Sábado, 21 de enero de 2017

| 2002/03/18 00:00

El casete del fútbol

En Colombia se ha hablado de nexos entre fútbol y narcotráfico. SEMANA revela una grabación que levantará ampolla.

El casete del fútbol

El fútbol en Colombia se está moviendo más que nunca. Pero al contrario de lo que los hinchas de este deporte de multitudes desean, las jugadas no ocurren en el césped sino en los estrados judiciales, en improvisados encuentros a puerta cerrada y, lo más grave, aparentemente en pabellones de las cárceles de alta seguridad.

Al menos eso se desprende de una grabación hecha por los organismos de inteligencia en la que dos influyentes directivos conversan sobre la importancia de tener el apoyo de ‘El Señor’ para la elección de la presidencia de la Federación Colombiana de Fútbol y de la Dimayor, los dos máximos entes rectores de este deporte en el país. Según informes de inteligencia conocidos por SEMANA, ‘El Señor’ es uno de los alias como en el mundo de la mafia se le llama a Miguel Rodríguez Orejuela. En la conversación los protagonistas hablan de la importancia de ir a Palmira para obtener la bendición. Coincidencialmente, en la actualidad Miguel y Gilberto Rodríguez, los dos jefes del cartel de Cali, purgan sus penas en la Penitenciaria Nacional Villa de las Palmas de Palmira. (Ver texto de la grabación).

Al margen de la incidencia de esta conversación en una decisión tan trascendental como es la elección de los dos cargos más importantes del fútbol nacional, lo cierto es que la actuación de los dirigentes ha dejado muy mal sabor en la opinión pública. Hace menos de 15 días, por ejemplo, más de la mitad de los clubes profesionales querían imponer a Juan José Bellini, un hombre con claros nexos en el pasado con la mafia de Cali en la presidencia de la Dimayor, el ente rector del fútbol profesional.

Esto ocurrió en una reunión a puerta cerrada en el club El Nogal de Bogotá, realizada el martes 5 de marzo, a la que asistieron siete presidentes de clubes y cuatro dueños de equipos, quienes querían imponer a toda costa a Bellini en el cargo, quien estuvo en la cárcel durante cuatro años por un delito de enriquecimiento ilícito. “Por experiencia Bellini era la persona ideal para manejar la Dimayor, nos reunimos con varios presidentes y todos lo apoyábamos hasta cuando por las presiones del gobierno él decidió apartarse”, dijo Efraín Pachón, presidente del Cúcuta Deportivo, uno de los asistentes a esa reunión y quien insólitamente representa a un equipo fantasma que no juega ni en la primera división ni en la B aunque tiene voz y voto en las decisiones de las asambleas.

Frente a lo que se estaba cocinando, el director de Coldeportes Diego Palacios debió salir a declarar que “el gobierno nacional no veía con buenos ojos el nombre de Bellini” y luego el propio presidente Andrés Pastrana fue categórico ante sus hombres de confianza en una reunión en la Casa de Nariño en la que afirmó que no permitiría que “fuerzas extrañas intenten apoderarse del fútbol colombiano o que sigan manejando este deporte en el país”.

¿Y cuáles son esas “fuerzas extrañas” a las que se refería el Presidente? “Al cartel de Cali”, respondió un miembro de la Comisión de Notables, grupo instalado el 10 de diciembre de 2001 por el propio Pastrana para que hiciera una evaluación de los problemas del fútbol colombiano. “Al cartel en general pero a Miguel Rodríguez Orejuela en particular. Es a este capo a quien realmente le apasiona este deporte porque aunque a su hermano Gilberto le llama la atención el fútbol no es algo que esté dentro de sus prioridades”, dijo una fuente que conoce a los dos jefes de esta organización.

Pero no sólo es la sombra de la mafia la que por estos días opaca al fútbol nacional. Como si esto no fuera suficiente, dos investigaciones han dejado en evidencia la olla podrida en que se ha convertido el fútbol colombiano. La primera tiene que ver con las indagaciones que realizaba el Tribunal Deportivo de la Federación, las cuales pretendían buscar claridad sobre el oscuro manejo de los contratos de la Copa América.

Dicho tribunal, sin embargo, se desintegró abruptamente. Dos de sus miembros renunciaron a su cargo. Y uno de ellos salió en medio del estupor por posibles amenazas en las que de nuevo aparecería el nombre de Miguel Rodríguez pues trascendió que supuestamente él envió un mensaje de advertencia a Mario Ramírez, uno de los tres miembros de ese tribunal, para que desistiera de “molestar” e “investigar” a Alvaro Fina, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol.

