Sábado, 20 de diciembre de 2014

| 1989/05/29 00:00

EL BATALLON SUICIDA

Pocos lo saben, pero el Partido Conservador ya está dividido.

EL BATALLON SUICIDA

Desde hace meses se viene discutiendo si el Partido Liberal va a llegar unido o dividido a las elecciones presidenciales de 1990. A todas estas, sin que se discuta mucho y practicamente sin que nadie se haya dado cuenta, el Partido Social Conservador ya está dividido y las posibilidades de que arregle sus cargas por el camino parecen por ahora remotas.

Todo esto, que venía dandose en forrna gradual, llegó a su punto mas critico la semana pasada, cuando unos y otros parecieron quemar las naves. A la propuesta de un alvarista triple A, el ex ministro Rodrigo Marin, de aplazar la convención conservadora, propuesta que fue interpretada como la posición de su sector, el Directorio Nacional Conservador, en manos de los pastranistas, respondió con un rotundo "no". A renglón seguido, y apelando a los estatutos del partido, se produjo una resolución que convoca la convención para el 9 de noviembre. Esta convocatoria, aunque por si sola no era un elemento definitivo de división, si constituya un gesto con el cual los pastranistas dejaban en claro que tenían la sarten por el mango. Recordarles esto a los alvaristas era lo único que les faltaba para pegar su grito de independencia.

Pero independientemente de gestos y convocatorias, ¿que es lo que ha llevado a que unos y otros decidieran dejar salir a flote la guerra fria que las dos partes venían librando de tiempo atrás? Más que un hecho concreto, es el resultado de la suma de varios episodios enmarcados en la ya tradicional antipatia que se profesan el ex presidente Misael Pastrana y el ex candidato Alvaro Gómez.

La última etapa de asperezas se inició por lo que podría interpretarse como un error de protocolo o como un desplante.
El día en que el M-19 liberó a Gómez, a Pastrana le fue impedido el acceso al apartamento del ex candidato, al norte de Bogotá. La disculpa "oficial" era la de que la familia Gómez había dejado en manos de un agente de policia, una lista de las personas autorizadas a visitar al ex candidato. El agente cumplió su misión con tanto celo que , como el ex presidente no figuraba en la lista, fue tratado como uno mas dentro de la multitud que se aglomeraba frente a la entrada del edificio. Pastrana, mas acostumbrado a venias y tapete rojo, reaccionó indignado al sentirse tratado como un lagarto. Teniendo en cuenta que el sector pastranista, en cabeza del ex ministro Alvaro Leyva, se consideraba pieza clave en el delicado proceso de negociación para liberar a Gómez, para ese grupo, al irrespeto al ex presidente se sumaba la ingratitud. Esta quedó manifiesta posteriormente, en la rueda de prensa que Gómez dió en El Siglo la misma semana de su liberación. Alli, al hacer la enumeración de los agradecimientos, si bien incluyó el nombre de Leyva, no mencionó a Pastrana.

Lo anterior en lo que se refiere al protocolo. Pero en lo que toca con la política, el florero de Llorente fue un almuerzo en casa del ex candidato conservador, al que asistieron el entonces ministro de Gobierno, Cesar Gaviria; el entonces presidente del Directorio Nacional Conservador, Rodrigo Marin, y el senador liberal Hernando Durán. Como era inevitable, en el almuerzo se tocaron temas políticos, y como en ese momento se discutia la reforma constitucional, Gómez propuso que las multiples reformas se discutieran separadamente, para lo cual se necesitarian, por lo menos, cuatro proyectos: uno para restablecer la reforma del 79; otro para crear la Corte Constitucional; el tercero sobre vicepresidencia, y el cuarto para ocuparse de otros temas que no fueran materia de reformas constitucionales. Los invitados escucharon con relativa sorpresa los planteamientos de Gómez y la cosa quedó ahí. Sin embargo, tan pronto Pastrana se enteró de la reunión, reaccionó con unas declaraciones que hizo conocer a través del secretario general del Directorio, Hernando Barjuch, en las que dejaba en claro que Gómez no tenía autoridad para negociar nada con el gobierno a nombre de su partido, y que la reunión era "exclusivamente social".

Gómez, con un pie en el estribo antes de viajar a Europa, declaró en el aeropuerto Eldorado que consideraba "insolente" el comunicado de Barjuch y que "como voy a estar ausente del país, no podre asistir a la Convención Conservadora. Es sabido que yo estoy por fuera de todas las jerarquías de mi partido, me interesa, por lo mismo, que en el nuevo directorio nadie figure como alvarista, y que ninguno de sus futuros miembros tenga mi representación o asuma la defensa de mis ideas".

