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| 6/29/1998 12:00:00 AM

EL CAMBIO ES AHORA

Dado su inesperado segundo puesto en la contienda Pastrana tiene que hacer ajustes en su campaña.

Si en la noche del domingo en alguna campaña había caras tristes, éstas estaban en la de Andrés Pastrana. Este, respaldado por las encuestas, había planteado en los últimos días que podía, inclusive, ganar en primera vuelta o, por lo menos, mantener un amplio margen frente al candidato liberal. La repetición de este mensaje frente a los resultados del domingo (3.600.000 votos) hizo que el sabor de derrota fuera más amargo que el que realmente dejaron los números. Sus dos grandes problemas fueron Bogotá y la Costa. El de Bogotá tiene nombre propio: Noemí Sanín, que barrió en la capital. El de la Costa es menos claro. Como es un fortín tradicional de la maquinaria liberal la campaña pastranista decidió neutralizarlo con el nombramiento de un vicepresidente costeño, Gustavo Bell. Pero el efecto de su nombramiento fue como la espuma, cuestión de semanas. El mensaje de que 'Andrés es el cambio' con una campaña sin enfrentamientos era ideal para el inicio de la contienda electoral y para remontar el alto porcentaje de imagen negativa que registraba. Las encuestas le daban la razón. Sin embargo, al calentarse la campaña y al tener que disputarse con Noemí Sanín un mismo terreno, Pastrana se quedó corto. En los últimos 15 días Noemí empezó a pisarle los talones. La carismática ex canciller logró posicionarse ante el electorado como una alternativa independiente, sin ataduras con el pasado y sin compromisos burocráticos. Los puntos que perdió Andrés en las dos últimas semanas acabaron en las toldas de Noemí. De no haber sido por este fenómeno Pastrana habría podido ganar por un amplio margen en la primera vuelta. Pero en un país como Colombia la política cambia todos los días y nadie vivió más la fluidez de esa situación que el candidato conservador. Así como tenía el negativo más alto y en dos meses llegó a ser el candidato preferido, en dos semanas perdió la quinta parte de lo que había logrado. Andrés, quien había sido el símbolo de la renovación y el fenómeno político hace cuatro años, acabó siendo un candidato más a la Presidencia de la República. Pero fue un buen candidato. Tal vez su mayor acierto fue haber permanecido en la sombra hasta hace apenas dos meses. Estoicamente aguantó toda el agua sucia que le caía y esperó a que la evolución de los acontecimientos le acabara dando la razón. En cierta forma así sucedió. El deterioro del gobierno de Samper acabó reencauchando al hombre que había permanecido al margen y que lo había denunciado. La crisis de corrupción y la catástrofe económica era tan grande que la gente lo que quería era a alguien que representara todo lo contrario. Y ese, durante algún tiempo, fue Andrés Pastrana. El 'coco' de Noemí le aguó la fiesta por unos días y ahora, con ella por fuera de la segunda vuelta, sus pronósticos son muy optimistas. Puede que Noemí Sanín y Andrés Pastrana tengan diferencias personales muy grandes, pero políticamente son más afines que Noemí y Serpa porque no son símbolos del continuismo del actual gobierno. Más que en favor de Pastrana la gente votó en contra de Samper. Pero como no estaba solo y tuvo que compartir el voto protesta con Noemí, los resultados fueron menos espectaculares de lo esperado. Un hecho que hay que reconocerle a Andrés es el carácter positivo de su campaña presidencial. Era de esperarse que a una persona que consideraba que le habían robado las elecciones y que había recibido todo el palo del gobierno se le notara el resentimiento. Si lo tenía no se le notó. Su campaña fue constructiva, no hubo insultos y nunca mencionó el proceso 8.000. Todo esto llegó a darle la imagen de un hombre excesivamente moderado que no liberaba la adrenalina del electorado. Serpa y Noemí daban garrote a diestra y siniestra y levantaban aplausos. Andrés actuó más como un candidato sobrado en las encuestas, que no quiere arriesgar su capital político, que como un candidato que se la está jugando en un mano a mano por la Presidencia de la República. Dados los resultados, es probable que la estrategia tenga que replantearse.
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