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| 9/10/2001 12:00:00 AM

El ajedrez azul

La pelea por la candidatura conservadora le ha puesto picante a una campaña bastante aburrida., 48613

La pelea por quedarse con las banderas del Partido Conservador amenaza con convertirse en uno de los sucesos políticos del año. En efecto, la llegada al país la semana pasada del ex ministro Juan Camilo Restrepo no sólo cambió el orden de las fichas del ajedrez sino que obligó a replantear la estrategia diseñada por Fabio Valencia Cossio, que apuntaba a la escogencia en la convención nacional de Noemí Sanín como la candidata del partido sin que ésta perdiera su rótulo de independiente.

Pero la intempestiva renuncia de Juan Camilo a la embajada en París y su postulación a la candidatura conservadora no sólo produjeron turbulencias en las toldas de Noemí. De alguna forma la decisión del ex ministro afectó a las demás campañas, que empezaban a hacer cuentas con los votos de los conservadores. De hecho, tanto Horacio Serpa como Alvaro Uribe tienen en su filas a connotados líderes del Partido Conservador.



Consulta París-Roma

La manera como el Partido Conservador llegó a la actual situación tiene todos los ingredientes de una verdadera telenovela. Todo empezó hace cinco meses cuando el entonces embajador en París fue tentado con la posibilidad de ser el candidato del partido. Uno de los más cercanos amigos de Restrepo

—el senador Juan Gabriel Uribe, estrecho colaborador del presidente Andrés Pastrana— viajó a París en julio pasado para hacerle el ofrecimiento. Pero Restrepo dudó entre encabezar una lista nacional al Senado o lanzarse de candidato, tema en el cual insistió Uribe.

Mientras tanto desde Bogotá otros senadores, entre ellos Omar Yepes y Francisco Murgueitio, también le insistieron en lo mismo. No obstante Restrepo les hizo saber que prefería mantenerse expectante sobre el desarrollo de los acontecimientos dentro del partido y que por lo pronto tenía la misión de traer al país a unos empresarios franceses interesados en invertir en varios sectores de la economía.

Pero mientras Restrepo escuchaba a sus amigos otro grupo de conservadores realizaban otras consultas, pero no en París sino en Roma. En efecto, para esa misma época el embajador Fabio Valencia Cossio se reunió con los ministros Guillermo Fernández de Soto y Augusto Ramírez Ocampo.

En esa reunión Fernández de Soto —que sonaba como posible candidato del Presidente— le dijo a Valencia que había decidido quedarse en la Cancillería, mientras que éste afirmó que seguiría en su cargo hasta el final del mandato de Pastrana. En ese momento Ramírez Ocampo sintió que tenía el camino abierto para su aspiración y fue así como tomó la decisión de renunciar al Ministerio de Desarrollo para ser el candidato del partido.

Sin embargo al ministro de Desarrollo se le atravesó el entonces Ministro de Defensa, Luis Fernando Ramírez, quien renunció a pocas horas de cumplirse su inhabilidad para lanzarse a una eventual candidatura, que estaba aún por definir y de la cual él todavía no estaba muy seguro.

El asunto, obviamente, incomodó a Ramírez Ocampo, quien consideró que ello podría significar la pérdida del respaldo por parte de la Casa de Nariño. Pero a ello se sumó el hecho de que en la primera correría que hizo Augusto Ramírez por Medellín, en calidad de precandidato, no aparecieron los parlamentarios del grupo Coraje, que sigue las orientaciones de Valencia Cossio.

Al renunciar a su fugaz candidatura Augusto Ramírez aprovechó la ocasión para echarle un par de puyazos a Valencia Cossio. Ramírez dijo que se había sentido solo en su aspiración. A su vez Valencia Cossio viajó a Colombia para decirle al Presidente que la cosa era con Noemí. No tuvo respuesta ni positiva ni negativa. Valencia, sin embargo, decidió adherir a la candidatura de Noemí pensando que en política, “quien pega primero pega dos veces”.

En ese momento ya en las filas azules empezaban a sentirse las deserciones. Una de ellas fue la de Enrique Gómez Hurtado, quien había decidido apoyar a Alvaro Uribe Vélez.

