Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2016/08/07 14:47

El caos monumental que reina en los cementerios del país

Aunque se cree que muchos de los desaparecidos están enterrados en los camposantos, no será fácil dar con ellos. No hay registros y los restos fueron mezclados. No se conoce la dimensión de este desastre.

El caos monumental que reina en los cementerios del país Foto: Archivo particular.

El plan de búsqueda de desaparecidos en Medellín llevó a los investigadores de la Fiscalía a realizar excavaciones en el Cementerio Universal, donde habría entre 1.200 y 3.000 personas no identificadas. En una semana de trabajos, entre el 25 y el 30 de julio, el objetivo era encontrar nueve cuerpos. Sólo se hallaron dos.

¿Por qué no se cumplieron las expectativas? En pocas palabras, porque el Cementerio Universal es un completo caos. “Aquí ha pasado de todo: si usted necesitaba un diente, aquí se lo vendían. Hasta se dice que las universidades se prestaron para eso”, aseguró un funcionario de la Fiscalía que participó en las exhumaciones.

“Además no hay archivos. No hay control. El sepulturero, bajo su criterio, inhumaba y exhumaba. Para ponerle orden a esto habría que levantarlo todo”, señaló.

Este mismo escenario se replica en cientos de cementerios de todo el país. En Colombia existe por lo menos un camposanto en cada uno de los 1.102 municipios, pero las ciudades principales pueden tener hasta 30. Medicina Legal estima que en el país habría entre 3.000 y 5.000 cementerios, el 70 % de ellos administrados por las parroquias, y los restantes, por las alcaldías.

Históricamente en el país nadie se preocupó por el estado de los camposantos. Sólo en el 2011, cuando Medicina Legal creó el Plan Cementerios para recuperar los cadáveres no identificados que yacen allí, se empezó a hablar con preocupación del enorme desorden que existe en gran parte de ellos.

Muy pronto Medicina Legal concluyó que no sería tarea fácil cumplir esta misión. “Existe un desorden impresionante -sentenció Carlos Valdés, director de la entidad-. No hay registros. Y en muchos casos han movido los cuerpos de las personas no identificadas y los han mezclado”.

El informe Forensis 2015 de Medicina Legal, publicado la semana pasada, concluyó que en el país existen 78.973 desaparecidos. Pero esa cifra podría ser 20 % más alta, señaló Valdés, si se tienen en cuenta los registros de personas no identificadas que quedaron refundidos en los cementerios. “Y eso sin hablar de las fosas clandestinas”, advirtió.

En otras palabras, el desorden histórico que ha reinado en los camposantos del país es hoy un enorme obstáculo para encontrar a los desaparecidos. Y en ese sentido, no será tarea fácil cumplir el compromiso que el Gobierno y las FARC pactaron en La Habana en octubre pasado.

A través del comunicado 62, se acordó que se tomarían medidas inmediatas para buscar, ubicar, identificar y entregar los restos de los desaparecidos del conflicto armado. Además, se convino crear una unidad especial con el mismo fin.

Sólo ahora el Ministerio del Interior está haciendo una radiografía detallada del estado de los cementerios del país, con el objetivo de registrar cuántas personas sin identificar yacen en ellos.

El grupo de 22 antropólogos, economistas, estadistas, arquitectos y abogados que está trabajando en esta misión ha visitado hasta ahora 308 cementerios en 280 municipios. Los hallazgos le dan la razón a Carlos Valdés: existe un desorden monumental.

Apenas en el 63 % de estos cementerios, los empleados tienen un contrato laboral formal. En el resto la vinculación laboral se hace con la mayor de las informalidades, e incluso muchos trabajan como “voluntarios que viven de los aportes de las familias en el momento de enterrar a sus difuntos”, contó Jenny Martínez González, líder del proyecto Búsqueda de personas no identificadas en cementerios, de la Dirección de Derechos Humanos del Ministerio del Interior.

Sin embargo, la mayor problemática que han encontrado es la disposición de los restos de las personas no identificadas. Cada cementerio debería tener una área destinada exclusivamente a la inhumación de estas personas. Y no sólo eso, los restos tendrían que estar en el mismo lugar de manera permanente, para que las autoridades puedan acceder a ellos en cualquier momento y hacer los respectivos análisis de identificación.

Pero la realidad está muy lejos. Sólo el 61 % de los cementerios que el Mininterior ha registrado cuentan con esta área específica denominada inhumación estatal. “¿Qué está pasando? Los sacan de allí y los trasladan a osarios comunes o a fosas comunes. El mayor riesgo es que muchas veces no se documentan esos traslados”, aseguró Jenny Martínez.

Existe también el riesgo de que los sitios a donde son trasladados no cumplan las condiciones técnicas necesarias para que los restos se conserven. “A veces los ‘embolsan’, y en ese estado los restos se pueden degenerar y mezclar. Recuperarlos va a requerir mucho tiempo y esfuerzo”.

Sólo el año pasado se creó una normatividad sólida para proteger los cuerpos de personas sin identificar. El Decreto 303 de febrero de 2015 dicta unas disposiciones para este fin.

Pero ya ha corrido demasiada agua debajo de ese puente. En casi 60 años de guerra interna, los cementerios han sido los receptores de cientos y cientos de víctimas que llegaban como “NN” y terminaban en cualquier rincón, o donde el sepulturero dispusiera. Y no hay registro de eso. Ya el Gobierno está haciendo un trabajo paciente para entender la dimensión del desastre. Y no es de extrañar que en algunos casos, como dijeron los investigadores de la Fiscalía que excavaron el Cementerio Universal de Medellín, sea necesario “levantarlo todo” para ponerle orden a este caos.

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