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| 10/5/1987 12:00:00 AM

EL BRAZO LEGAL DE LOS SICARIOS

Los nexos entre jueces de la República y los asesinos de la moto, el escándalo judicial más grande de la historia

EL BRAZO LEGAL DE LOS SICARIOS EL BRAZO LEGAL DE LOS SICARIOS
Hasta la semana pasada los nexos entre la cúpula del narcotráfico y algunos sectores de la justicia, eran simples sospechas. Cuando el tema surgía, los suspicaces recordaban, entre otros, el caso de Evaristo Porras con sus ires y venires por juzgados y cárceles y sugerían que ahí había gato encerrado. Pero de estas conjeturas se pasó a una realidad más fantástica, cuando se filtraron los detalles de llamadas telefónicas entre un juez y la cabeza principal de la banda de Los Priscos. Entonces el país, entre perplejo y asustado, conoció la relación de algunos jueces ya no con los capos, sino con los sicarios.
El escándalo reventó en Medellín. Cuando la gente estaba esperando algun resultado de las investigaciones por los asesinatos de la "guerra sucia", esa ciudad volvió a saltar a las primeras páginas con una noticia confusa, que mencionaba de nuevo a Los Priscos, la organización criminal a la cual se le atribuyen los asesinatos de Guillermo Cano, Hernando Baquero y el coronel Jaime Ramírez, entre otros. Pero las relaciones juecessicarios, contra lo que podría pensarse, no surgieron por un seguimiento meticuloso ni fueron el fruto de una investigación sotisticada, sino que quedaron al descubierto por una simple coincidencia.

PRIMERO, UN SECUESTRO
Para llegar a descubrir los nexos de Los Priscos con algunos jueces, la investigacion comenzó por un secuestro más, según las averiguaciones hechas por SEMANA entre distintas fuentes. El 27 de mayo pasado, la señora Luz Helena Jiménez Vélez fue sacada de una peluquería de Medellín a las diez y media de la mañana. Se trataba de un secuestro que cometieron hombres armados que iban en dos carros. Los servicios secretos fueron avisados del caso por los familiares de la víctima y empezó la tarea de tratar de localizar a los responsables, a través del método más común: las llamadas telefónicas. Como en casos similares, al teléfono del esposo de la secuestrada, Carlos Mario Córdoba Mejía, entraron todo tipo de llamadas. Las que eran y las que no eran. Se hicieron los primeros acuerdos económicos en dólares para pagar el rescate, pero hasta ahí las autoridades no habían logrado nada en la labor de rastreo telefónico, hasta cuando timbró la llamada clave. El negociador del secuestro conversó más allá de la cuenta con el esposo de la retenida. Le recordó, sin decirle el nombre, que los dos habían estudiado juntos en el barrio Aranjuez y después pasó a hablar del negocio. La duración de esa llamada permitió que los investigadores ubicaran el teléfono de donde había sido hecha: el del apartamento de David Ricardo Prisco Lopera, "Richard", el jefe de Los Priscos.
La investigación del secuestro no tuvo final feliz. El 11 de junio dos cadáveres aparecieron en un potrero de Llanogrande, en Rionegro. Eran los de la pareja Jiménez Mejía y estaban esposados, torturados, vendados y baleados. "Típico crimen de Los Priscos", dijo a esta revista un conocedor del modus operandi de esta banda. A pesar del fracaso, los detectives mantuvieron la intercepción telefónica a ver que oían. Y lo que oyeron fue más de lo que esperaban.

