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| 8/7/2010 12:00:00 AM

'Dream team'

El gabinete y los primeros nombramientos de Juan Manuel Santos tienen la precisión de un trabajo de relojería.

En todos los perfiles que se escribieron de Juan Manuel Santos durante la campaña presidencial se reconocía que sabía rodearse muy bien. Aun así, el manejo que le ha dado a la integración de su equipo de gobierno y la calidad del mismo han logrado impresionar incluso a sus detractores. La selección de los funcionarios y la forma espaciada como iban siendo anunciados fueron una filigrana elaborada con milimetría y delicadeza.

El recorrido y los cargos que había desempeñado Santos le permitían tener un conocimiento de los talentos colombianos como pocos. Su paso por la Federación lo acercó al país cafetero. Como ministro de Comercio Exterior trabajó con los empresarios y la clase exportadora; en el Ministerio de Hacienda, con la tecnocracia, la clase política y los dirigentes regionales que dependen directamente de esa cartera. Y en el de Defensa conoció por dentro el estamento militar. Con esa hoja de vida tenía una amplia gama de dónde escoger.

El principal criterio con el que los nombró fue la idoneidad, a veces aplicado a personas no allegadas a él y, en otras ocasiones, a su gente. En el caso de María Ángela Holguín, por ejemplo, no tenían ninguna relación personal ni política. Pero su experiencia en la Cancillería, como representante en la CAF y embajadora en Venezuela y en la ONU, llenaba todos los requisitos del momento, particularmente en relación con las tensiones con Chávez. En otros casos nombró a personas muy capaces y con quienes había tenido grandes divergencias, encontrones o rivalidades políticas, como Germán Vargas y Juan Camilo Restrepo. Es decir, fueron designados no solo por su experiencia sino por estas diferencias, y no por las que tenían con Uribe. Dice mucho del respeto que le tiene Santos a Vargas, quien era asociado con la mano dura del Ministerio de Defensa, el encomendarle la responsabilidad de sacar adelante las necesarias reformas en el Congreso y restablecer la paz con las altas cortes.

Inevitablemente también había deudas políticas de pago obligatorio. Y esa lista estaba encabezada por Carlos Rodado Noriega y Rodrigo Rivera, quienes desertaron de sus respectivos partidos tradicionales para sonsacar de cada uno de ellos a congresistas y militantes para la causa santista. Ninguno de los dos tuvo el cargo que más quería: Ministerio del Interior. Pero los dos quedaron bien colocados. Rodado en el de Minas y Energía, que es el ministerio clave para la década que empieza y para el cual tiene la experiencia de haber sido ya ministro de esa cartera y presidente de Ecopetrol. Y Rivera quedó en Defensa que, aunque no era lo de él, ha sido recientemente el cargo de mayor proyección para las aspiraciones presidenciales, como lo demostró Santos.

Si bien a la opinión pública le hubiera parecido más lógico ver a Rodrigo Rivera manejando la política, Santos, quien no era nada cercano a él, quedó muy impresionado durante la campaña por su inteligencia, dedicación y eficiencia.

La mayoría de los técnicos económicos tienen la particularidad de ser inobjetables y de su cosecha. En otras palabras, son PhD santistas. La lista es larga e incluye a Juan Carlos Echeverri en Hacienda y Mauricio Santamaría en Protección Social. Hernando José Gómez, director del Departamento Nacional de Planeación, es considerado del mismo nivel, pero más independiente.

En posiciones claves quedaron personas de lo que se podría denominar el primer anillo de Juan Manuel Santos. Juan Carlos Pinzón, quien había trabajado con el Presidente en los ministerios de Hacienda y Defensa, será el hombre clave en Palacio como su secretario general. Juan Carlos Mira, quien lo acompañó en el Ministerio de Defensa como secretario privado, asumió el mismo cargo en la Casa de Nariño. En ese primer anillo están también Gabriel Silva y Germán Cardona, quienes acabaron ocupando puestos estratégicos como la embajada en Washington y el Ministerio de Transporte. Un ingreso reciente a este selecto grupo es el samario Sergio Diazgranados, cuyo nombramiento como ministro de Comercio ha sido bien recibido. Igual acogida ha tenido el nombre de Beatriz Uribe en Vivienda, que ha sido interpretado por algunos como una compensación a Andrés Felipe Arias por no incluirlo en el gabinete. También fue destacada la designación de Mariana Garcés en el Ministerio de Cultura. De María Fernanda Campo, el consenso es que es una gerente excepcionalmente competente y responsable, pero sin mayor trayectoria en el área de la educación. Hay viceministras que cuando se creen sus ministerios serán parte del gabinete. Beatriz Londoño tiene amplia trayectoria y es muy respetada en el campo de la salud. Sandra Bessudo, quien es la que más controversia ha generado, es una mujer capaz, efectiva y conocedora como pocas del medio ambiente. El verdadero interrogante es si ella, que es una experta en los tiburones de mar, sabrá defenderse de los tiburones de tierra representados por todos los mineros, petroleros, reforestadores, constructores y políticos que tienen algún interés por encima del medio ambiente.

Con el nombramiento de Diego Molano, un alto directivo de Telefónica España poco conocido en Colombia, en el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Santos mandó un mensaje claro: el futuro tecnológico de las comunicaciones es un tema mucho más importante en un país que los temas de república bananera, como las peleas en la Comisión Nacional de Televisión. Habrá que ver si una estrella en el mundo de las multinacionales sabe frentear un debate en el Congreso.

En el gabinete hay una muy buena representación de mujeres. Regionalmente hay equilibrio: Bogotá, la costa, la zona cafetera, Antioquia y el Valle no se pueden quejar. En cuanto a partidos, el resultado es mixto. El liberalismo oficial, el de Gaviria y Pardo, pasó en blanco. Pero Samper, a título personal, está dichoso. Pastrana es el más feliz pues se siente reencauchado con varios funcionarios de su gobierno metidos en el juego. Cambio Radical tiene a su jefe. Paradójicamente, el partido peor librado de la coalición fue el del presidente Uribe, el de la U, que fue el que llevó a Santos al triunfo. En términos generales, se podría decir que sobre un puntaje de 100 a nivel de expectativas, no es aventurado decir que pocos lo bajan de 90. Ahora habrá que ver si están a la altura de sus cargos.
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