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| 2/4/2012 12:00:00 AM

El capo invisible

Uno de los nuevos reyes del narcotráfico en Colombia es un sobreviviente de las guerras de la mafia y hoy es el hombre clave del grupo los Urabeños y del bajo mundo en Medellín. Su alias le hace honor a su vida: Mi Sangre.

Desde que nació, en el barrio Boston de Medellín hace 40 años, Henry López ha tenido una carrera fulgurante. En 20 años pasó de 'lavaperros' de la Oficina de Envigado (el soldado raso de la cadena del narcotráfico) a ser la gran figura del bajo mundo en Medellín y uno de los capos más importantes del momento.

Mi Sangre, como se le conoce, se ha salvado en numerosas oportunidades de ser asesinado en vendettas de narcos y paras, y de ser capturado. La mayoría de sus enemigos están presos, extraditados o muertos. La suerte y la habilidad le han permitido llegar a la cabeza de una de las organizaciones que dominan el panorama del narcotráfico posterior a los grandes carteles.

Su asociación con dos presos notables de la cárcel La Picota que siguen manejando el tráfico de cocaína -Daniel Rendón, alias Don Mario, y Dumar Guerrero, alias Carecuchillo- y con los hermanos Úsuga, jefes de los Urabeños -uno de los cuales murió en una operación policial a fin de año-, ha convertido a Mi Sangre en una de las grandes figuras del narcotráfico de hoy. Gracias a esas alianzas, se está consolidando como el mandamás en la guerra que viene librándose al interior de la célebre Oficina de Envigado, en Medellín, desde donde opera y controla cada vez más combos y pandillas.

Aunque en Colombia no tiene una sola orden de captura, Mi Sangre tiene un largo historial en las agencias antidrogas extranjeras. A comienzos de la década de los noventa trabajó para la Oficina de Envigado, en actividades de poca monta como consignaciones de dinero, transporte de armamento y de mujeres hermosas acompañantes de los narcotraficantes. Su habilidad para sobornar a miembros de la fuerza pública le ayudó a escalar rápidamente.

Desde la Oficina se relacionó con los paramilitares del Bajo Cauca antioqueño y Córdoba. Allí conoció a un hombre que suministraba químicos para los laboratorios y que luego compraría una franquicia para pasar por paramilitar en las negociaciones de 2002 a 2006: Miguel Arroyave, jefe del bloque Centauros, en el Meta. A finales de 1999, como parte de la expansión de ese grupo, se creó en Bogotá el llamado bloque Capital. A su mando fueron designados Diego Ruiz Arroyave, primo de Miguel y hoy preso en Estados Unidos, y Mi Sangre, quien se hacía llamar Carlos Mario o Salvador. A principios de 2000, con la complicidad de miembros de la fuerza pública, el grupo se tomó sectores del sur de la ciudad de Bogotá al implantar toques de queda, controlar las ollas del vicio y cobrar extorsiones al comercio. Estableció su base en los sanandresitos.

En septiembre de 2004 Arroyave fue asesinado y su organización cambió de mandos. Don Mario y Dairo Úsuga, que hacían parte del bloque Centauros, se fueron del Meta a Urabá. Mi Sangre se desmovilizó como combatiente raso del bloque Centauros en septiembre de 2005, pero siguió manejando su oficina de cobros en Bogotá. Su nombre apareció por primera vez en 2007 cuando SEMANA reveló conversaciones en las que el entonces senador Ciro Ramírez iniciaba un contacto con él.

Durante ese año, Mi Sangre intentó expandirse hacia Medellín y ordenó asesinar a un miembro de la Oficina de Envigado controlada por Don Berna, quien estaba desmovilizándose. Esto le trajo serios problemas: "Yo tuve que esconderlo en mi finca en Ralito y con la ayuda de Macaco y Julián Bolívar impedimos que Berna y Rogelio mataran a Mi Sangre", declaró a la Corte Suprema de Justicia a mediados del año pasado Juan Carlos Sierra, alias el Tuso.

Tras salvarse de ser asesinado, se refugió en Argentina. Hace casi dos años, luego de la extradición de don Berna y de la salida de escena de otros poderosos enemigos que tenía en Antioquia, regresó a Colombia y se reunió con sus antiguos aliados, los Úsuga. Se instaló en Medellín y allí selló un pacto con la facción de Valenciano de la Oficina de Envigado, que estaba en guerra con la de Sebastián, la más poderosa.

Desde entonces, aliado con Don Mario y Carecuchillo -quienes desde la cárcel siguen manejando los hilos-, y con los Úsuga, Mi Sangre ha expandido el poder de los Urabeños dentro y fuera del país. Por medio de correos humanos, las órdenes van y vienen desde La Picota y el grupo está en cada vez más departamentos. Otoniel, Gavilán, Surley, Belisario y Alex son algunas de las figuras del grupo en Urabá y parte de la costa Caribe para el envío de droga. El Tigre, Michael y Farid, antiguos lugartenientes de Carecuchillo, controlan el negocio a lo largo de un eje que cubre a Casanare, Guaviare y Vichada. Dos viejos conocidos de Mi Sangre manejan el Bajo Cauca y el Magdalena Medio: Corozo y el Negro Mosquera, compañero de una famosa modelo antioqueña. Recientemente, han empezado a disputarle Cúcuta a los Rastrojos.

La alianza ha traspasado las fronteras. Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, se convirtió en otro enclave para el procesamiento y tráfico. Allí se encuentra Conejo, el 'cocinero' personal de Don Mario, encargado de los laboratorios. Alias Pablito, antiguo jefe de seguridad de Don Mario, protege a alias la Flor, líder de la operación de los Urabeños en Bolivia. Hadinson, en Panamá, y Nene, en Guatemala, son los enlaces para llevar la droga a México.

Paradójicamente, la muerte o captura de sus aliados le ha servido también a Mi Sangre para consolidarse. En noviembre, Valenciano fue capturado en Venezuela. Mi Sangre avanzó en el control de combos y pandillas en Medellín. En diciembre, murió en una operación policial Juan de Dios Úsuga, y Mi Sangre quedó aún mejor posicionado en los Urabeños. Ahora está arrinconando a Sebastián y haciéndose al control del bajo mundo de la capital antioqueña. Si las cosas siguen como van, nada de raro tendría que este sobreviviente de las guerras del narcotráfico termine opacando a sus antiguos jefes.
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