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| 4/5/2011 12:00:00 AM

El ambiente ideológico de la Constituyente

Una constitución es fruto del encuentro de fuerzas políticas. La del 91, un difícil equilibrio entre el Estado Social de Derecho y las fuerzas económicas que defendían las nuevas doctrinas.

Una Constitución es, por así decirlo, la expresión política de una determinada composición histórica de fuerzas políticas y sociales. Pero también puede ser la fotografía de un período y de las ideas dominantes de la época.

Así, por ejemplo, la Constitución de 1886, elaborada por los 18 delegatarios escogidos por Rafael Núñez, se edificó sobre la derrota de las ideas federales y libertarias promovidas por el radicalismo de mediados del siglo XIX. Núñez incorporó una visión de estirpe conservadora que se resumía en un fuerte centralismo político, en el autoritarismo y en un modelo concordatario de relaciones entre el Estado y la Iglesia.

La Constitución regeneradora proclamaba la religión católica como elemento esencial del Estado nacional y de control social. Para Núñez y Miguel Antonio Caro: «Las repúblicas deben ser autoritarias, so pena de incidir en permanente desorden...». Los magistrados de la Corte Suprema eran nombrados directamente por el presidente, los derechos de la oposición eran prácticamente inexistentes y las libertades individuales se encontraban sujetas al principio de autoridad. Sin duda, una Constitución de estirpe conservadora.

Cincuenta años después, en 1936, en consonancia con las ideas del New Deal de Roosevelt y del criterio keynesiano, de intervención del Estado en la actividad económica, que respondió a la gran crisis del año 29, la reforma constitucional liderada por el presidente liberal, Alfonso López Pumarejo, incorporó una serie de cambios para sofocar el malestar social y la movilización plebeya que se fue acumulando a lo largo del período de la hegemonía conservadora. La función social de la propiedad privada, el derecho de huelga y a la intervención del Estado, fueron algunas de las ideas plasmada en ese nuevo arreglo institucional, cuya cláusula social no tuvo mayores desarrollos reales.

¿Cuál era el ambiente ideológico del momento en el cual se redactó la Constitución de 1991?

Los móviles inmediatos del proceso constituyente del 91 fueron de distinto signo. De una parte, la búsqueda de fórmulas para superar la ola de violencia desbordada de fines de los años 80 del siglo XX. De otra, el desprestigio de las prácticas políticas tradicionales y la corrupción en la administración pública, así como los síntomas de agotamiento del diseño institucional del frente nacional en el cual no cabían las nuevas realidades políticas y sociales de momento.

En las primeas deliberaciones de la asamblea, varios constituyentes hicieron suyas las tesis de Norberto Bobbio sobre las constituciones como tratados de paz y de la democracia definida como un régimen institucional en el que los conflictos políticos y económicos “jamás son resueltos definitivamente”. En esa definición, se imponen soluciones mediante “acuerdos momentáneos y treguas”, que permitan la convivencia pacífica entre las diferentes fuerzas que se disputan el poder.

La Constitución de 1991 se edificó sobre esa idea del nuevo contractualismo en el derecho público, defendida por el escritor italiano en su famoso texto “El futuro de la Democracia”. En medio de la crisis del socialismo real y del apogeo de la libertad de mercado, esas tesis tomaron mayor fuerza en el mundo de fines del siglo XX.

Mientras subía la tensión en el mundo árabe generada por la primera intervención norteamericana en Irak para derrocar a Saddam Husseim, en América Latina se instalaban las ideas más crudas de la nueva derecha y del neoliberalismo económico. Los vientos ideológicos a favor del desmonte del Estado intervencionista y del proteccionismo tomaron cuerpo en los gobiernos de la región que veían con simpatía las políticas de Margaret Tatcher y Ronald Reagan. Salinas de Gortari, Menem, Carlos Andrés Pérez y Fujimori defendían el desmonte del Estado y la derogación de las leyes sociales expedidas bajo la égida de las doctrinas de la CEPAL. Tal vez por esto, las fuerzas que se encontraron en la Asamblea Nacional Constituyente buscaron un difícil equilibrio entre el Estado Social de Derecho y las fuerzas económicas que defendían las nuevas doctrinas.

La Constitución de 1991 fue también la expresión de una determinada composición de fuerzas políticas y de las ideas que se debatían en la última década del siglo XX. Por un lado, de la convicción sincera de sectores contestatarios que reclamaban la paz como camino para construir una democracia integral; de otro, de las ideas económicas de las elites de poder que identificaban la apertura institucional como ocasión para instalar la doctrina del neoliberalismo.

Una nueva realidad que se puede resumir en la tensión no resuelta entre la democratización del sistema político, la modernización neoliberal del Estado y garantía de los derechos fundamentales.

 

*Armando Novoa García es el Coordinador del Programa de fortalecimiento democrático del PNUD
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