Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/03/05 00:00

El candidato oculto

El conservatismo no apoyará a Noemí en la primera vuelta. Se lanza con candidato propio.

El candidato oculto

En Colombia todo el mundo habla de las próximas elecciones presidenciales como un mano a mano entre Noemí Sanín y Horacio Serpa, con la incógnita de la tercería de Alvaro Uribe Vélez. Sin embargo lo que pocos saben es que en estos momentos hay una puja interna dentro del Partido Conservador para escoger un candidato oficial de esa colectividad para que se enfrente a esos tres candidatos en la primera vuelta.

Los aspirantes del Partido Conservador a esa candidatura son cuatro: dos que son considerados de las entrañas del pastranismo y dos con capital político propio. Los pastranistas son el canciller Guillermo Fernández de Soto y el ministro de Desarrollo, Augusto Ramírez Ocampo. Ambos están considerando la posibilidad de renunciar antes de que se venza el plazo para la inscripción de las candidaturas para no inhabilitarse. Ello sería antes de abril próximo.

Los otros dos precandidatos del Partido Conservador serían Fabio Valencia Cossio, recientemente nombrado embajador en Roma, y Juan Camilo Restrepo, actual embajador en París. Los dos renunciarían a sus cargos diplomáticos si deciden lanzarse.



La convención decide

Las reglas del juego van a ser las mismas que esa colectividad ha venido empleando en las últimas contiendas electorales. El Partido Conservador es más disciplinado que el Liberal y es casi seguro que todos acatarán lo que determine la convención. A ella asistirán cerca de 8.000 delegados, quienes elegirán a uno de los cuatro aspirantes.

Como es de esperarse, cada uno de ellos tiene sus más y sus menos. Guillermo Fernández de Soto es el más cercano al presidente Pastrana y ha sido el poder detrás del trono durante este gobierno. Sin embargo, de todos los aspirantes, el Canciller es tal vez el menos carismático electoralmente. “Guillermo Fernández es un estadista sin duda alguna pero no tiene votos y eso en una convención es mortal”, dijo a SEMANA un senador conservador.

El ministro Augusto Ramírez Ocampo, por su parte, tiene experiencia y prestigio pero evoca más al pastranismo de Misael que el de Andrés. No obstante su nombre es muy bien recibido en los pasillos del Congreso por un grupo de parlamentarios que le reconocen su trayectoria política y su hoja de vida.

Juan Camilo Restrepo, el tercero en discordia, fue un decoroso candidato cuando se enfrentó a Andrés Pastrana en la pasada convención conservadora. En efecto, después de recorrer la gran mayoría de los municipios del país hablando con los líderes conservadores, Restrepo midió fuerzas con Pastrana y obtuvo un sorpresivo 40 por ciento de respaldo. Pero para Juan Camilo las cosas hoy por hoy han cambiado. El Ministerio de Hacienda, al que llegó con las más altas calificaciones, más que catapultarlo a la Presidencia lo chamuscó.

En lo que tiene que ver con Fabio Valencia Cossio, aunque no hay duda que le cabe el país en la cabeza y lo respeta el Congreso, es percibido aún por la opinión pública más como un jefe regional que como jefe nacional. “Su papel protagónico en el proceso de paz con las Farc le ayudó mucho a desantioqueñizarse”, afirmó un parlamentario liberal.

No obstante, Valencia tendría que enfrentarse a una aguda división regional producto del respaldo ofrecido por el ex ministro Luis Alfredo Ramos al alcalde de Medellín, Luis Pérez, quien derrotó al jefe conservador después de muchos años de mandar en la capital paisa. Esta división de la colectividad no sólo le hizo perder la Alcaldía de Medellín y la gobernación del departamento a Valencia Cossio, sino que le restaría un buen número de votos de los delegados de Antioquia a la convención del partido.



¿Quien manda a quien?

Ante estas circunstancias hay quienes creen que la última palabra la tiene el Presidente de la República, quien es el jefe natural del partido. Sin embargo esta premisa no es tan obvia. Andrés Pastrana no tiene ni la fuerza ni el prestigio para darles órdenes a unos caciques con más vuelo y recorrido que él. Con burocracia, un Presidente de la República puede controlar a los congresistas. Pero al final del gobierno ya no hay nada que dar ni que esperar. Por lo tanto la convención del Partido Conservador será autónoma a la hora de escoger candidato.

Por otro lado, ninguno de los concejales, diputados y congresistas conservadores que asistirán a la convención es lo suficientemente ingenuo para pensar que el Partido Conservador va a ganar las próximas elecciones presidenciales. Por ello la convención será un acto ritual para recordar que existe un partido político, que para la mayoría de la opinión pública está en vías de extinción.

La meta del conservatismo es obtener una votación no inferior al millón de sufragios. Posteriormente esa fuerza política será utilizada para negociar algo en la segunda vuelta electoral. A menos que se produzca el palo de que Alvaro Uribe Vélez pase a la segunda vuelta, lo previsible es que el grueso de los conservadores apoye a Noemí Sanín en su mano a mano con Horacio Serpa.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.