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| 5/12/2007 12:00:00 AM

Duro de roer

Paradoja: mientras en Estados Unidos el TLC está más enredado que nunca, el gobierno está empeñado en acelerar su aprobación en Colombia.

La semana próxima el TLC llegará a un debate decisivo. A pesar de que en Washington el camino se ve tortuoso y complicado (ver recuadro), el gobierno Uribe le ha pedido a su bancada que acelere su aprobación, porque quiere llevarlo como carta valiosa en su próximo viaje a Washington. Esta semana el proceso pasa de comisiones segundas a plenaria.

“La palabra no es presionar. Lo que queremos es seguir adelante para mostrar que en Colombia hay un interés claro y puntual en el tema”, asegura el ministro de Comercio Exterior, Luis Guillermo Plata, a SEMANA. Pero para los partidos de oposición, la precipitación no tiene sentido y les sirve a los intereses de Estados Unidos.
“Cómo vamos a aprobar un texto que sabemos que los demócratas van a cambiar,” afirma Jorge Enrique Robledo, vocero del Polo Democrático. Él, en compañía del senador liberal Camilo Sánchez, citó para este martes un debate de control político para protestar por el afán del gobierno. “Lo quieren pasar a pupitrazo”, afirma la senadora liberal Cecilia López.

Los rumores dicen que el apuro del gobierno viene de atrás. Empezó exactamente la semana en que el presidente Uribe viajó al foro de Miami, que coincidió con el escándalo de la para-política en Antioquia. Era apremiante meter el acelerador en el trámite del TLC, pues el desplante de Al Gore era una evidencia clara de que el panorama se oscurecía en Estados Unidos.

Tres días después, el 25 de abril, las comisiones segundas fueron llamadas a votar el proyecto en primer debate. Muchos quedaron sorprendidos por el cambio de ritmo, pues hasta ahora todos habían sido debates de ‘calentamiento’ donde los parlamentarios debatían durante horas y horas con los gremios y los ministros, uno por uno, los capítulos del tratado.

Fue tal la prisa, que el llamado del gobierno cogió fuera de base al senador Robledo. Sus asesores lo llamaron en medio de una entrevista en televisión y le contaron que en las ‘segundas’ ya estaban llamando a quórum decisorio. Cuando llegó al Capitolio, ya estaba aprobado.
El TLC pasó el primer debate con un pupitrazo de la bancada uribista. Varios congresistas, de la derrotada oposición, se quejan del bajo nivel del debate. Después de 19 sesiones, siete ponencias diferentes, audiencias públicas y foros oficiales en Cartagena, Manizales e Ibagué, está claro que todos los congresistas se saben de memoria lo que significa la sigla TLC. Pero, ¿conocen también su contenido? “Pocos leyeron el texto, y prefirieron los resúmenes que les repartió el gobierno de cada tema”, denunció Moreno Piraquive.

El ministro Plata tiene otra opinión. Para él, todas las bancadas aportaron al debate, aunque era obvio que la oposición tenía más que decir. “Uno llama a quejarse cuando a uno no le gusta un producto, no cuando está satisfecho”, añade.

La lectura y la asimilación plena del TLC no son fáciles. Al primer tomo lo llaman ‘la Biblia’, por su tamaño. Ahí están contenidas todas las cartas, en original y traducidas, que intercambiaron el gobierno colombiano y el norteamericano durante la negociación. Y se explica detalladamente cómo se negoció el tratado. El segundo libro es aun más ladrilludo. Tiene consignadas las tablas, donde están desagregados los distintos productos a los que se refiere el tratado: listas infinitas con cientos de tipos de maíz, cárnicos y frutas. Cada uno tiene un número de clasificación, una categoría y algunos datos sobre el arancel que le aplica.

“Es tan complejo, pues es como una ‘forma minerva’ que Estados Unidos llena de según al país con el que negocia”, señala Robledo. El gobierno dice que es así, pues el lenguaje debe ser tan detallado que evite distintas interpretaciones.

A pesar de que el gobierno le entregó una copia de los dos tomos a cada parlamentario, en las oficinas pocas secretarias los encuentran. Los dejaron en el rincón más oscuro del armario. Si tienen suerte, aparecen en medio de gacetas viejas.

Sería conveniente que para el debate en plenaria de esta semana, lo encuentren y alcancen a echarle una leída. Pues, mientras más complicadas se ponen las cosas en Washington, el gobierno más presionará para acelerar su aprobación en Colombia. Es una forma de decirle a la poderosa contraparte del norte que Colombia es seria con los compromisos pactados y firmados.
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