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| 8/29/2015 10:00:00 PM

Jóvenes de ser pilo paga sobresalen en sus universidades

De los 9.473 jóvenes que ingresaron a la universidad a través del programa Ser Pilo Paga, solo 17 se retiraron y la mayoría pasó al segundo semestre con excelentes resultados.

Pese a las dudas que había en torno a si los miles de jóvenes de escasos recursos, que entraron becados a las 33 mejores universidades, serían capaces de aguantar el ritmo académico, la presión social y las dificultades económicas, los pilos le respondieron al país. El balance es tan positivo que hasta sorprendió a la más entusiasta de todas, la ministra de Educación, Gina Parody, y dejó bastante satisfechos a los rectores de las universidades involucradas en un programa que costó en su primer semestre 155.000 millones de pesos.

Las cifras hablan por sí solas. En el programa Ser Pilo Paga fueron aceptados 10.080 jóvenes de Sisben estrato uno y dos, de los cuales 9.473 entraron a universidades y 300 más a las 16 escuelas de formación de las Fuerzas Armadas. El resto, 307, decidieron aplazar su ingreso para el segundo semestre, que apenas comienza.

Hasta el momento, 9.111 jóvenes ya pasaron a segundo semestre, mientras 682 pertenecientes a las universidades de Antioquia e Industrial de Santander no han terminado materias debido a los paros en esas instituciones.

Según cifras del ministerio, solo 17 jóvenes desistieron o abandonaron sus estudios porque tuvieron problemas familiares, económicos, no les gustó el programa o sus padres no aceptaron que vivieran en una ciudad diferente. Esta cifra es muy baja si se tiene en cuenta que el promedio de deserción del primer semestre puede estar alrededor del 10 por ciento. Otros 41 jóvenes cambiaron de universidad y 190 decidieron elegir una carrera diferente a la que habían seleccionado.

Hasta ahora, el más pilo de los pilos es Juan Esteban Taborda, estudiante de Ingeniería Civil en la Universidad Nacional de Medellín, que obtuvo un promedio de 4,9. Vive con su madre y su hermana en el barrio Villa del Socorro e ingresó al programa porque ocupó el puesto 15 en las pruebas del Icfes. A pesar de que su mamá solo gana un salario mínimo, Juan Esteban pudo estudiar en la que considera la mejor universidad del país y ahora sueña con terminar su carrera para ayudar con los gastos de la casa. Ángela está tan orgullosa de su hijo que ahora está validando el bachillerato.

Como Taborda, otros 263 estudiantes, es decir, el 0,3 por ciento de los que hacen parte de Ser Pilo Paga, obtuvieron promedios muy altos, por encima de 4,7, y otro 1,8 por ciento registró calificaciones de entre 4,3 y 4,5. En este selecto grupo, el estudiante más destacado en una universidad privada fue Jorge Esteban Acevedo Higuera, un joven de 17 años de Sogamoso que estudia Ingeniería Electrónica en Los Andes, quien obtuvo un promedio de 4,7. La madre de este joven, que anhela trabajar en la Nasa y comprarle una casa a su familia, es Azucena Higuera, cabeza de hogar que trabaja como promotora de lectura en la Biblioteca Municipal de Sogamoso. Ella tuvo seis hijos, dos de los cuales nacieron con discapacidad cognitiva. El muchacho llegó al programa porque obtuvo 412 sobre 500 puntos en las pruebas del Icfes, uno de los más altos de Colombia y el mejor de Sogamoso.

También es satisfactorio que el 45 por ciento de todos los jóvenes estuvieron en un nivel superior, con calificaciones de entre 3,8 y 4,2; y un 37 por ciento estuvo en un nivel bueno, con un rango de entre 3,5 y 3,7. Solo el 14 por ciento tuvo resultados de entre 3y 3,7. El 2,1 por ciento se rajó. El promedio hasta ahora de los 9.111 estudiantes, faltando los que están en las universidades UIS y Antioquia, es de 3,68.

