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| 5/16/2009 12:00:00 AM

El candidato alternativo

Sin partido, sin maquinaria, sin medios de comunicación, Sergio Fajardo disputa el primer lugar en las encuestas.

Si algo ha llamado la atención en todas las encuestas a la Presidencia es el posicionamiento que tiene Sergio Fajardo desde el inicio del proceso electoral. Al fin y al cabo, luego de su paso por la Alcaldía de Medellín era un hombre sólo conocido en Antioquia y sin mayor presencia en los medios masivos de comunicación. Desde entonces, se ha dedicado a recorrer el país como el profesor Moncayo: camina los barrios, abraza gente, reparte volantes, se reúne con la comunidad, dicta conferencias. Un esfuerzo sin duda meritorio, y poco común en un candidato presidencial, pero que por sí solo no da para una proyección política nacional.

Sin embargo, en el más reciente sondeo de Datexco Fajardo puntea entre los candidatos a la Presidencia con 13,9 por ciento, y en la última encuesta de Invamer Gallup le gana en intención de voto -por una nariz- a Juan Manuel Santos, un peso pesado para la próxima contienda. A estas alturas, y a pesar de que sigue siendo un perfecto desconocido para casi la mitad del país, nadie discute que Fajardo es uno de los candidatos favoritos para 2010.

¿Qué explicación puede tener que un hombre sin partido, sin maquinarias y sin medios esté desde ya punteando en las encuestas?

La primera explicación es su carisma. Fajardo proyecta una imagen fresca y renovadora. Sus jeans desteñidos y sus camisas remangadas y sin corbata lo hacen más parecido a un actor de cine de Hollywood que a un político de Antioquia. A sus 53 años, mantiene intacta su pinta desabrochada de profesor universitario desde cuando dictaba clases de matemáticas en la Universidad de los Andes y en la Nacional. Cuando llega a los pueblos reparte volantes escritos en su propia letra, no se sube a las tarimas y esconde a los escoltas. Así, no pretende posicionarse como un líder distante que orienta al pueblo, sino como un amigo cercano en quien se puede confiar.

En su año largo de campaña ha recorrido 123 municipios en 30 departamentos donde ha buscado tres cosas: darse a conocer, oír a la gente y enviar un mensaje inspirador pero aún sin propuestas concretas. Ningún colombiano que hoy quiera votar por él sabe qué propuestas tiene para el país más allá de generalidades sobre las oportunidades, el pluralismo, el bien común y demás conceptos abstractos en los que la totalidad de los colombianos está de acuerdo.

Cuando le hacen preguntas sobre temas concretos y espinosos, su caballito de batalla es responder que él y su equipo están estudiando el país y que no es responsable entrar por ahora en el terreno de las propuestas. Es evidente que sigue al pie de la letra la estrategia de campaña y su único propósito en esta fase es que lo conozcan como el hombre que transformó a Medellín -con una presentación en Power Point que ha proyectado infinidad de veces- y repite hasta el cansancio sus principios básicos de "no tener precio" y "nuestros principios no son negociables".

Más allá de su carisma, que no es más que una relación emocional con la gente, su credibilidad está en su gestión como alcalde. Y esa es su segunda gran fortaleza. Fajardo armó un gabinete municipal con figuras poco conocidas en el mundo de la política, pero con gran reconocimiento en la empresa privada y en el sector académico y le dio un revolcón a la ciudad que lo llevó a convertirse en el mejor burgomaestre del país, (un reconocimiento hecho por Colombia Líder) y a recibir otros cinco premios de importancia en el mundo como el 'Ciudad de Barcelona'. Esta condición le ha abierto las puertas en el resto del país, le da seriedad en el manejo de la gestión pública y brinda la confianza de que sabe coger las riendas en temas tan sensibles como la seguridad y las finanzas públicas.

Un tercer elemento que explica su ascenso en las encuestas es su neutralidad en materia política. En un país cada vez más polarizado y donde la política se ha convertido en un campo de batalla entre uribistas y antiuribistas, la candidatura de Fajardo cae bien porque no es beligerante. La posible perpetuación de Uribe en el poder ha enrarecido el ambiente político. Los candidatos liberales y del Polo Democrático buscan atajar a los candidatos del uribismo y viceversa, y se vislumbra el pulso electoral de dos grandes coaliciones como si dos trenes fueran a chocar de frente a toda velocidad.

