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| 2/26/2011 12:00:00 AM

El año de La U

El partido del presidente Santos tiene la maquinaria más poderosa y amplias mayorías en el Congreso, pero carece de candidatos fuertes y carismáticos en las principales ciudades. ¿Cómo saldrá de esa curiosa encrucijada?

La semana pasada, el hotel Chicamocha en Bucaramanga estaba a reventar. Más de 350 personas querían entrar al evento del Partido de la U, que marcaba el principio de la temporada de elecciones para ese partido en Santander. Las filas eran tan largas que varios se quedaron sin entrar.

La escena se está replicando a lo largo del país. "Todos quieren con La U", dice un senador de sus filas. Al fin y al cabo es un año electoral y esta vez hay pocas cosas más taquilleras que contar con el aval del Partido de la U. ¿Por qué? En plata blanca, es el partido del poder. Entre sus filas está el presidente Juan Manuel Santos, que sacó una votación histórica de más de nueve millones de votos en las elecciones presidenciales y mantiene una popularidad superior al 80 por ciento. Otro miembro carnetizado de La U es nada más y nada menos que el expresidente Álvaro Uribe, que también goza de amplias simpatías. Y, por si fuera poco, La U tiene la bancada legislativa más grande, con 78 congresistas. Su presidente, Juan Lozano, fue el mayor elector del país en marzo pasado, con 193.000 votos.

Pero curiosamente, aunque La U es la fuerza política más sólida, "es una paradoja que el partido más conocido del país no tenga candidatos fuertes en las plazas más importantes", en palabras de Armando Benedetti, uno de sus miembros de mayor perfil mediático. A diferencia de casi todos los demás, que tienen candidatos pero no cuentan con instrumentos para elegirlos, La U tiene los votos y le faltan los nombres. Tal es el caso de Bogotá, donde no han podido encontrar un candidato con suficiente peso para enfrentar a Enrique Peñalosa. Dentro de las toldas solo se han mencionado las aspiraciones de Hernando Carvalho e Hipólito Moreno, pero sus nombres no han generado impacto.

Algo parecido ocurre en Antioquia. Allí se perfilan varios precandidatos para la Alcaldía y la Gobernación, como Federico Gutiérrez, Darío Montoya, Gabriel Jaime Rico y Carlos Mario Estrada, pero ninguno ha descollado en las encuestas. En otras ciudades capitales, y en regiones como la costa, se reproduce la paradoja: La U es un partido fuerte sin candidatos.

En algunas regiones, más que aspirantes, lo que se encuentra es un estilo de cacicazgo regional, a la usanza liberal de hace veinte años, donde figuras de La U dominan la política regional. Nadie duda de que un guiño de Roy Barreras y Dilian Francisca Toro será fundamental en las elecciones del Valle y de que una ayuda de Piedad Zuccardi hará lo propio en Bolívar. En palabras de un versado senador, "es un partido joven con mañas viejas".

El gran peligro es que el partido no se logre consolidar regionalmente y quede caracterizado como una fábrica de avales, como una máquina que se prende cada vez que hay una elección. Por eso mismo, este año, La U se la juega toda: no solo su cuota de poder en los gobiernos locales, sino sus posibilidades de supervivencia en el largo plazo.

Para expertos consultados por SEMANA, es fundamental recordar que el Partido de la U es aún joven. Fue fundado en agosto de 2005 por Óscar Iván Zuluaga, Juan Manuel Santos y congresistas uribistas alrededor de la figura de Álvaro Uribe. Aunque en 2006 la campaña para el Congreso, que contó con la asesoría de J.J. Rendón, tuvo un buen desempeño, el debut en las regionales de 2007 fue un fracaso. Solo lograron 126 alcaldías, seis gobernaciones y una alcaldía de capital, que fue Pereira. Este año buscan, como mínimo, doblar esas cifras y obtener los premios mayores: las alcaldías de Bogotá y Medellín.

Como todo partido joven, ha tenido problemas para definir sus derroteros ideológicos. Según el secretario general del partido, Juan Camilo Restrepo (homónimo del ministro de Agricultura), su base ideológica es "defender la obra de gobierno de Uribe y acompañar al presidente Santos". Si bien han tratado de posicionarse como los abanderados de la agenda social del actual gobierno, no lo han logrado. Y el acercamiento con el Partido Conservador aparentemente no fue más que una reacción a la unión entre liberales y Cambio Radical, pero no tiene como meta la unificación de los partidos.

Algunos hablan de inconsistencia ideológica y otros lo catalogan como solo un partido de coyuntura. Lo cierto es que es curioso que bajo su techo puedan cohabitar personas de tendencia conservadora, como los senadores Juan Carlos Vélez y Jorge Visbal, con otros más progresistas, incluso liberales, como Armando Benedetti y Roy Barreras, que antes pertenecía a Cambio Radical.

También es cierto que la bancada en el Congreso, donde están las máximas figuras de La U, ha tenido un desempeño mediocre. Aunque su voto es fundamental para pasar cualquier ley, por el tamaño de su bancada, no se ha abanderado de ningún proyecto importante, salvo la reforma a la salud, que fue jalonada por la senadora Dilian Francisca Toro. "Es un socio pálido de la Unidad Nacional" se oye en los corrillos del Capitolio. Otros van más lejos y dicen que ha sido un palo en la rueda para proyectos del presidente Santos como el de la restitución a las víctimas y el proyecto de tierras, aunque los apoye de dientes para fuera.

Otros le apuntan a un problema de liderazgo. Afirman que su director actual, Juan Lozano, no se siente cómodo en el manejo de las aguas turbias de la política y que está haciendo una tarea de equilibrismo político, porque "es uribista de corazón, pero está obligado a salir en defensa del gobierno Santos". Un miembro del partido afirma que "aquí no se sabe si manda Uribe o Lozano o Benedetti o el mismo Roy".

En La U tienen claro que estas elecciones son una prueba de fuego. Ya no tienen la excusa de ser un partido joven e inexperto, y los esfuerzos están dirigidos a la institucionalización del partido. Cada semana están carnetizando a más de 1.500 personas. Y por lo pronto, están dedicados a definir los procedimientos y mecanismos para escoger los candidatos que representarán a La U en la campaña. En donde puedan, buscarán el consenso, pero también están abiertos a realizar consultas internas y encuestas. Buscarán candidato único donde sea posible, pero también son realistas y entienden que las dinámicas regionales hacen que las alianzas y los candidatos de coalición sean el tiquete a la victoria. Por ahora, están acompañando los talleres democráticos del expresidente Uribe y, según Óscar Iván Zuluaga, están planeando hacer más de veinte en todo el país. Según Lozano, están "optimistas, trabajando con responsabilidad para elegir buenos candidatos y con el partido más unido que nunca".

Con el fantasma de la parapolítica en el espejo retrovisor, el Partido de la U está fortaleciendo sus filtros para contar con los mejores candidatos. Es así como tiene un veedor del partido, una comisión de ética y un acta de compromiso que deben firmar todos los candidatos que buscan pertenecer a La U. El eslogan 'Juego limpio, reglas claras, triunfo seguro' se ha convertido en la punta de lanza para estas elecciones.

Esta temporada electoral será clave para definir qué espacio ocupará el Partido de la U en el panorama político del país. ¿Será la primera fuerza política? ¿Conquistará las regiones que hasta este momento le han sido esquivas? ¿Podrá contar con el apoyo de la opinión pública o se ratificará como un partido de maquinaria? Estas respuestas solo se podrán contestar el 30 de octubre, el día de las elecciones, cuando La U se juega su nombre, su fuerza y su futuro.
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