Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2013/07/20 02:00

El asbesto, ¿amenaza o bendición?

En un pequeño pueblo antioqueño, la reapertura de una mina de este mineral, prohibido en 56 países, ha generado polémica entre activistas y empresarios.

“Si el asbesto fuera tan dañino como dicen, créame que yo mismo me opondría a la explotación de la mina”, dice el alcalde Héctor Gómez. Campamento se encuentra a tres horas de Medellín y la mina queda a una hora del casco urbano.

A pesar de ser un pequeño municipio incrustado en las montañas del norte de Antioquia, Campamento de cuando en cuando llama la atención. En las pasadas elecciones fue noticia porque la guerrilla mató a dos de los tres candidatos a la Alcaldía y ahora de nuevo lo es por la polémica reapertura de la única mina de asbesto en Colombia.


El asbesto es una fibra que se encuentra aferrada a ciertas rocas y que tiene una alta resistencia al fuego. Cuenta la historia que Carlomagno tenía un mantel de asbesto con el que hacía actos de fuego para sorprender a sus invitados. El asbesto tiene 3.000 usos, pero hoy se utiliza, principalmente, para materiales de construcción y frenos de carros. Por eso, hace 30 años algunos empresarios canadienses llegaron a Campamento atraídos por las reservas de esa fibra.

 

La mina les dio empleo a 200 personas. La carretera construida por los empresarios fue el primer asomo de civilización que vieron las siete veredas cercanas. Pero todo se complicó cuando los guerrilleros les quemaron carros, secuestraron ingenieros, destruyeron maquinaria y hasta mataron un directivo. Los empresarios se fueron en 2000 y les dejaron la mina a los trabajadores. Diez años después la empresa quebró. 


En 2012 la Superintendencia de Sociedades, tras liquidarla, la vendió. La compró por 4.500 millones de pesos Bricolsa, una firma colombiana que tiene licencia para explotar 5.500 hectáreas y aspira a producir 1.500 toneladas mensuales de asbesto. A la gente del pueblo le gusta la idea. “La mina es una maravilla. No solo nos trae empleo, sino comercio y facilidades para vivir”, dijo a SEMANA el alcalde, Héctor Gómez. 


Tulia Pérez, de 62 años, vecina de la mina dice: “Con la mina cerrada a mí me fue muy mal. Uno no puede ni siquiera enfermarse porque no hay cómo llegar al hospital. En cambio, la mina tiene médicos que nos atienden. Gracias a ellos tenemos carretera y electricidad”.


Por eso, pocos les prestan atención a las voces de alerta. El uso del asbesto está prohibido en 56 países por ser cancerígeno. Tiene partículas microscópicas que entran por la nariz, llegan a los pulmones y se aferran a las membranas. 


Al cabo de 20 años ocasionan cuatro tipos de enfermedades: mesotelioma, cáncer de pulmón, asbestosis y enfermedades pleurales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que anualmente mueren cerca de 100.000 personas por estas enfermedades. “Las alertas se han disparado por el incremento de las enfermedades relacionadas con el asbesto. Lo más preocupante es que se incuban lentamente en el organismo y van haciendo daños irreparables en el sistema respiratorio”, dice el neumólogo Darío Isaza.


Tanto la OMS como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) han aprobado la suspensión del uso del asbesto. En Colombia no está prohibido, pero existen controles. Un vocero de Bricolsa le dijo a SEMANA que las prohibiciones se deben a que hace muchos años el asbesto se usaba mal. Pero, según él, hoy se evitan todos los riesgos. Además, explicó que existen dos tipos de asbesto: uno, el más nocivo, que se adhiere a las membranas de los pulmones, y otro que puede entrar a los pulmones, pero sale fácilmente. “Ese es el tipo de asbesto que hay en Campamento”, comentó.


Quienes defienden el uso del asbesto dicen que el ataque es por el mercado. Una tonelada del material sustituto cuesta casi 4.000 dólares, mientras que una de asbesto, alrededor de 800 dólares.

Por las calles del pueblo es fácil encontrar jubilados de la mina que dicen gozar de buena salud. Aniseto Vásquez tiene 64 años y trabajó 24 en la mina. Ahora tiene un granero con su hijo.


Bianor López, de 60 años, es otro pensionado y vive tranquilo. “Ramón, Alberto, Gerardo y Joaquín se murieron hace poco. Todos estaban ya viejos y algunos eran muy descuidados. Fumaban mucho o no les gustaba trabajar con tapabocas. Pero mire, si usted trabaja toda la vida y se muere a los 70 años, después de haber disfrutado su pensión y de haber sacado los hijos adelante, ya cumplió su ciclo”, dice López. Otro pensionado que vive cerca de la mina dice, en privado, que varios compañeros suyos conocían bien los riesgos del asbesto, pero que mejor callaban porque la mina trae muchos beneficios. 

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