CRECE LA HOSTILIDAD
En los nueve meses que han transcurrido desde entonces, lo unico que Pastrana y Gómez han demostrado tener en comun es un profundo y creciente desprecio el uno por el otro. Aunque en privado la hostilidad mutua de ambos dirigentes y de sus respectivos seguidores es en los dos bandos de similares proporciones, en público los pastranistas, que se sienten dueños de la situación, son mucho mas diplomáticos y moderados que los alvaristas, que en cierta forrna estan arrinconados.

Poro en toda esta discusión, ¿quien tiene la razón? La verdad monda y lironda es que la razón la tienen ambos, pero los pastranistas , ademas de la razón , tienen la mayoría. La tradicional division entre ospinistas y laureanistas se ha perpetuado hasta la fecha a traves de Pastrana y Gomez, sin que se haya alterado en forma sustancial la correlación de fuerzas: más brillo del lado alvarista y mas votos del lado pastranista.

MEJOR MORIR DE PIE
¿En que va a parar todo esto? Por ahora, en la candidatura de Rodrigo Lloreda.
El ex canciller, de clara estirpe pastranista, encabeza la fila india no solo de su sector sino de su partido, y el consenso entre los enterados es que, si el candidata no es ni Gomez, ni Pastrana, ni Belisario Betancur, Lloreda sera el ungido. Las candidaturas de Gómez y Betancur son casi imposibles. La primera, porque Pastrana no lo permitiría. Y la segunda, porque el controvertido resultado del gobierno de Belisario es demasiado reciente. Por lo tanto, a pesar de las candidaturas de Gabriel Melo, Alvaro Leyva , Carlos Holguin, el unico rival de Lloreda es su propio jefe: Misael Pastrana Borrero. La candidatura de este último depende de que se den tres condiciones que Luis Carlos Galán no sea el candidato liberal, que el liberalismo se divida y que el conservatismo se una Individualmente, cada uno de los requisitos es posible que se cumpla. Lo que es prácticamente imposible es que se cumplan los tres.

Curiosamente, de las tres condiciones la más dificil de cumplirse es la unión del conservatismo. Y lo es porque el sector alvarista no se aguanta mas lo que sus integrantes denominan "la dictadura de Pastrana" su disciplina para perros y su arrogancia de pavo real. Por eso los mas duros de la plana mayo del alvarismo, evocando tal vez las gloriosas jornadas de la resistencia contra Rojas Pinilla, han decidido constituirse en un nuevo batallón suicida. Todo indica que, pase lo que pase, dirigente como Rodrigo Marin, Felio Andrade Hugo Escobar, Raimundo Emiliani y otros herederos políticos de Laureano, bajo ninguna circunstancia apoyarían una candidatura de Pastrana o de Lloreda. Concretamente, ya están contemplando la posibilidad de hacer rancho aparte y eventualmente respaldar una candidatura liberal como la de Hernando Duran Dussan. Esto, por el momento, es más una amenaza velada que una realidad. Pero en todo caso, de eso se está hablando .

Jugarle a una candidatura de coalición tiene sus problemas. El principal es que se requiere que lo acepten a uno como socio, y con un Partido Liberal mayoritario y seguro de si mismo para el 90, un coqueteo con el alvarismo implicaria mas que un aumento considerable del caudal de votos, compromisos innecesarios y hasta la ruptura del esquema gobierno de partido-partidos de oposición.
La gran mayoría de los parlamentarios liberales se esta acostumbrando a las ventajas burocráticas del gobierno de partido y, a menos que vean en peligro el triunfo de su partido, no consideran prioritario echar marcha atras. Otra cosa que queda por definirse es que tanta vocación suicida tiene el batallón, pues si su situación llega a radicalizarse hasta el extremo de tener que apoyar una candidatura liberal, la división probablemente no solo sería en el Partido Conservador sino en el propio alvarismo. De por si, coroneles de esta corriente como Gabriel Melo, Carlos Holguin y Roberto Gerlein no parecen muy decididos a hacerse el harakiri. Y si esto es a nivel de coroneles, ni hablar de lo que puede pasar a nivel de la tropa, donde las disidencias se pagan con puestos.

Por todo lo anterior, algunos apuestan a que la posición del batallón suicida es un cañazo. Pero esto no es seguro, pues los alvaristas cada vez más están pensando, como los revolucionarios mexicanos, que "es mejor morir de pie que vivir arrodillados". -

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