Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/11/25 00:00

Dudas en el aire

El accidente de Aerosucre, unido a otros incidentes, pone en duda la eficiencia de la Aeronáutica para controlar la aviación del país.

Mientras el director de la Aerocivil, Fernando Sanclemente, ha dicho que Aerosucre estaba bajo un estricta vigilancia, algunos expertos dicen que la empresa ha debido ser parada hace tiempo

La serie de accidentes e incidentes que han ocurrido en los últimos días en los aeropuertos y en los cielos del país han puesto a más de uno a pensar si se montan o no a un avión, y a preguntarse si son fruto del destino, el invierno y errores humanos. O de una falta de control de la Aeronáutica Civil.

El accidente de un avión de carga de la empresa Aerosucre, ocurrido el sábado pasado cuando se estrelló minutos antes de aterrizar en Leticia, en el que murieron la tripulación y un pasajero, aumentaron las dudas y los temores. No sólo porque selló trágicamente una seguidilla de malos vuelos, sino porque enfrentó a miembros y ex miembros de la Aerocivil.

El mismo día del accidente, El Espectador había publicado una investigación en la que denunciaba que varios inspectores de la Aerocivil asignados a Aerosucre habían sido amenazados o enredados en pleitos legales por tratar de poner a la empresa en cintura.

Los días 8 y 10 de agosto de 2005 los inspectores de la Aeronáutica encontraron dos aviones de Aerosucre que llevaban más de cuatro toneladas de sobrepeso. Frente a esta amenaza a la seguridad aérea y de posibles daños a terceros, y a los continuos informes de mal mantenimiento, sobrecupos y sobrepesos que se presentaban con su flota, la Secretaría de Seguridad Aérea, en cabeza entonces del capitán Julio Consuegra, tomó la decisión de suspender los despachos de la empresa. Las aeronaves fueron puestas en tierra y a Aerosucre se le prohibió despachar directamente los aviones. Durante 24 días la empresa estuvo detenida. Uno a uno, los aviones empezaron a ser certificados.

Durante ese proceso, los inspectores encontraron que había problemas en los despachos y en los libros de registro de mantenimiento de las aeronaves. El número de horas de vuelo de los aviones o de la tripulación habían sido adulterados. Frente a esta amenaza, ya que muchas piezas de un avión deben ser reparadas o cambiadas cada cierto número de horas de vuelo, llevaron de nuevo a la Aeronáutica a poner en tierra toda la flota de aviones hasta determinar si podía haber componentes averiados.

Frente a los problemas que se estaban presentando por el aumento del valor de la carga en algunas zonas del país y a las presiones alimentadas por los mismos trabajadores de la empresa que se tomaron El Dorado, la Aeronáutica concertó con la empresa, el 30 de septiembre de 2005, que ella misma certificara la aronavegabilidad de sus naves.

Si bien los aviones debían pasar por un proceso de evaluación, que podía tardar como mínimo tres días por avión, misteriosamente al día siguiente, y sin documento, los de Aerosucre aparecieron volando, contrariando las decisiones de la Secretaría de Seguridad Aérea de la Aeronáutica.

Frente a esto, Consuegra decidió retirarse, advirtiendo en una carta de comienzos de octubre los peligros que representaba no realizar el control de calidad y la revisión de los aviones. "Misteriosamente hubo una orden que permitió a la empresa volar sin haber cumplido los requisitos y eso me llevó a renunciar", dijo a SEMANA el capitán Consuegra.

Según Fernando Sanclemente, director de la Aerocivil, esto no fue cierto, pues el mismo Consuegra se opuso a dejar la flota en tierra. "Por el contrario, se acordó un estricto plan, diseñado por el mismo Consuegra, que fue llevado hasta el final. El éxito del plan fue reconocido durante una auditoria que hizo la FAA, máxima autoridad aérea de Estados Unidos a Colombia", dijo Sanclemente.

Los cuatro funcionarios que intervinieron en la puesta en tierra de los aviones fueron denunciados por Aerosucre, por los supuestos delitos de prevaricato y falsedad ideológica. Mientras fueron sometidos a una investigación desmedida por parte de la Fiscalía, estos siguieron advirtiendo, incluso al Fiscal y al Procurador General, sobre la amenaza que representaba Aerosucre para la seguridad aérea del país.

Si bien la Aeronáutica advierte que la empresa fue sometida a un estricto control, que incluso aún continúa, Aerosucre volvió a registrar problemas de sobrepeso este año. El 23 de agosto a un avión 727 se le colapsó el tren de aterrizaje cuando carreteaba por la pista de El Dorado. Debido a los daños, la aeronave fue declarada pérdida total.

Las denuncias de El Espectador del sábado de la semana pasada tuvieron una macabra coincidencia. Esa noche, otro727 se estrelló minutos antes de aterrizar en Leticia. Al parecer, el accidente ocurrió por mal tiempo y por un error cometido por el piloto. Este dejó seis o siete personas muertas, ya que aún no se sabe a ciencia cierta cuántas iban en la aeronave.

Aunque la investigación tardará un año, algunos expertos han dicho que se deben revisar la urgencia del piloto de llegar a Leticia y su decisión de no buscar un aeropuerto alterno, la cantidad de gasolina que llevaba la aeronave y el peso de la carga. Desafortunadamente, la báscula de El Dorado está fuera del servicio hace dos semanas. "Estos casos, en otros países, habrían sido suficientes para poner de nuevo la flota en tierra y hasta quitarle la licencia de operación a Aerosucre", dijo un ex inspector de la empresa.

Frente a todas las dudas y críticas, el director de la Aerocivil, en vez de anunciar severas investigaciones y un aumento de los niveles de seguridad aérea, salió a decir que los aviones, al igual que los carros, a veces fallaban. La diferencia es que un avión puede caer sobre una poblada zona de Bogotá, Medellín Cali, y causar una tragedia mayor. En aviación, lo bueno es malo, porque se opone a lo excelente que debe tener este medio de transporte.

Colombia es un país en el que hay más de 750 aviones, más de 3.000 pilotos y un tráfico importante, especialmente en las grandes ciudades. El problema es que a pesar de los esfuerzos de la Aeronáutica, aún faltan inspectores y recursos para que el país pueda tener una excelente vigilancia y control de los cielos y aeropuertos.

Mientras en la dirección de la Aerocivil haya funcionarios nombrados a dedo por el gobierno, más políticos que técnicos, la seguridad aérea nunca será una prioridad. Es tiempo de darle un nuevo aire técnico a la entidad.

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