En medio de ese enfrentamiento sin matices, Fajardo es el único de los candidatos que no es percibido ni como uribista ni como antiuribista. Tiene el menor grado de resistencia en los dos bandos. Para los uribistas no es antiuribista y para los antiuribistas no es uribista. Y a diferencia de los demás candidatos, fue el primero en anunciar, desde enero del año pasado, que será candidato sin importarle si Uribe se lanza o no a la contienda.

El factor que sostiene su impulso es su estrategia de campaña, que se resume en tres cosas: contacto directo con la gente, trabajo con voluntarios e Internet. Un estilo de campaña nunca antes visto en Colombia. Como Fajardo decidió prescindir de los políticos como intermediarios con los electores, está ahora en la tarea de construir una gran infraestructura para organizar a los voluntarios. El esquema está inspirado en el que usó Barack Obama para llegar a la Presidencia de Estados Unidos, que en el primer mes de su campaña completó una red de más de 9.500 espontáneos que llegaban a las sedes para llamar por teléfono, enviar correos electrónicos o repartir volantes puerta a puerta.

En el caso de Fajardo, el papel de los ciudadanos no se queda allí. Una vez entran en contacto con los coordinadores regionales, asisten a reuniones en las que -según su fuerte- determinan si quieren vincularse al grupo de jóvenes, al de comunicaciones o al de logística. El fajardismo tiene más de 9.000 voluntarios en el país, 1.500 de ellos en Bogotá, que desde el 4 de junio se encargarán de recoger las 370.000 firmas que se necesitan para registrar el movimiento 'Compromiso Ciudadano por Colombia' con el que se inscribirá el candidato.

Son muchos los municipios a los que ha llegado sin un solo contacto. Hacen una llamada telefónica, casi al azar, para empezar a armar un grupo que los oriente. En la agenda de cada ciudad tiene varias citas fijas: el colegio o la universidad, la cámara de comercio y la calle para 'volantear'. A cada persona a la que le da la mano, le dice: "Mucho gusto, yo soy Fajardo y quiero llegar a la Presidencia. Estos son los principios con los que estoy haciendo campaña". Hasta el momento, en todo el país, han repartido más de 700.000 volantes.

Por Internet

Y tal vez el punto que puede marcar una gran diferencia es el de Internet. Quien se sumerja en su página y navegue por la red entenderá de qué se está hablando. Como ningún otro candidato, ha entendido que ya Internet hace tiempo dejó de ser un simple instrumento de comunicación y se ha convertido en un complejo mundo de redes sociales donde a la gente le gusta entrar y participar.

No sólo usa los ya 'tradicionales' You Tube, Facebook y Twitter, sino también el Flickr, que es menos usado en Colombia. Es una página para manejo de fotografías en las que se pueden ver cientos de todas la correrías de Fajardo. En You Tube tiene un canal propio con videos en los que desde cualquier calle del país les manda mensajes de aliento y les tira línea a sus seguidores. En Facebook el fenómeno es pocas veces visto en Colombia, ya se han creado 160 páginas de apoyo a su candidatura. Hay páginas de jóvenes de Caquetá hasta de abogados de Huila. Y en Twitter no ha caído en la tentación de otros candidatos de utilizarlo sólo para informar sobre su agenda, sino para difundir su pensamiento. La última entrada dice: "Cuando el poder se excede, tarde o temprano se estrella".

Todo el manejo de Internet les da un aire de modernidad a Fajardo y a su campaña. El equipo del candidato aparece retratado en la página como joven, fresco, alegre y bien preparado.

Fajardo tiene además un as bajo la manga y es que apenas lo conocen poco más de la mitad de los encuestados. Tiene un alto margen de crecimiento en intención de voto, lo cual es una condición privilegiada para un candidato, según los expertos en estrategia. A diferencia de los candidatos que ya no tienen para donde crecer porque los reconoce la mayoría de los colombianos, Fajardo tiene el encanto de lo nuevo y la ventaja de lo desconocido.