Sobre este episodio se llegó a afirmar que los mensajeros fueron Efraín Pachón, y Víctor Rosas, jefe de prensa de la Federación. “Pachón y Rosas supuestamente hablaron con Ramírez a nombre de los hermanos Rodríguez Orejuela”, escribió el pasado 20 de enero en su columna habitual de El Espectador Iván Mejía Alvarez, uno de los periodistas mejor informados del tema.

Sin embargo, en diálogo con SEMANA, Pachón negó que él y Rosas hubieran ido a amenazar a Ramírez: “Fue una desafortunada coincidencia que se presentó antes de su retiro, aseguró el presidente del club cucuteño. Nosotros lo visitamos a título personal, en ningún momento hablamos como enviados de alguien, sencillamente pasamos a tomarnos un tinto en la notaría donde él trabaja. Yo le dije que consideraba que Fina era un hombre bueno y que la gente que se equivocó eran las personas que lo rodeaban. Fue una charla cordial con un amigo. Y jamás me manifestó incomodidad con lo que yo le estaba diciendo”, agregó.

Además, en un intento por desvirtuar dicha investigación, Fina entabló una tutela hace tres semanas con el argumento de que se le estaban violando las garantías procesales. No obstante, la semana pasada un juez dictaminó que los argumentos de Fina carecían de valor, lo que en la práctica quiere decir que todas las actuaciones quedan en firme lo que abrió vía libre para continuar con la investigación. “Esa tutela buscaba empantanar el proceso, dilatarlo no sé con qué intenciones, pero no lo consiguieron. Ahora lo importante es que nombren por lo menos a otro miembro para que el tribunal tome una decisión”, le dijo a SEMANA Germán Valencia, el único miembro activo de este organismo.

La segunda investigación es la de Coldeportes. El miércoles de la semana pasada Coldeportes les pidió explicaciones a Fina, y al tesorero de la Federación, Gustavo Moreno Jaramillo, por los supuestos manejos irregulares de la boletería y los contratos de comercialización de la Copa América 2001. El organismo decidió formularles cargos a los dos dirigentes. El caso iría más allá de sanciones morales o éticas pues el viernes, el director de Coldeportes, Diego Palacios, anunció que enviaría una serie de documentos y grabaciones a la Fiscalía General de la Nación. Esto compromete la continuidad de Fina. “Yo como presidente de la Difútbol creo que no se debe elegir a ningún miembro de la Federación hasta cuando las investigaciones hayan concluido porque es obvio que varios miembros de la Federación están sub júdice”, le dijo a SEMANA Alvaro González, presidente de la Difútbol, organismo que controla las divisiones aficionadas de este deporte y que también hace parte de la Federación.

‘Pelota caliente’

A sus 57 años de edad, es extraño ver a Fina en público salido de casillas. Al contrario, desde que llegó a este cargo, en 1996, tras la salida de Bellini, el ‘presidente’, como le gusta que lo llamen, ha hecho grandes esfuerzos por mostrarse receptivo y afable pese a sus gestos chabacanos.

Sin embargo, la intención de mantener buenos modales ha empezado a resquebrajarse en los últimos días debido a la acumulación de escándalos en que se ha visto salpicado y que, por primera vez, amenazan con separarlo del cargo. El tiene, además, el reloj en su contra pues esta semana espera ser reelegido presidente de la Federación.

Y es que ejercer la presidencia de la Fedefútbol no es cualquier cosa. No sólo por ser el organismo que traza las directrices del deporte más popular del país, sino por la importancia de su manejo social, político y económico al extremo que hace afirmar a algunos expertos que “tiene más poder que algunos ministros de Estado”.

En efecto, los recursos que la Fedefútbol mueve por concepto de patrocinios, derechos de televisión y merchandising superan los 10.000 millones de pesos anuales. Es decir, casi el doble del presupuesto del Ministerio de Cultura que no alcanza a los 6.000 millones. Además, esta es la única federación deportiva que tiene línea directa con los grandes conglomerados económicos de Colombia. Una consecuencia natural pues la Federación es la responsable de regir los destinos de algo tan sensible como son las selecciones de fútbol, es decir uno de los pocos aglutinadores de las emociones colectivas del país. Tanto es así, que el año pasado los colombianos interpretaron como un hecho normal que el Presidente de la República y los alcaldes de las principales ciudades tomaran como propia la bandera de la Federación para defender la Copa América y viajaran fuera del país justo en un momento crítico del proceso de paz con las Farc.

