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| 8/6/2016 10:00:00 PM

Así fue el revolcón en el Ejército

¿Cómo quedó la transformación interna más importante que ha tenido esa institución desde su nacimiento?

El viernes 5 de agosto, un sobrio evento se desarrolló en un hotel en el norte de Bogotá. En el lugar estaban altos mandos colombianos, así como del Ejército de Estados Unidos y algunos países europeos. También había algunos académicos y analistas nacionales y extranjeros en esa reunión que tendrá un profundo impacto para el país. No era para menos. Ese día se anunció el más profundo y radical cambio del Ejército Nacional en sus más de 200 años de existencia.

Conocido como Plan de Transformación, se trata de la entrada en funcionamiento de una serie de cambios que no solo afectarán a los más de 240.000 integrantes del Ejército, sino que tendrán igualmente repercusiones en la sociedad en general. La cabeza visible de ese cambio ha sido el denominado Comando de Transformación del Ejército del Futuro (Cotef). En el pasado los militares han desarrollado reformas puntales específicas, ligadas a la coyuntura, como por ejemplo el Plan Espada de Honor en 2012, una estrategia bélica contra la guerrilla. Sin embargo, la reforma que está en marcha es mucho más ambiciosa y, sobre todo, tiene una visión de largo plazo, pues implica varias fases que comienzan este año y van hasta 2030.

“La responsabilidad institucional con el país dio origen al Plan de Transformación en 2011, porque las operaciones y la doctrina vigentes, que actualmente permiten cumplir la misión constitucional, no necesariamente serían suficientes y adecuadas para encarar los retos del futuro. Transformar es romper paradigmas, repensar, rediseñar y construir con actitud proactiva, proyectando nuestra institución al futuro. No pueden repetirse situaciones como las presentadas en décadas anteriores, cuando las Farc dieron el salto de guerra de guerrillas a la guerra de movimientos, aprovechando para ejecutar atentados, ataques a bases y terrorismo, mientras el Ejército diseñaba su respuesta”, explicó el general Alberto José Mejía, uno de los arquitectos de este plan y quien le dio el impulso definitivo desde hace un año cuando asumió como comandante de esa fuerza.

“El Plan de Transformación es un ejercicio técnico, desarrollado por miembros de la institución y no tiene injerencia de actores externos o factores políticos. Es un plan militar diseñado y construido por militares para seguir cumpliendo con su deber sagrado de proteger a la nación”, afirma el alto oficial.

Pasado y futuro

La historia de este cambio comenzó hace cinco años, antes incluso de que se anunciaran los diálogos de paz. En 2011, el Ejército conformó el Comité de Revisión Estratégica e Innovación (Crei), que empezó a analizar fortalezas y debilidades propias así como de todos los actores que amenazaban la seguridad interna y externa. Dos años después, en 2013, nació el Comité Estratégico de Diseño del Ejército del Futuro (Cedef), que definió las capacidades requeridas por esa fuerza para enfrentar las amenazas futuras. Y el año pasado se conformó el Grupo Asesor de Transformación del Ejército con un conjunto de oficiales de la reserva activa, con el objetivo de proponer una nueva estructura organizacional.

Con base en análisis estructurales y de múltiples operaciones durante el periodo 1998-2014, estos comités llegaron a una de las conclusiones más importantes al comprobar que la magnitud del crecimiento del Ejército durante esos años implicó dificultades para ejercer el comando, control, conducción operacional y supervisión en el nivel estratégico. Con este diagnóstico, entre otros, el reto era cambiar sin ampliar su planta de personal o sus recursos.

“Comparamos la organización del Comando y Estado Mayor del Ejército de Colombia con estructuras militares de avanzada como la Otan y el Ejército de los Estados Unidos. Como resultado de este proceso, se definió una estructura de comando que, además de la conducción estratégica de la Fuerza, realice sus esfuerzos en el diseño de políticas enfocadas en áreas estratégicas sensibles que irradien en toda la organización y, así mismo, se especializa al Estado Mayor en áreas funcionales, de acuerdo con los estándares internacionales”, explica el general Mejía.

El Cotef, basado en criterios organizativos y funcionales como el del Comando Aliado de Transformación de la Otan, es la punta de lanza de ese cambio y depende directamente del comandante del Ejército. La reforma es compleja y no es fácil de entender para un ciudadano común. Comienza a partir de crear una serie de comandos que harán más transparente y eficaz la labor que desarrollarán los militares en los próximos años.

De ese modo, nacen el Comando de Apoyo Tecnológico del Ejército (Coate), que dirigirá el área de ciencia y tecnología de la institución. La Dirección de Aplicación de Normas de Transparencia del Ejército (Dante), encargada de velar y vigilar que los procesos internos sean transparentes y prevención de corrupción. La Dirección de Relaciones Internacionales del Ejército (Dirie) fomentará la cooperación e integración con ejércitos de países amigos, así como organizaciones e instituciones académicas internacionales; coordinará los programas y proyectos relacionados con operaciones de misiones de paz, ayuda humanitaria a otras naciones, cooperación internacional y la interoperabilidad con otros ejércitos, Naciones Unidas y la Otan. Esta área, por ejemplo, es la encargada del envío de 5.000 militares a misiones en el exterior en los próximos años.

Uno de los cambios más fáciles de percibir para los colombianos será lo que ahora se llama Comando de Ingenieros (Coing). Se trata de miles de soldados que conformarán unidades en todo el país con funciones que van desde conservar el medioambiente y preservar recursos estratégicos no renovables hasta el desminado humanitario, la atención de desastres y actividades de apoyo con batallones de construcción de puentes, vías y acueductos en regiones apartadas del país.

Si bien el proceso de paz implica que las Farc dejarán de ser la principal amenaza a la seguridad, es claro que existen otros factores desestabilizadores como la guerrilla del ELN, las bandas criminales, las organizaciones dedicadas a la minería ilegal o las bandas de narcotraficantes. Controlarlas y atacarlas es parte de la misión que seguirá cumpliendo el Ejército. La nueva Jefatura de Estado Mayor de Operaciones (Jemop) comandará y supervisará las unidades operacionales que deben enfrentarlas. Esto implica que unidades célebres como la Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra), entre otras, no perderán su razón de ser, sino que incluso serán potenciadas por medio de tres grandes estructuras operativas en todo el territorio. Estas serán conocidas como las Fuerzas de Despliegue Territorial, los Comandos de Apoyo de Combate y las Fuerzas de Despliegue Estratégico.

El Comando de Apoyo de Inteligencia Militar (Caimi), el Comando de Apoyo de Contrainteligencia Militar (Caicim) y el Comando de Apoyo Operacional de Comunicaciones y Ciberdefensa (Caocc) también hacen parte de esta reforma. “Esta transformación facilita el proceso de toma de decisiones estratégicas y la interoperabilidad de la Fuerza para operaciones terrestres, conjuntas, combinadas, coordinadas e interagenciales”, afirma Mejía.

Este proceso de transformación, que lleva cinco años, ha ido acompañado de una intensa labor pedagógica en el interior del Ejército. Hoy la gran mayoría de los efectivos tiene claro que no es una consecuencia de los acuerdos de paz, sino que era una necesidad que venía represada desde hace años. Aunque como en todo proceso de modificación hubo momentos de incertidumbre y resistencia, los militares son conscientes de que sin las Farc en un escenario futuro su misión seguirá siendo fundamental. Pero también tienen claro que la estructura con la que funcionaron durante décadas debía cambiar. Y el cambio comenzó.

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