Por otro lado, los estudiantes de ciencias básicas obtuvieron, con 3,48 en promedio, los resultados más bajos, y los de Medicina los más altos, con 3,83, justo en una de los campos más difíciles y competidos. Por ejemplo, la mitad de los alumnos de esta carrera en la Universidad de los Andes son de Ser Pilo Paga. Uno de los casos que más admiración ha generado es el del cucuteño Abdías Josué Ovallos Saavedra, de 17 años, hijo de padres recicladores de chatarra. De niño, pese a las adversidades, decía que quería ser doctor para ayudarles a los demás. La carrera, dice Josué, ha sido dura y pese al acompañamiento que le dio la universidad perdió matemáticas, lo que hizo que el promedio le quedara en 3,5. Sin embargo, confiesa que no renunciará porque está cumpliendo sus sueños y quiere ayudar a su familia para que tengan una vida más fácil.

Precisamente, uno de los mayores problemas académicos es el bajo nivel en matemáticas y en ciencias básicas de muchos jóvenes. Jesús Ferro Bayona, rector de la Universidad del Norte de Barranquilla (la que más estudiantes recibió, con 1.080), dice que si bien el balance es excelente, pues el 83 por ciento logró niveles normales o superiores, cerca de 200 tuvieron problemas con matemáticas y álgebra, a pesar del continuo acompañamiento que se les dio. Para resolverlo, la universidad abrió un curso remedial gratuito que les permitió llenar los vacíos y seguir adelante con su segundo semestre.

El programa no solo ha sido un reto para el gobierno o los estudiantes sino para las universidades. Para Ferro, acoger un grupo tan grande y variado llevó a la universidad a trabajar en comunidad, con la ayuda de 500 voluntarios, profesores y recursos propios, para acompañarlos en lo que requerían. “Todos hemos aprendido”, dice.

Por su parte, la ministra Parody dijo que el resultado de Ser Pilo Paga 1 es más que satisfactorio y ya hay importantes enseñanzas para mejorar lo que se ha hecho y afinar aún más la nueva convocatoria.

En los próximos días, el presidente, Juan Manuel Santos, anunciará Ser Pilo Paga 2, que beneficiará a otros 10.000 bachilleres de escasos recursos. “Estamos decididos a que las mentes más brillantes de todo Colombia, sin importar si son pobres o ricos, ni su raza ni su departamento, puedan estudiar la carrera que deseen para que, con esfuerzo y disciplina, puedan terminar de forjarse un futuro. La educación es la herramienta más poderosa que puede transformar el país y lograr la paz”, dijo Parody a SEMANA.

Muchos rectores se han reunido con la ministra para sugerirle algunos elementos que deberían ir en la nueva convocatoria. En el caso de las universidades públicas, Ignacio Mantilla, rector de la Universidad Nacional, propuso que para la segunda etapa se le entregue al alma máter el costo real por estudiante y no el valor de la matrícula, que en estos casos puede ser de 70.000 pesos. “Un alumno de escasos recursos le cuesta a la universidad 20 millones al año, y eso es lo que le sugerimos al gobierno que nos gire”.

También los rectores le han sugerido a la ministra repartir los estudiantes en los dos semestres académicos y trabajar de forma conjunta en el bienestar estudiantil de los más pobres. Además, destinar algunas becas a grupos vulnerables, como desplazados y habitantes de fronteras que no tienen acceso a una buena educación, y, por lo tanto, no van tener buenos puntajes en las pruebas Saber. Además, le dijeron a Parody que el programa debería expandirse al estrato tres, ya que este sector sufre la desgracia de no ser ni muy pobre para acceder al programa Ser Pilo, ni lo suficientemente rico como para pagar una universidad privada.

Por ahora, los pronósticos de una altísima deserción, bajos resultados académicos, matoneo o choque social no ocurrieron. Todo eso, puntualizó Parody, “muestra que en las aulas es donde más se debe construir ese país en paz que todos queremos”.
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