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| 3/23/1992 12:00:00 AM

EL ALCALDE MAYOR

40 años depués de haber llegado de Boyacá a Los Laches, Jaime Castro se prepara para despachar en el Palacio Liévano.

TAL VEZ LO UNICO MAS INcómodo para un político que está seguro de que va a perder, es que todo el mundo esté seguro de que va a ganar. Eso es precisamente lo que le está sucediendo a Jaime Castro en este momento. La consulta popular que lo eligió como candidato del Partido Liberal fue para todos los efectos prácticos la elección. El 27 de octubre 500.000 personas votaron en la consulta popular para escoger el candidato liberal y del total el 40 por ciento votó por el precandidato boyacense. Teniendo en cuenta que las listas liberales sumadas en la capital de la República alcanzaron apenas 370.000 votos, esto significa que 130.000 personas de otros partidos ya votaron por alcalde.
La condición de candidato virtualmente electo tiene como consecuencia una relativa ausencia de entusiasmo en la elección. Nadie va a una película cuando ya sabe el final. El ingreso de Juan Diego Jaramillo a la contienda, ameniza un poco la temporada electoral, rompe con la monotonía, pero no cambia para nada el resultado. Los candidatos de la AD-M -19, de la UP y de los demás grupos minoritarios, son prácticamente irrelevantes en esta ocasión. La división del eme entre Gerardo Ardila, el candidato oficial y Carlos Alonso Lucio, el candidato disidente, constituye un hara-kiri político no sólo a nivel distrital sino nacional, en la medida en que Bogotá es uno de los principales fortines de las huestes de Navarro.
La única fuente de entusiasmo electoral real son las nuevas juntas administradoras locales. Estos organismos serán una especie de concejo a nivel de barrio, que representan un paso hacia adelante en el desarrollo de la participación ciudadana. Esta será la primera vez que se eligen en Bogotá y dentro de sus funciones tienen tres, que son de primordial importancia. La primera consiste en elaborar la terna de la cual el alcalde mayor tiene la obligación de escoger al alcalde menor. La segunda, en manejar un presupuesto que para 1993 oscilará, dependiendo de la zona, entre tres y cinco mil millones de pesos al año. Y la tercera, la de tener la facultad de adjudicar contratos. Esto significa que cada una de estas juntas tendrá más poder y manejará un presupucsto mayor al del 90 por ciento de los municipios del país.
El furor ha sido tal que hasta la fecha se han inscrito 1.300 listas que van a ser las responsables de la agitación electoral en esta temporada. Cada junta tendrá entre siete y 11 integrantes dependiendo de la zona, y será independiente de las presiones del alcalde y del Concejo, pues no tiene ninguna relación jerárquica frente a estas instituciones. La gran coincidencia consiste en que el nacimiento de estos entes se produce al tiempo con la llegada a la Alcaldía Mayor del padre de las criaturas. Jaime Castro, abanderado de la descentralización, fue el arquitecto y promotor de este esquema y será a quien le corresponda ponerlo en práctica.
El candidato liberal está convencido de que Bogotá es, desde hace muchos años, una ciudad ingobernable. Según él, en las actuales circunstancias ningún alcalde está en capacidad de saber lo que ocurre en los distintos barrios de la ciudad y mucho menos en capacidad de dar solución inmediata a los problemas que se presenten. El tamaño de la capital y la diversida organizativa y cultural de los distintos sectores sólo puede ser administrada eficazmente según este criterio.
El conocimiento que Jaime Castro tiene de Bogotá y que lo ha llevado a adoptar esas teorías no se debe exclusivamente al estudio de los problemas de los municiplos, tema en el cual se ha vuelto famoso."Yo pasé todas mis vacaciones de colegio en el barrio Las Cruces, iba a cine al Teatro Ayacucho, jugué billar en los cafetines del centro durante el bachillerato y la universidad y viví en Los Laches. Estoy seguro que voy a ser el único Alcalde que ha vivido en Los Laches, en el Calvo Sur y en Fontibón", afirma Jaime Castro. Su vida en Bogotá comenzó en el Colegio de San Bartolomé, continuó en la Universidad del Rosario y después de ser juez del circuito y profesor de la ESAP, se instaló en el Palalcio de San Carlos donde paso seis años trabajando en la secretaría de administración pública y como secretario Jurídico de la Presidencia durante los gobiernos de Lleras Restrepo y de Pastrana. Luego de dos años como ministro de Justicia de Pastrana, regreso al Palacio de San Carlos como ministro sin cartera de López Michelsen. De ahí salló para Roma como embajador ante el gobierno italiano, donde llegó a la conclusión de que el poder real no radicaba tanto en los nombramientos como en los votos. Por eso decidió qué tenía que meterse a la política y al regreso de Italia salió elegido al Senado con votos de Boyacá.
Una vez elegido, volvió a la burocracia pero ya no como protegido sino como jefe político. Fue nombrado ministro de Gobierno de Belisario Betancur y en esa calidad desempeñó un papel clave en el delicado proceso de negociaciones con la guerrilla, que buscaba una salida negociada al conflicto armado. Su participación en este proceso le costó un atentado por parte del M- 19 del cual se salvó milagrosamente y un libro de la periodista Laura Restrepo, cuyo título habla por si sólo: "Historia de una traición".
Los anteriores eventos lo llevaron a autoexiliarse en Nueva York, donde se parqueó a esperar sin éxito que el Gobierno de Barco lo nombrara embajador ante la ONU. De regreso a Colombia se volvió a dedicar de lleno a la política hasta que llegó a la Constituyente. Allá se movió como pez en el agua debido a su dominio del derecho público. Inhabilitado para ser congresista, clavó sus ojos en el segundo cargo más importante del país: la Alcaldía de Bogotá.
Pocos colombianos han tenido su vida tan asociada con el centro de la capital como la ha tenido Jaime Castro. Su carrera pública ha transcurrido entre las calles Séptima y Décima y las carreras Quinta y Octava. Ha despachado desde casi todos los grandes edificios públicos de la zona. El Palacio de San Carlos, el Palacio Echeverri y el Capitolio. Ahora quiere hacer lo propio desde el Palacio Liévano y dependiendo de como le vaya ahí, no descarta la posibilidad de aspirar al de Nariño. ·
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