Viernes, 29 de agosto de 2014

Ernesto Maffi Dunn, herido en el ERON de la cárcel La Picota, en Bogotá. Archivo particular

| 2013/02/28 00:00

El atentado en la cárcel más segura del país

Un extranjero fue apuñalado en el pabellón de extraditables. Exclusivo de Semana.com.

El Establecimiento de Reclusión del Orden Nacional (ERON) es una mole de seis torres, construida al lado de la vieja cárcel de La Picota. Se trata de un penal diseñado al mejor estilo de las cárceles en Estados Unidos donde no entra la luz ni el sol. Todo es frio y lúgubre. Se cree que es uno de los penales más seguros del país y el encierro que allí se vive es angustioso.

Uno de sus pisos, el séptimo, tiene dos pabellones rotulados con los números 15 y 16 donde conviven cerca de 150 extraditables. Aquellos detenidos no son ni sindicados ni condenados, sino que están a la espera a que la Corte Suprema y la Casa de Nariño avalen su extradición.

En los pabellones contiguos hay presos condenados a penas de todo tipo y por momentos se confunden los detenidos. La cárcel es tan segura que normalmente no hay mayores problemas de indisciplina y menos de agresiones. Sin embargo, un hecho presentado el pasado viernes lleva a pensar que el sitio no es tan seguro y que allí ocurren cosas inauditas.

Ese día hacia las 3:30 p. m. Ernesto Maffi Dunn, un extraditable de origen venezolano-italiano, quien espera su extradición para enfrentar un juicio en una Corte de Pensilvania (EE.UU.) por haber lavado cerca de 5 millones de dólares de un grupo delincuencial de Cúcuta, pidió permiso para ir a la unidad de sanidad por un dolor de muela producto de un procedimiento oral. Un guardia de apellido Bohórquez lo acompaña y lo deja en el sitio donde, después de una hora, no recibió atención por falta de medicamentos.

Maffi se cansó de esperar y fue a la planta baja del edificio a donde normalmente llegan los abogados a cumplir citas con sus clientes. Se trata de un lugar muy cercano a la guardia principal.

Allí se encontró con otros extraditables y minutos más tarde emprendieron camino al patio donde viven. Al pasar por uno de los sitios de control sintió que un puñal le atravesaba el cuerpo. Al voltear, dos reclusos se lanzaban contra él y le propinaban cuchilladas en el cuello, la cara y la espalda. Maffi reaccionó y logró quitarse a uno de los hombres de encima mientras sus compañeros y un dragoneante de apellido Quintero reducían al segundo hombre.

El extranjero fue llevado al servicio médico del penal donde poco pudieron hacer. Cuatro horas más tarde fue trasladado a la Fundación Santa Fe en el norte de Bogotá donde pudo ser estabilizado. Lesiones en hígado, diafragma y una gran cicatriz en la cara y cuello fue el resultado del atentado.



Semana.com conoció la historia a través de los abogados de Maffi. Dijeron que pasados seis días en la clínica nadie del Inpec se ha acercado a hablar con la víctima. Pero ya se sabe quién fue el agresor. Se trata de Juan Fernando Peláez, un delincuente común rotulado con la tarjeta carcelaria 63.650 condenado a cerca de 60 años de prisión por hurto y homicidio.

Fuentes del Inpec aseguran sin embargo, que sí tomaron acciones y que Peláez se encuentra con medida de aislamiento. Dijeron también que las denuncias ya están interpuestas en los organismos de control y será la Fiscalía la que lo procese por posible tentativa de homicidio.

Lo más preocupante es que Peláez, y los otros dos reclusos que participaron en el atentado, tuvieron que pasar cuatro filtros de seguridad para llegar hasta el pabellón de extraditables. ¿Quién los dejó pasar?

La razón del ataque es muy sencilla en el mundo delincuencial: Maffi ha hecho contactos con miembros de la DEA y con la fiscal de su caso y es probable que, en menos de un mes esté ante un juez en Estados Unidos. Se prevé que el grupo delincuencial al que sirvió para lavar la millonaria suma tema por la información que pueda entregar.

Más allá de lo sucedido con este caso, lo preocupante es la crisis carcelaria que enfrenta el Estado. No es solo la falta de centros carcelarios y el hacinamiento que enfrentan los actuales, sino la inseguridad que se presenta, incluso, en las cárceles consideradas de mayor control.

A esto se suma la falta de personal de guardia que incide en que se presenten brotes de indisciplina. Cifras de la cárcel La Picota indican que en el nuevo sitio de reclusión ERON en Bogotá tan solo hay 148 guardias para 3.300 internos. Y en los patios 15 y 11 donde están confinados los extraditables y otro tipo de presos hay entre uno y tres guardias, dependiendo de la hora del día, para cuidar cerca de 370 reclusos.

En los últimos meses el Ministerio de Justicia, el Inpec y la Defensoría del Pueblo han hecho causa común para enfrentar la crisis carcelaria incubada por años. Pero mientras llegan las soluciones seguirán ocurriendo actos como los del extraditable que casi muere acuchillado a pocos metros de la guardia principal de ERON.

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