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| 2/6/1995 12:00:00 AM

EL ALTER EGO

La aparición de Raúl Barragán como hombre fuerte detrás de Mockus plantea dudas sobre qué tanto va a gobernar el Alcalde y qué tanto su secretario general.

EL DOMINGO PASADO, AL finalizar la ceremonia de posesión como alcalde mayor de Bogotá, Antanas Mockus se acercó a conversar con los periodistas que cubrían el evento y esperaban ansiosos sus primeras declaraciones. Sin embargo, cuando llevaba menos de cinco minutos de charla, su secretario general, Raúl Barragán, lo tomó del brazo y le dijo: "Ya no más Alcalde, vámonos a trabajar". Acto seguido los dos se dirigieron al despacho, de donde no salieron sino hasta altas horas de la noche.
A los reporteros no les sorprendió mucho lo sucedido, al fin y al cabo no era la primera vez que veían a Barragán en el plan de organizador del tiempo de Mockus. En una ocasión, en el Concejo de Bogotá, sucedió exactamente lo mismo. Al salir del recinto, los periodistas se fueron detrás de Antanas, pero Barragán acabó con la charla y lo llevó del brazo hasta su carro. Por eso no resultó extraño que fuera el mismo Secretario General quien el lunes pasado, el primer día de Mockus en la Alcaldía, les dijera a los periodistas que si necesitaban algo se entendieran con él, pues Mockus no iba a salir de su despacho.
Todos estos detalles son los que han llevado a la gente a hablar de Raúl Barragán como el poder detrás del trono capitalino. Esta clase de personajes no son nuevos en Colombia. En la Presidencia de la República ha sido casi una tradición ver a los primeros mandatarios acompañados de un cerebro gris. Virgilio Barco tenía a su lado a Germán Montoya y Belisario Betancur a Bernardo Ramírez, para citar sólo dos ejemplos recientes. Lo que nadie sabía era que con Mockus, quien llegó a la Alcaldía entre otras cosas por ser diferente a los políticos tradicionales, podía llegar a suceder lo mismo. Aunque es exagerado afirmar que Barragán es el cerebro gris de Antanas, es claro que ejerce una gran influencia sobre el alcalde.
Barragán era hace pocos días tan desconocido como Mockus hace un par de años. Su hoja de vida es, sin embargo, tan larga como importante: a los 49 años, Barragán tiene en su haber un máster en administración de empresas y finanzas. Ha sido consultor del Banco Mundial y del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y asesor del Ministerio de Obras Públicas de Costa Rica, de Planeación Nacional en Colombia y, durante tres años, de la rectoría de la Universidad Nacional en tiempos de Mockus. Todo ello entre otros títulos y cargos típicos del perfil tecnocrático del nuevo elenco de gobierno del Distrito.
Desde cuando asesoró a Mockus en la Nacional su presencia al lado del hoy alcalde ha sido vital. Según algunos de sus compañeros de trabajo, Barragán hace las veces de abogado del diablo. "Es el encargado de criticar todo -dice uno de los colaboradores de Mockus-. Pero no de forma destructiva. Se podría decir que es el evaluador, el termómetro de las ideas de Mockus. Las iniciativas son de Antanas, pero Barragán ayuda a hacerlas realidad ".
Quienes trabajan a su lado saben que entre sus virtudes no están ni la locuacidad ni la amabilidad. Habla sólo lo indispensable y es cortante cuando de conversaciones inútiles se trata. De hecho, esa presencia sobria y autoritaria del nuevo Secretario General es lo que ha originado que comiencen a llamarlo "el Rasputín de la Alcaldía". Algunos de los que han estado en sus reuniones de trabajo comentan que, después de varios minutos de conversación, las personas terminan dirigiéndose más a Barragán que al propio Mockus.
Pero, más allá de lo anterior, lo que más impresiona a quienes conocen al Secretario General es su rapidez mental y su capacidad para planificar el trabajo. Según dice uno de sus amigos cercanos, Barragán es el gran complemento del Alcalde. Al propio Mockus lo han oído decir que mientras él se va a encargar de la educación ciudadana, Barragán se va a dedicar a administrar. "Mockus va aser el presidente y Barragán el primer ministro", explicó una de las fuentes. Algo novedoso, sin duda, pero no necesariamente bueno: si las cosas les salen bien, no habrá problema; pero si no, nadie sabrá muy bien a quién pedirle cuentas.
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