Los problemas

Pero no todo es luna de miel en su campaña. Paradójicamente, su talón de Aquiles es su mayor virtud: encabezar las encuestas. Los estrategas políticos saben más que nadie que las elecciones son, ante todo, faenas de seducción. Y en la opinión, las emociones duran poco. Por eso, a ningún candidato le gusta escaparse del lote demasiado temprano: siempre terminan alcanzándolo en el sprint final. Por eso el mayor temor en la campaña de Fajardo es dispararse en las encuestas, y eso es precisamente lo que está pasando. Debe haber preocupación en sus cuarteles generales.

El otro dilema que enfrenta es el de las propuestas. Hasta ahora la hojarasca de peleas, denuncias, insultos y debates en las que se ha enfrascado el país ha jugado a su favor. Pero pronto llegará el momento de las definiciones para ver dónde está parado Fajardo en temas tan sensibles como el acuerdo humanitario, la negociación política con las Farc, la dosis personal, el aborto, las zonas francas, entre muchos otros. Sus frases idealistas y cautivadoras inspiran pero no convencen. El problema en Colombia no es lanzar consignas angelicales para 'acabar con la pobreza', 'mejorar la educación', 'respetar la vida'. El desafío para todo político serio es cómo hacerlo. Y en ese terreno, el de la política real del debate y la dialéctica, Fajardo no se ha medido.

Y es ahí donde sus contrincantes políticos le van a cuestionar su manejo de la seguridad en Medellín. Para algunos analistas hubo una 'Donbernabilidad', es decir, que los índices de seguridad durante su mandato bajaron no por la eficiencia de las autoridades, sino porque el gran capo de entonces, alias 'Don Berna', tenía un férreo control sobre los ejércitos de sicarios de la 'Oficina de Envigado'. Y cuando lo extraditaron, se reacomodaron las mafias y vinieron las vendettas y se disparó la inseguridad en la ciudad. Y en estos debates concretos es en donde Fajardo va ha mostrar su talante como candidato en los próximos meses.

Para muchos analistas hay una gran similitud entre la primera campaña a la Presidencia de Álvaro Uribe y la actual de Sergio Fajardo. Uribe, quien fue elegido en su momento mejor gobernador del país, se fue con su premio debajo del brazo a recorrer todo el territorio para mostrar las virtudes de su gestión. Solo y sin partido, en esas correrías Uribe logró saltar de popularidad regional al reconocimiento nacional.

La diferencia con Fajardo es que mientras Uribe se reunía durante la mañana con el pueblo y por la tarde con los políticos, Fajardo sólo le apunta al voto de opinión y el discurso de su campaña cabalga sobre el desprestigio de los políticos.

Por eso lo que se está definiendo en esta campaña es si en Colombia llegó el momento en que un candidato puede ganar sólo con el voto de opinión. El encuestador y analista de opinión Carlos Lemoine dice que ya es posible por la cantidad de voto independiente. La fragmentación de los partidos y los movimientos caudillistas han dejado un espacio abierto para nuevas propuestas. Y otra pregunta por resolver es qué hará Fajardo cuando empiecen a acercársele los políticos tradicionales que acostumbran a caer en paracaídas en las campañas de alto rating.

Pero el camino es todavía muy largo y los candidatos que deberá enfrentar Fajardo no son ni mancos ni cojos. Todo lo contrario, muchos tienen el mismo carisma, más experiencia y cuentan con el apoyo de estructuras políticas que jalan mucho voto.

Esta campaña apenas está comenzando. Falta prácticamente un año para las elecciones y eso en política es mucho tiempo. Fajardo ha puesto de arranque la vara alta pero falta un trecho considerable lleno de desafíos.

Si John F. Kennedy fue el primer presidente elegido por la televisión en Estados Unidos y Obama el primero elegido por Internet, Sergio Fajardo, apoyado por las redes sociales e Internet, pretende ser el primero elegido por la opinión en Colombia. Una tarea nada fácil.
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