HAY UN JUEZ EN LA LINEA
Varios días después de la muerte de la secuestrada y de su esposo, los rastreadores oyeron algo raro. No eran esas llamadas rápidas, vacías y de mensajes en clave con lenguaje barrio-bajero, sino una donde la voz de David Ricardo Prisco preguntaba con cortesía por un doctor. Primero lo llamó a la casa y el doctor no estaba. Hizo otra llamada, contestaron de un juzgado y el doctor tampoco estaba. Entonces Prisco dejó la razón y una hora después el doctor le devolvió la llamada. El doctor era el juez 44 de Instrucción Criminal, Alirio Sangino Madarriaga.
Aunque sólo se oyeron dos conversaciones del Prisco con el juez, éstas fueron suficientes para que la Policía secreta concluyera que entre los dos había una amistad. En la primera de ellas, después del saludo de rigor, se habló de un amigo en común. Prisco le habló a Sangino de un muchacho que ya había cumplido 18 días en Bellavista (la cárcel de Medellín) y que había que hacer algo. El juez le explicó cuál era la situación jurídica y cambiaron de tema. Prisco le habló entonces de un paseo a Cartagena que lo invitaba, que iban a pasar rico y a tomar traguito. En la segunda llamada al juez días después, no fue un Prisco el que habló en primera instancia sino una tercera persona. Esta le preguntó a Sangino si ya había pedido permiso para el puente (el del 29 de junio) y el juez le dijo que todo estaba listo: que se irían el viernes y regresarían el miércoles. El interlocutor no identificado le dijo entonces que había un problema y era que David Ricardo (Prisco) se estaba como quitando del paseo. Sangino le dijo entonces "pásemelo que yo lo convenzo", y cuando pasó, Prisco le dijo que era que tenía que hacer unos cobros, pero que de todas maneras contara con los cien mil pesos. El juez le insistió en que fuera, porque era importante ya que al paseo a la finca de Cartagena no sólo iba él con su familia, sino que también iban dos jueces más, uno de ellos especializado, al que Sangino le había presentado a Prisco y a éste le había caído muy bien.
El paseo a la finca cerca a Cartagena se hizo y la investigación que había comenzado por un secuestro, giró hacia la vinculación de jueces con la banda que ha sido considerada el brazo armado de la mafia del narcotráfico. Los investigadores pusieron el asunto en conocimiento del Tribunal Superior de Medellín, que decidió averiguar los antecedentes del juez Sangino. A pesar de que se trataba de una acusación muy grave, no había pruebas suficientes para proceder contra el juez. La intención del poder judicial, según supo SEMANA, fue buscarle la caída a Sangino por la parte legal, destituirlo y ponerlo preso, mientras se encontraba la vía de acusarlo por su vinculación con Los Priscos. Y no les costó mucho trabajo encontrarle la caída: en un dossier que Sangino presentó en el año 85 para graduarse en un curso de criminología, había un documento falso. Esto fue suficiente para enviarlo a 'Yarumito', en Itaguí, una cárcel exótica, exclusiva para ex funcionarios, con jardines de azaleas, campos deportivos y piscina.

LOS OTROS NEXOS
La vinculación del juez Sangino con el jefe de Los Priscos y, por su intermedio, con otros jueces, no fue la única sorpresa que se llevaron los investigadores en su tarea de rastreo telefónico. Otro de los teléfonos seguidos en el curso de las pesquisas fue el de José Rodolfo Prisco Lopera, hermano del actual jefe de la banda, quien fue muerto por el DAS el 31 de julio en un abaleo en la calle 127 y quien tenía fama de ser la "eminencia gris" de la organización delictiva. En aquellos días del seguimiento telefónico, José Rodolfo Prisco le dijo a un interlocutor que le habían avisado de la "agencia central" que esa noche habría una operación rastrillo en el barrio Antioquia, donde vivía. Y, en efecto, el operativo tuvo lugar en esa zona, donde la policía buscaba algunos sospechosos de la masacre de un grupo de basuqueros, que fueron fusilados en un callejón del barrio Guayabal. Que éste Prisco supiera de la "operación rastrillo", ha hecho pensar a los organismos de investigación que los vínculos de la banda de pistoleros no son sólo con jueces, sino que tienen sus filtros en la Policía y el Ejército.
Todo este episodio se destapó el martes primero de septiembre cuando en un consejo de seguridad en Medellín se oyeron las grabaciones y la historia. Mientras el juez Sangino soltaba algunas declaraciones contradictorias a los periodistas, en las que parecía estar guardándole la espalda a otros comprometidos en el caso, los jueces involucrados en el paseo de Cartagena presentaban renuncia, el Tribunal Superior seguía una investigación penal y la Procuraduría una disciplinaria. Entre tanto la opinión pública estupefacta apenas empezaba a digerir el hecho descubierto de que hay jueces comprometidos con el narcotráfico no sólo a la altura de los grandes capos, sino al nivel del "sicariato".

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