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| 8/9/2017 11:55:00 PM

El angustioso reencuentro de una pareja de esposos iraquíes en el aeropuerto El Dorado

Un joven de 25 años que no veía a su esposa hace cuatro y que viajó sin visa en un vuelo desde Turquía, estuvo a punto de ser deportado a su paso por Bogotá. Migración Colombia analizó el caso y le dio un giro a esta increíble historia.

Hussam Atta Awad aterrizó en Colombia sin visa, sin saber una palabra de español, con la zozobra en su rostro de no haber visto a su esposa Riyam en cuatro años.

Tal vez por eso lucía confundido, con el alma en vilo, cuando lo abordaron agentes de Migración Colombia en una sala de tránsito del aeropuerto El Dorado.

Husam venía de Turquía. Llegó a las 8:20 de la mañana de este miércoles en el vuelo 8731 de Avianca. Aunque su destino era Ecuador, el joven proveniente de Azizia, un pequeño poblado de Wasit, al sur de Bagdad, estaba en Bogotá cumpliendo la escala.

Era su única oportunidad de huir de una guerra que hizo de Irak un país inviable para vivir. Al no tener papeles de asilado, Husam, quien se dedicaba a la ingeniría electrónica en su país, no podía abandonar el área de paso internacional de El Dorado. El agotamiento tras catorce horas de viaje y el miedo se le notaban en la cara.


Fotos: Esteban Vega La-Rotta

En el momento en que los hombres de Migración le preguntaron por el motivo del viaje, Husam cometió el error de sacar una carta arrugada, escrita a mano, en español, que reveló que no llevaba los papeles en regla.

Todo ello era una paradoja si se consideraba que su esposa Riyam, quien lleva dos años viviendo con su familia en Bogotá gracias al estatus de refugiada que le concedió Colombia, estaba a pocos kilómetros, a pocos barrios de allí. Pero no se podían ver ni si quiera a través de un vidrio. El viaje de Husam, como lo decía el tiquete de avión, se supone que debía seguir hacia Ecuador, pues era el único país que no le exigía visa.

“Yo soy Husam Atta, nacido en Irak. No hablo español, tengo toda mi familia en Bogotá, Colombia. Mi esposa vive en Bogotá, llevamos cuatro años de casados, vine porque necesito reunirme con mi familia de nuevo porque en Irak no hay vida, necesito empezar de nuevo con mi esposa, poder trabajar, tener hijos, un lugar digno en el cual vivir”, decía la carta.

Fotos: Esteban Vega La-Rotta 

Los agentes de Migración procedieron a detener a Husam y lo declararon como inadmitido en el país. Según la oficina de prensa de la entidad, que el ciudadano iraquí tuviera como destino Ecuador representaba para él mismo el riesgo de convertirse en víctima de las redes de tráfico de migrantes.

A Husam le informaron que iba a ser devuelto a Turquía en un vuelo que saldría el próximo viernes. Pero antes le permitieron hacer una llamada que duró dos minutos. Al otro lado de la línea estaba Riyam, esa joven esposa que no supo cómo reaccionar, qué hacer ante la noticia.

De inmediato, ella tomó un taxi con sus padres y se fue para el aeropuerto. Llegó a eso de la 1 de la tarde, con las lágrimas a flor de piel. Saber que Husam tenía que volver a cruzar el océano, alejarse 10.000 kilómetros otra vez, hizo que el mundo se le viniera encima.

Las horas transcurrieron lentas. Riyam, quien aún no domina bien el idioma, no tenía a quién llamar, a quién pedirle auxilio. Husam estaba recluido en una oficina del área de inmigración. A las 4 de la tarde, las noticias que le llegaban a Riyam de su esposo eran vagas y a cuenta gotas.

Fotos: Esteban Vega La-Rotta 

“Me acaban de contar que no le han dado comida, debe de tener frío. ¿Por qué no le permiten ser refugiado en Colombia? Venezuela es un país que tiene problemas: no hay trabajo, no hay comida. Y ellos aquí son bienvenidos. Pero en Irak hay bombas, hay una guerra, por eso le suplico a Colombia que lo reciba”, decía, en medio de la tensión.   

En noviembre de 2015, Riyam, junto con su padre Hadi Husseín, su madre Alaa Hassan, su hermana Malak y su hermano Muhamed, arribaron en barco a Buenaventura, creyendo que habían llegado a Miami, Estados Unidos.

Se trató de un engaño de quienes les cobraron 7.000 dólares a cada uno por cumplirles el sueño americano. Para ese momento ningún miembro de la familia Hadi sabía en qué parte del mapa quedaba Colombia. Sabían de James, Higuita y Shakira, nomás. Pero ahí estaban, en medio del sopor y del extraño mundo que de repente aparecía.

Pero en dos años lograron obtener las credenciales de refugiados. Aunque no ha sido fácil sobre todo por el idioma, la religión y las costumbres, Riyam ha sabido ganarse la vida trabajando en un salón de belleza en el barrio Galerías.

Esa llegada abrupta de la familia de Riyam, quedó retratada en este reportaje publicado por SEMANA el 20 de mayo pasado: La soledad de los refugiados iraquíes y sirios atrapados en Bogotá.

Ante la imposibilidad de ver a Husam en el aeropuerto antes de su deportación, Riyam alistaba a eso de las 6 de la tarde una bolsa con comida, agua y una chaqueta. Al menos quería dejarle una carta.

Pero la historia de Husam dio un giro inesperado a las 7 de la noche, ya cuando su esposa había perdido todas las esperanzas de verlo. Luego de interminables llamadas, un miembro de prensa de Migración Colombia se comunicó con el periodista de SEMANA que a esa hora acompañaba a Riyam en la espera.

El funcionario dijo que la entidad había analizado a fondo el caso de Husam y que la mejor opción, antes que deportarlo, era apelar a una reagrupación familiar, debido a que su esposa ya contaba con el estatus de refugiada. También aseguró que al joven le habían garantizado sus derechos todo el tiempo y que haberlo dejado seguir hacia Ecuador hubiese representado un peligro para la integridad del propio migrante.

Resultó entonces que el depositario de la buena noticia era el periodista que al principio estaba ahí para escribir una noticia que con el transcurrir del tiempo dejó de importar. Cuando Riyam se enteró de que era cuestión de horas para que Husam quedara libre, pudiera descansar para al día siguiente iniciar los trámites de refugio, comenzó a llorar, en medio de una sala de espera atestada de afanosos viajeros.

Hadi Husseín, el padre de Riyam, agarró un cuaderno y se puso a escribir un mensaje en árabe para su yerno en el que más o menos le decía que no se desesperara, que ya todo estaba solucionado. Pasadas las 10 de la noche, cuando Riyam pudo bajar de internet los papeles oficiales de su matrimonio para acreditar ante Migración, entró la llamada que nunca esperó recibir. Husam estaba listo para cruzar la puerta, abrazar a su esposa y cumplir ese anhelo de tener una segunda oportunidad en la vida.

       

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