Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/09/30 00:00

El Caguán es irrepetible

Hoy establecer una zona desmilitarizada no les otorga grandes ventajas a las Farc.

El Caguán es irrepetible

Ninguna persona sensata quiere un nuevo Caguán. La idea de una zona de 42.000 kilómetros de selva, donde no hay Fuerza Pública ni Estado. Donde la guerrilla se mueve a sus anchas, entrena, hace negocios, encaleta su dinero, oculta secuestrados y planea operaciones. El fantasma de la zona de distensión, que se creó para los diálogos con las Farc durante el gobierno de Andrés Pastrana, se ha convertido en el mayor obstáculo para concretar el intercambio humanitario. La semana pasada, cuando el presidente Álvaro Uribe anunció la disposición de crear una zona de encuentro con la guerrilla sobre el tema, saltó la liebre. El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, dijo que no se permitiría un nuevo Caguán. Que no aceptarían que una vez saliera la Fuerza Pública de Pradera y Florida, llegara la guerrilla armada. El temor del Ministro es que las Farc tomen posesión del territorio y recuperen las fuerzas que han sido relativamente debilitadas en cuatro años de ofensiva. "El acuerdo al que se llegue no puede darles una ventaja estratégica a las Farc", le dijo el ministro Santos a SEMANA.

El fantasma del Caguán se asomó de nuevo. Sin embargo, no es evidente que la nefasta experiencia de la zona de despeje pueda repetirse.

Los abusos de la insurgencia en la zona de distensión fueron posibles porque ésta llegó engrandecida por sus ataques militares de las Delicias y Patascoy, y por la debilidad política de Pastrana. Un contexto bien diferente al de ahora. Además, en la zona de despeje estaba en curso un proceso de paz sin norte ni objetivos claros. Este no sería el caso del intercambio humanitario, que es algo puntual.

Desde una perspectiva puramente militar, el Caguán es irrepetible porque el escenario de la guerra está a favor del gobierno. El Ejército ha crecido en casi 100.000 hombres y sus unidades son más profesionales. Hay mejor inteligencia, más movilidad y se han resuelto muchos de los graves problemas logísticos que llevaron a la debacle hace una década. Adicionalmente, en el último lustro el poder aéreo de los militares se ha multiplicado. "Creo que hoy las Fuerzas Armadas estarían en capacidad de controlar y monitorear el entorno de la zona de encuentro y evitar que las Farc la conviertan en una zona de delito", dice Camilo Echandía, profesor de la Universidad Externado, especialista en temas de seguridad y defensa.

Paradójicamente, la zona del Caguán les dio una ventaja enorme a los organismos de seguridad. Les permitió conocer de cerca a las Farc, que hasta entonces eran una especie de caja negra. Durante el despeje grabaron y tomaron fotos a muchos mandos altos y medios que han sido capturados, y de los que se conoció de cerca cómo funciona su máquina de guerra. Información que ha sido usada con creces para los objetivos de la política de seguridad democrática y el Plan Patriota.

Un último aspecto que les quita peso a los temores del ministro Santos y de los militares son el tiempo y la geografía. El despeje de Pastrana se prolongó por casi tres años, sin ningún sentido. Y la zona que abarcaba era una selva inexpugnable donde el Estado siempre estuvo ausente y la población vivía en la frontera de la ilegalidad. Para hablar sobre el intercambio humanitario, la zona de Pradera y Florida estaría desmilitarizada no más de 45 días. Y el territorio despejado sería de 210 kilómetros, en una región muy poblada, con instituciones más sólidas y apenas a unos minutos de Palmira, la segunda ciudad más importante del Valle del Cauca.

Sin duda, las Farc piden estos dos municipios por razones estratégicas, ya que están ubicados en un entramado de corredores que comunican el Macizo C olombiano con el Pacífico. Corredores que son claves para su economía basada en la coca y para aliviar la presión que están sufriendo en el suroriente del país. Si las dejan, las Farc no perderán oportunidad para llevar el delito hasta allí y capitalizar a favor de su máquina bélica el espacio que les da el gobierno. Las Farc hacen cálculos militares y políticos, y no humanitarios. Eso hay que entenderlo sin autoengaños. Por eso mismo, la tarea de las Fuerzas Militares será que no se salgan con la suya. El país, que quiere el intercambio humanitario, no tolerará otro Caguán.

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