Noemí, entre tanto, aceptó la adhesión de Valencia —a través de Juan Gómez Martínez— pero públicamente expresó varios reparos, sobre todo porque hay un grupo de asesores que consideran que la llegada de Valencia afecta seriamente su propuesta independiente.



Valencia mueve las fichas

La jugada de Valencia estuvo complementada en septiembre con una propuesta en una junta de parlamentarios conservadores para que respaldaran a cualquiera de las candidaturas vigentes en ese momento: Serpa, Noemí y Uribe.

Sin embargo los senadores Ciro Ramírez, Juan Gabriel Uribe, Roberto Gerlein y Omar Yepes, así como el representante Fernando Tamayo, se opusieron. Alegaron que esa situación sólo podría considerarse en caso de que el partido no tuviera candidato. “El conservatismo no puede dejarse llevar por un falso complejo de inferioridad”, dijo uno de los asistentes.

En esa reunión quedó claro que el partido haría su consulta interna, lanzaría candidato propio y sólo en caso de ausencia de ello podría considerarse la posibilidad de una coalición con otras fuerzas.

Entre tanto el presidente del directorio conservador, senador Carlos Holguín Sardi, contrató una encuesta interna para saber si las bases del partido querían un candidato propio o estaban dispuestas a respaldar a otro.

Como era de esperarse, la proposición de la junta de parlamentarios azules disparó las alarmas en las campañas de Uribe y Noemí. Las dos diseñaron estrategias diferentes para endulzarle el oído a los conservadores. Mientras Uribe se reunió con el directorio para buscar su respaldo institucional varios valencistas, que respaldan a Noemí, propusieron redactar una resolución según la cual un grupo de 10 parlamentarios podrían inscribir la candidatura de Noemí sin que ella tuviera que ir a la convención. En otras palabras, ellos proponían la adhesión del partido a esa candidatura.

Pero la encuesta contratada por Holguín arrojó un resultado sorpresivo: el 70 por ciento de los conservadores consultados querían una candidatura de inscripción conservadora.

Para ese momento Luis Fernando Ramírez había optado por el retiro de su aspiración y en la Casa de Nariño empezaba a tomar fuerza el nombre de Juan Camilo. No obstante Juan Hernández, ex secretario general de Palacio, había hecho algunos contactos con gente muy cercana a Noemí.

Sin embargo los puentes tendidos por Hernández se vinieron al suelo con el discurso de Noemí en Cartagena. Para varios altos funcionarios del gobierno Noemí dejó al mismo nivel al gobierno de Ernesto Samper con el de Andrés Pastrana. “No hizo ni siquiera una diferencia moral”, dijo uno de los funcionarios a SEMANA.

A comienzos de noviembre Juan Camilo Restrepo consultó a políticos e industriales acerca de su eventual candidatura y les dio el sí a quienes le insistieron en su lanzamiento. La Casa de Nariño mostró su complacencia con la decisión pues le permite al gobierno tener un partido unido y un candidato único.



¿Que sigue?

Mientras tanto, ¿qué fichas ha movido Valencia Cossio? La semana pasada un grupo de valencistas propusieron ya no postular a Noemí en la convención —entre otras cosas porque con Juan Camilo las posibilidades de triunfo disminuyen— sino que pidieron el aplazamiento de la consulta de enero a marzo, después de las elecciones parlamentarias. La propuesta la hizo el representante Gerardo Cañas.

Pero el directorio, por mayoría absoluta, desechó la propuesta y determinó que la realización de la consulta sería, máximo, el 25 de enero, fórmula que tampoco gusta a la mayoría.

Por su parte, Juan Camilo ha logrado hasta el momento aglutinar un buen sector de la bancada conservadora. Y además cuenta con el guiño de la Casa de Nariño y se convierte en el cuadro más importante del partido. En un coctel en la casa del senador Juan Gabriel Uribe la semana pasada obtuvo la respuesta del 80 por ciento de la bancada.

En dicha reunión se acordó que la candidatura de Restrepo va a ser inscrita en el directorio esta semana —el 6 de diciembre— con la firma de la mayor cantidad posible de parlamentarios conservadores.

Así las cosas, falta por ver el siguiente movimiento de Fabio Valencia Cossio. Si algo tiene el embajador en Roma es que siempre guarda un as bajo la manga. Lo que no se sabe es si esa carta, como ha sucedido en ocasiones anteriores, será la ganadora.
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