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| 3/14/2015 10:00:00 PM

Ministros a los que les gustaría ser presidente

Qué tan conveniente es para el gobierno que los ministros de Santos II sean más políticos y quieran más protagonismo.

Los ministros presentes, en camiseta y jeans, en la marcha por la vida que convocó Antanas Mockus llamaron la atención de más de uno. Más allá de que esa figura respondía a la decisión del gobierno de demostrar su apoyo decidido a la convocatoria, la imagen corroboró la idea de que los miembros del gabinete tienen una actitud diferente en el segundo cuatrienio del presidente Juan Manuel Santos. Tienen más visibilidad y están más en la calle. Son, de alguna manera, más políticos.

Nada que ver con el primer gabinete de Santos en 2010. Un equipo que se criticó por distante, bogotano y técnico. Hay un cambio evidente que no es consecuencia de una decisión estratégica ni de una renovación –de hecho, varios vienen del primer periodo– sino de la naturaleza y significado que tiene un segundo mandato. Santos ya no tiene que pensar en la reelección y se ha concentrado en prioridades claramente definidas y encabezadas por el proceso de paz y por el manejo de las relaciones internacionales. Dos temas relacionados entre sí, cercanos al corazón del presidente, y de los que depende el legado histórico de su gestión.

Y aunque hay otros asuntos –educación e infraestructura– que también están en el tope de la agenda, el Santos del segundo cuatrienio se parece a un jefe de Estado que delega el gobierno del día a día. Hay quienes lo critican por este estilo gerencial, en la medida en que Colombia es un país que solo funciona cuando el papá se mete en las minucias. Un jefe distante puede ser una fórmula inconveniente en un momento en el que hay tantos problemas por resolver.

Sin embargo, el creciente perfil público de los ministros también sirve para mejorar deficiencias detectadas en los primeros cuatro años como la falta de comunicación. Y más que una preferencia del primer mandatario, responde también a una realidad política. Los ministros empiezan a pensar en su carrera hacia adelante y, de manera consciente o no, a actuar en función de sus aspiraciones futuras. Esto es normal en los regímenes presidenciales, en los que el Ejecutivo suele ser el mejor escenario de proyección política que el Legislativo. Hillary Clinton así lo demuestra, para el caso de Estados Unidos: después de haber sido secretaria de Estado, hoy les gana en intención de voto a todos sus rivales que se han desempeñado más bien en el Congreso.

En el actual gabinete hay varias figuras que se pueden considerar presidenciales. Es decir, que han fortalecido su imagen pública gracias a la visibilidad mediática que reciben por su función ministerial o pública y que con

ese impulso buscarán subir en la cuesta de la política. Encabeza la lista el vicepresidente Germán Vargas Lleras –actual líder en las encuestas de favorabilidad–, quien ha hecho un hábil manejo estratégico de su paso por las carteras del Interior y Vivienda, y ahora como segundo a bordo. En cada puesto, Vargas se ha enfocado en los temas que tiene a cargo, y de esa manera ha eludido involucrarse en aspectos desgastantes. Para nadie es un secreto que el vicepresidente estará en el partidor para las elecciones de 2018.

Hay otros en la fila, bien sea para una opción presidencial o para otras alternativas. Las acciones de Juan Carlos Pinzón en el Partido de la U, una colectividad necesitada de figuras, se han valorizado y muchos cuentan con él cuando deje el Ministerio de Defensa. Lo cual –según

Semana.com– ocurrirá pronto para ocupar por un tiempo la embajada en Washington. Algo parecido ocurre con Mauricio Cárdenas y su partido, el Conservador, que también requiere nombres con prestigio. Y Cárdenas es el colombiano que más ministerios ha ocupado en los últimos años –Hacienda, Minas, Transporte, Desarrollo– y en varios gobiernos. Una novata que empieza a crecer es Gina Parody: maneja un asunto prioritario, la educación, y tiene conocimiento sobre el manejo de medios. Fue la figura cuya imagen más creció en la más reciente encuesta Invamer-Gallup.

Habrá que ver, también, el efecto que tendrá para Lucho Garzón estar tan cerca de los movimientos sociales: a él le caen los ‘chicharrones’ de las otras carteras, pero la idea de que es el bombero que apaga incendios y evita conflictos sociales puede rendirle beneficios a futuro. Y la repartición permanente de recursos que hace Aurelio Iragorri, el ministro de Agricultura, en su tarea de ejecutar el Pacto Agrario, le va a generar agradecimientos en varios sectores.

Los colaboradores más cercanos del presidente Juan Manuel Santos aseguran que no ha habido cambios en sus objetivos ni en su estilo. Pero es un hecho que las necesidades del segundo periodo son diferentes a las del primero. Aunque es el mismo gobierno, con un equipo que mantiene su núcleo hay, por ejemplo, otro Plan de Desarrollo. Uno que tiene más por entregar, porque recoge trámites y elaboración de proyectos que se llevaron a cabo en el primer mandato. Las visitas del propio mandatario a las regiones tienen que ver con que el gobierno quiere dejar en claro que ha entrado en una etapa de mayor ejecución y menos planeación.

Los cambios que se llevaron a cabo en la Presidencia, al comenzar el segundo cuatrienio santista, también han abierto espacio para un mayor protagonismo de los ministros. El número de consejeros se redujo a cuatro, sin contar a Sergio Jaramillo que está absorbido por el proceso de paz: Óscar Naranjo, Néstor Humberto Martínez, Pilar Calderón y María Lorena Gutiérrez. Esta reducción busca generar un equipo más funcional y compacto. Las tareas son más concretas y ya no hay competencia por el protagonismo entre los ministros y el alto número de consejeros que había en la primera administración Santos, que con frecuencia se pisaban las mangueras. El terreno les queda más despejado a los miembros del gabinete.

Lo cierto es que el segundo gobierno de Juan Manuel Santos apenas va a cumplir ocho meses y sería muy prematuro evaluar si el mayor protagonismo público del equipo ministerial es conveniente o no para mejorar la eficiencia de la gestión. Desde el punto de vista político y estratégico, no obstante, le sirve al gobierno para llenar espacios que no puede aprovechar la oposición. En la otra cara de la moneda, en el mediano plazo se pueden generar dinámicas de confrontación entre los ministros si el presidente no tira línea.

Hay quienes ven al gabinete dividido bajos los liderazgos de Néstor Humberto Martínez, el superministro, y de María Lorena Gutiérrez, ministra consejera de gobierno. En el grupo cercano al primero están el vicepresidente Germán Vargas y los ministros de Vivienda, Luis Felipe Henao, y de Transporte, Natalia Abello, ambos de su cuerda; también Juan Fernando Cristo, del Interior; Aurelio Iragorri, de Agricultura, y Luis Eduardo Garzón, de Trabajo. Más próximos a María Lorena Gutiérrez están los miembros del gabinete que vienen desde el cuatrienio anterior. Según otra visión, entre Martínez y Gutiérrez hay una división tácita que tiene que ver con sus afinidades profesionales: Martínez con la política, la Justicia y el Congreso, y Gutiérrez con las entidades de gasto y ejecución.

Pero que haya tensiones, divisiones y hasta conflictos en un equipo es una condición natural en política. Más cuando hay un gobierno de coalición entre varios partidos que en elecciones recientes compitieron a muerte. Estas fisuras son parte esencial de la administración pública y del juego del poder. Y mantener la unidad, o al menos la convivencia y la coherencia, es la principal función del director de la orquesta.
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