Martes, 17 de enero de 2017

| 1987/09/28 00:00

EL AGOSTO DE JULIO

En cumbre de Caracas, el Canciller colombiano fue la vedette

EL AGOSTO DE JULIO

La semana más caliente del año para las relaciones exteriores de Colombia terminó con la visita que el Canciller Julio Londoño Paredes hizo a Caracas, para asistir a una reunión de los cancilleres de América Latina, cuyo fin era el análisis de la situación centroamericana. Aunque nadie tocó el tema oficialmente, en el subfondo de la conferencia estuvo siempre presente el diferendo colombo-venezolano y Londoño fue la vedette de la reunión.
La visita del Canciller a la capital venezolana estuvo precedida de fuertes críticas tanto de la oposición conservadora como de algunos sectores liberales, para quienes, dadas las circunstancias, resultaba un contrasentido viajar precisamente a la boca del lobo. Sin embargo, el presidente Barco impuso su decisión contra viento y marea, y Londoño se trasladó a Caracas, donde fue declarado persona no grata por los sectores más calenturientos de la opinión venezolana y donde se produjeron manifestaciones que, a pesar de todo, fueron más ruidosas que importantes.
Desde el punto de vista diplomático, la visita del Canciller a Caracas fue calificada por sectores afectos al gobierno como "round" a favor, pues según ellos, se logró sacar al diferendo del ambiente "parroquial" de las conversaciones bilaterales e internacionalizarlo, que era la intención del gobierno colombiano.
En todo caso, la situación que vivió el Canciller en Caracas fue de cierta tensión, en medio de estrictas medidas de seguridad. Al regresar, Londoño Paredes declaró a la prensa que "vio a un país concientizado, a un país exaltado deliberadamente contra su vecino", esa actitud que, además de resultar extremadamente desagradable en lo personal para el Canciller, se volvió, en concepto de muchos periodistas que asistieron al encuentro, en contra de los intereses de Venezuela, pues lograron el efecto secundario de inspirar una natural simpatía hacia la actitud ponderada y amistosa del Canciller colombiano.
Luego del regreso de Londoño a Bogotá, el nivel de las crecidas aguas del diferendo comenzó a bajar en las altas esferas. No sucedió así, sin embargo, en las zonas fronterizas, en especial en Cúcuta y Arauca, donde se registraron de nuevo los desmanes de militares venezolanos contra ciudadanos colombianos. La situación se hizo difícil para los habitantes de esas regiones en donde no sólo es común que la gente tenga familia a uno y otro lado de la línea, sino que su subsistencia diaria depende del intercambio comercial con Venezuela.
El toque folclórico lo puso el Canciller venezolano Simón Alberto Consalvi con las declaraciones que dio frente a la posibilidad de una mediación papal en el asunto. Consalvi, en una actitud que fue calificada de ligera y hasta de irrespetuosa dijo: "Yo creo que su Santidad ya tiene demasiado trabajo para salvar nuestras almas y creo que el Golfo lo tenemos que salvar nosotros". Lo más curioso del caso es que la propuesta vino del ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, quien la mencionó por primera vez hace algún tiempo, con ocasión de una visita suya a España. La propuesta comprendía no sólo la mediación del Papa, sino la del rey de España y el presidente del gobierno de Portugal, y tendría lugar con ocasión de la celebración de los 500 años del descubrimiento de América.
Pero ese no fue el único detalle curioso que rodeo al problema con Venezuela en la última semana, pues hasta las reinas de belleza tuvieron oportunidad para medirse en la arena política. La candidata venezolana al reinado internacional bolivariano que se realizó en Pereira, metió baza al afirmar que "hay que ser inteligente para llegar a un arreglo. Deben dialogar, y si estas conversaciones no prosperan, el caso debe ir a la Corte Internacional de La Haya. Sería la mejor solución". Pero, además, la reina saliente, la también venezolana Raquel Lares, dijo que el problema entre los dos países era pasajero pero que "más bien creo que es un problema de politiqueros". En muchos medios se consideró entonces que si el asunto hubiera estado en mano de las reinas, no hubiera llegado hasta los extremos que se vivieron la semana anterior.

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