podría pasar en televisión.
Pero la gran duda que se plantean ahora los observadores, es en qué medida puede perjudicar este debate al tercero en discordia, Virgilio Barco.
De hecho, el candidato liberal fue objeto de más de una referencia burlona durante la rueda de prensa del jueves en el Hilton. "Yo creo que si él (Barco no asiste al debate, es porque cree que perdería votos haciéndolo", respondió Galán en un momento dado.
En realidad, el ya famoso debate se montó en buena parte para "tirarse a Barco", poniendo en evidencia su permanente reticencia ante cualquier posibilidad de enfrentar a sus contendientes en público.
Gómez y Galán consideran que un debate entre ellos con Barco ausente pase lo que pase, los beneficia. Galán espera quedar automáticamente frente al televidente, como el contendor del candidato conservador, lo cual legitimiza aún más su disidencia. Gómez, por su parte, se encuentra ante un "cara gano yo, sello pierdes tú".
Si sale triunfante ante Galán en la T.V., quedará como un estadista experimentado que derrotó a un rival carismático y de peso. Si Galán lo derrota en el debate, el que quedará como un estadista triunfante es Galán, quien de este modo le quitará votos, no a Gómez, quien tiene a sus goditos fijos, sino a Barco, quien tiene a sus liberales vacilantes. Las posibilidades de un triunfo de Gómez dependen no tanto de que aumente su votación, que mal que bien es fija, como de que aumente la de Galán a costa de la de Barco. En este sentido, nada más útil que el debate en T.V.
Todo esto hace pensar que independientemente de quien gane en la pantalla chica, de todos modos Barco perderá al no asistir a la contienda.
Pero existen serias dudas sobre si un espectáculo de televisión, por bueno que sea, puede poner a tambalear a la maquinaria liberal, que sigue siendo hoy por hoy la fuerza electoral más poderosa de Colombia. --

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