En otras palabras es un bien público que para desgracia del país en las últimas dos décadas no ha podido desprenderse de la sombra del narcotráfico y de la corrupción (Ver recuadro). Son estos males los que en mayor o menor medida han puesto y tumbado presidentes del organismo y que ahora tienen a Fina contra la pared.

El protagonismo del narcotráfico si bien ha estado oculto en los últimos meses no ha desaparecido en ningún momento. Incluso, en la Fiscalía se baraja una hipótesis sobre el asesinato de César Villegas, mayor accionista de Santa Fe, la cual indicaría que su muerte está relacionada por una vendetta de la mafia al no pagar los pases de varios jugadores.

La situación del fútbol no se reduce sólo a estos sórdidos episodios. La investigación de Coldeportes busca establecer, entre otras cosas, por qué se celebraron dos contratos simultáneos con el mismo objeto y con el mismo valor en la venta de la boletería para la Copa América. En este escándalo aparecen en escena empresas vinculadas a las mismas que protagonizaron el bochornoso episodio de la pérdida de boletas durante el Mundial de Francia-98.

Un hecho en el que también estuvo presente el fantasma de la mafia, tal como lo ratificó recientemente el cerebro jurídico de los millonarios negocios con la Federación que ahora se cuestionan. Se trata de Fernando Ayala Muñoz, un abogado de 45 años. Y quien salió apresuradamente del país tras un secuestro ocurrido el 14 de septiembre que le impidió contar a los presidentes de los clubes todos los detalles sobre los negocios de algunos miembros de la Federación de Fútbol. Ayala fue secuestrado durante dos días, tiempo suficiente para entender que no debía revelar nada. Sin embargo, antes de salir del país le confesó a El Espectador, el pasado 9 de diciembre, no sólo cómo se manejaron los contratos para la venta de las boletas en Francia 98 sino detalles de lo ocurrido durante el Mundial. “En el hotel bajaban y subían maletines con dólares y boletas”, le reveló Ayala a ese periódico sobre lo vivido en el Gran Hotel Intercontinental de París. Ayala pensaba dejar constancia ante todos los presidentes de clubes sobre lo que ha visto en los últimos años aunque las amenazas de que fue objeto durante el secuestro relámpago le hicieron comprender que era mejor callar.

Sin duda la que viene será una de las semanas más movidas para el fútbol colombiano ya que este miércoles también está prevista la asamblea de la Dimayor y para el mismo viernes la de la Federación. En ambas citas deberán elegir a las personas que manejarán los destinos del fútbol. “Nosotros lo que queremos es que este deporte no se siga manejando desde la cárcel de Palmira como dice todo mundo que se hace”, dice un investigador que sigue el caso.

“Lo importante es que la persona elegida sea transparente, dice una fuente de la Casa de Nariño. Naturalmente que no vamos a decir quién debe ser la persona elegida pero los clubes deben saber que el gobierno se opondrá de frente a cualquier elección de una persona con antecedentes judiciales o que tenga cuentas pendientes con la justicia”, agregó la fuente oficial.

De todas maneras, la polémica está servida. En el ambiente del fútbol hay quienes creen que Fina debe salir por todo lo que representa. Otros, como Pachón, creen que Fina es un “buen presidente” que ha “hecho mucho por el fútbol colombiano”. La opinión de Pachón, que es compartida por la mayoría de los clubes, incluso va más allá: “Si Bellini no hubiera desistido por sus propios medios gozaría de nuestro apoyo porque es una persona preparada, con experiencia y un gran dirigente”.

Esta semana va a ser decisiva para el futuro del fútbol colombiano. Según como queden compuestas las directivas de la Federación y la Dimayor, se sabrá qué rumbo cogerá el millonario negocio del balompié colombiano. La eliminación del Mundial, irónicamente, juega en favor de su reestructuración ya que la desilusión del país y el mediocre desempeño de la selección han hecho que el gobierno, los medios y los aficionados se concentren en resolver los flagelos de este deporte. De haber clasificado, la euforia colectiva de un país que se acostumbró a desahogar todos su males en una cancha hubiera anestesiado, como ha sido usual, cualquier intento de cambio en las corrompidas raíces del fútbol colombiano.

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