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| 6/16/2015 12:05:00 PM

La declaración del testigo clave del Palacio de Justicia

Este martes se conoció la muerte del cabo Édgar Villamizar, que declaró contra oficiales del Ejército procesados por la desaparición y tortura de 12 personas.

El cabo del Ejército Édgar Villamizar se había convertido en todo un mito. Era el denominado testigo estrella en la investigación que sigue la Fiscalía en el caso de la retoma al Palacio de Justicia en 1985.
 
En esa investigación resultaron comprometidos varios altos oficiales por la desaparición y la tortura de más de 10 personas entre empleados, magistrados y civiles que ese día se encontraban en la toma del Palacio por parte del M-19.
 
Uno de ellos es el coronel Plazas Vega, quien está pendiente de un fallo definitivo en la Corte Suprema de Justicia por su presunta responsabilidad en los hechos. El testigo, que supuestamente lo involucró, murió este martes como lo informó en su perfil de Twitter Thania Vega, esposa del coronel Plazas Vega.
 
La historia de Villamizar fue toda una novela porque después de haber entregado su testimonio a la Fiscalía donde involucró a sus superiores, se retractó y dijo no haber entregado el mismo.
 
La entonces fiscal del caso, Ángela María Buitrago, aseguró que el testimonio de Villamizar apareció cuando la situación jurídica del coronel Plazas Vega ya estaba resuelta y que lo de Villamizar apareció como un elemento más.
 
Por lo menos siete testimonios más, algunos con más peso que otros, hacen parte del material que permitió condenar a Plazas Vega y del proceso contra los otros militares involucrados en el caso.
 
Semana.com reproduce el testimonio de este hombre que desató la polémica de Plazas Vega.
 
 
“‘Indíquenos qué información tiene’, preguntó la Fiscalía. Villamizar respondió:

‘El día 4 de noviembre del año 1985, yo era integrante de un grupo especial de la séptima brigada, denominada CIAES, que significa comando integrado antiextorsión y secuestro. Este grupo estaba integrada por 14 personas, todas suboficiales. El comandante era el mayor Jairo Alzate Avendaño, ya fallecido. El día 5 de noviembre serían aproximadamente las 11 de la mañana cuando nos desplazaron de la séptima brigada a Apiay y nos trajeron vía helicóptero a la Escuela de Caballería, campo de paradas. Ahí fue donde ya nos informaron que se habían tomado el Palacio y de Justicia y que necesitaban apoyo de las diferentes grupos especiales, la más cercana era Melgar y Villavicencio, que nos necesitaban en apoyo. Nos embarcaron en un camión y nos llevaron para el objetivo que era el Palacio de Justicia.

Cabe anotar que nosotros de Villavicencio traíamos armas de dotación que en esa época eran fusiles G3A4, pistolas y subametralladoras, MP5. Dirigiéndose al sitio que era el Palacio de Justicia, al llegar allí ya estaba todo acordonado alrededor del Palacio de Justicia, simplemente nos identificamos quiénes éramos y nos dejaron pasar, entramos por la calle del museo del 20 de julio y tomamos el apoyo de los grupos que estaban allá, no me acuerdo quién estaba coordinando desde allá. Estaba como puesto de mando el Museo del 20 de julio, desde ahí se coordinaba todo. Ya cada uno tomó el dispositivo que le tocaba, e iniciar el apoyo de la gente que estaba combatiendo ahí en el Palacio.

Se podía observar la cantidad de fuego, de disparos, que había desde el exterior hacía el interior del Palacio y viceversa. Ya en ese momento pierde uno la noción del tiempo. Por radio, ese radio era un ANPRC77, nos dan la orden de que toca entrar con toda, no sé quién dio la orden. Cuando se nos agota la munición nosotros regresamos hacia el Museo del 20 de julio a aprovisionarnos de más munición y tomar agua, donde manifiesta el mayor Alzat, que qué asadero de pollos tan hijueputa. Es que el calor y el olor eran impresionantes. Como a las 6 de la tarde nos ordenan retirarnos a descansar y nos alojan en la Escuela de Caballería. Nosotros seguíamos por televisión lo que estaba ocurriendo. Al otro día a las 7 de la mañana nos volvimos a desplazar al Palacio de Justicia. Se podía sentir el calor en todo lo que es el sector de El Ley, el totiar de los vidrios y de botellas, porque estaban tratando de apagar el incendio y no podían.

Alguien le pregunta al coronel Plazas qué hacemos con la gente y es donde manifiesta abiertamente 'cuelguen a esos hijueputas'. Para la Escuela de Caballería se traen un Nissan azul, eso es claro que después estuvo en la PM, con el techo color cremita o beige. Traen una señora con una falda a cuadros, un señor con buso no recuerdo si era blanco o beige, pero no recuerdo si era ese que llaman cuello de tortuga, nos vinimos y los meten ahí , en el primer viaje a las pesebreras .

Eso es en el segundo día no recuerdo la hora. Por estar en los grados más bajitos de los que estaban allá, yo era cabo segundo, me dejan de seguridad cuidando a las dos personas que acaban de llegar allí. Achury, el sargento viceprimero, ya fallecido, me manifiesta que a “esos perros ni agua”. Se van con los que yo había venido y pasadas como las cuatro y media de la tarde cuando regresan otra vez se regresan a la Escuela de Caballería y ya traían otros tres. Creo que otra señora y dos hombres y los metieron a los detenidos, aislados. Se metieron a pesebreras diferentes, cada uno en una. A mí me releva, el cabo Loaiza, yo me vengo a descansar como después de la comida para que yo viniera al casino porque volvía a coger turno a las 12 de la noche, otra vez en seguridad.

Pude oir y pude darme cuenta de la tortura, vejámenes, no sé qué palabra colocar ahí, que estaban efectuándose a las personas que habían traído. Los colgaban de las manos, les daban golpes en el estómago, con cables les ponían electricidad en cualquier parte del cuerpo, tanto a los hombres como a las peladas. Yo me alcanzo a acordar bien, tanto a los hombres como a las peladas. Yo me alcanzo a acordar bien, bien de la que primero se trajo, le rasgaron la blusa y le dejaron los senos a la intemperie.

A uno de los detenidos, Achury le amarró las manos con una cabuya, lo acostó boca arriba, le envolvió una toalla verde sobre la cabeza, creo que el tipo se les iba a volar y lo cogieron y le pusieron una toalla de color verde con letras negras que decía Ejército Nacional y le empezaron a echar agua a la altura de las fosas nasales. Yo creo que habrían transcurrido unos 40 a 50 minutos de estar Achury haciéndole eso a ese señor, a mí me provoca matar a Achury y comenta con Gamboa, "curso, curso se me fue este hijueputa", fue cuando me di cuenta que se había muerto. La persona quedó con la cara como verde, le quedó la cara como morada, como color remolacha y la expresión era de horror (....) Gamboa se va y como a los 20 minutos llega con un plástico negro, y lo envuelven al señor ese, le quitan la toalla y le quitan el plástico, lo envuelven como generalmente se hacía un levantamiento, plástico amarrado en las dos puntas del cuerpo.

Estando observando lo que estaban haciendo Achury y Gamboa se escuchaban gritos de una mujer, porque yo estaba en la punta de las pesebreras y a un lado estaba el cabo Corredor del grupo guías de Casanare y se me acerca Corredor y me dijo: ‘Tenaz’ (...) estando en esas sale Arévalo y manifiesta ‘manito, manito, la cagué’ se le pregunta por qué la cagó y manifiesta: ‘Maté a esa vieja’”.


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