Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1996/06/24 00:00

EL CASO CONTRA ERNESTO SAMPER

COMIENZA EL JUICIO EN EL CONGRESO. SEMANA DESMENUZA LAS VERDADES Y LAS MENTIRAS DEL PROCESO AL PRESIDENTE.

EL CASO CONTRA ERNESTO SAMPER

Esta semana comienza el proceso en la plenaria de la Cámara de Representantes contra el Presidente de la República. Y a estas alturas, la razón por la cual Ernesto Samper no se ha caído y ha logrado sobrevivir políticamente no es otra que las contradicciones en las indagatorias de Santiago Medina y de Fernando Botero. El extesorero de la campaña sorprendió en julio pasado a Colombia, y al mundo entero, con un testimonio demoledor sobre las intimidades financieras de la elección presidencial de 1994. Medina afirmó que en la primera semana de abril de ese año recibió una llamada del periodista Alberto Giraldo, quien le ofreció unos recursos importantes de la "gente de Cali". Medina contó que se reunió entonces con Botero y le transmitió el ofrecimiento. Según el ex tesorero, el entonces coordinador general de la campaña rechazó de plano la iniciativa y puntualizó que era un absoluto imposible y una locura. Según consta en la indagatoria de Medina, tres semanas después, el 30 de abril de ese mismo año, Fernando Botero lo citó de urgencia a su apartamento a las tres de la tarde y le preguntó sobre el ofrecimiento que había hecho Giraldo. Agregó que la campaña estaba prácticamente quebrada. De acuerdo con la indagatoria de Medina, Botero le dijo en esa reunión: "por qué no estudiamos el asunto, pero la decisión de recibir el ofrecimiento de Giraldo tiene que ser discutida y consultada con Ernesto Samper". Tres días después, el lunes 2 de mayo, se volvieron a reunir Medina y Botero, tal y como quedó establecido en la misma indagatoria. "Me dijo que ya se había reunido con Samper, que él estaba de acuerdo y que hiciéramos todo lo que tuviéramos que hacer, pero que él no se fuera a enterar de nada", fue el recuento de Medina sobre lo que ocurrió en esa reunión. Medina, sin embargo, consideró que el asunto era demasiado delicado para no ser consultado directamente con el candidato. Contraviniendo las órdenes de Botero, fue a buscar ese mismo día, a las tres de la tarde, a Ernesto Samper, quien se encontraba en el piso 33 del hotel Orquídea Real, en el centro de Bogotá, donde funcionaba el centro de estudios de la campaña. "Tuve oportunidad de hablar con Samper y le comenté que Botero me había pedido que viajara a Cali con Alberto Giraldo a una reunión para conseguir esos fondos. El me dijo, muy nervioso, que quería estar al margen de eso y que coordinara con Botero lo que estimáramos conveniente". De esa conversación inconclusa, Medina entendió que había vía libre para reunirse con los Rodríguez Orejuela en Cali, para lo cual, según él, había recibido una orden expresa de Fernando Botero. El testimonio de Medina fue considerado espeluznante en su momento, pero contenía tal cantidad de detalles que no podía ser simplemente una fantasía. El gran interrogante era qué había sucedido en los 21 días desde cuando Fernando Botero había rechazado categóricamente el ofrecimiento de esos dineros a principios de abril, hasta el día de fines de ese mes cuando le comunicó a Medina que se había llegado a la decisión de aceptarlos. Ese era el gran vacío de toda la historia. El 22 de enero pasado, cuando Fernando Botero decidió cambiar de bando y colaborar con la Fiscalía, muchos pensaron que ese interrogante iba a ser aclarado de una vez por todas. No era sino que el ex ministro de Defensa corroborara la versión de Medina y el asunto quedaba definido. Pero nada de esto sucedió. La confesión de Botero resultó desconcertante. Manifestó que "el Presidente sí sabía y estaba seriamente comprometido en el ingreso de los dineros del narcotráfico". Pero así como tenía absoluta seguridad de estos hechos, él no había tenido ninguna participación en los mismos. "Múltiples circunstancias que viví personalmente en la recta final de la campaña me permiten afirmar esto". Es decir, que el conocimiento del ex ministro se basaba en la deducción de elementos circunstanciales y no en su participación directa. Los elementos circunstanciales invocados por Botero no eran muy contundentes. Su argumento central fue que la campaña estaba sin fondos después de la primera vuelta, momento en el cual Samper enfrentó dos presiones: una de Fernando Botero para destinar los recursos a una campaña de imagen basada en publicidad masiva; y otra que provenía del lado de Horacio Serpa, jefe de debate de la campaña, y que, según Botero, era para "aceitar la maquinaria" con la repartición de dinero en efectivo a los caciques regionales. Según la indagatoria del ex ministro, "al tomar Ernesto Samper la decisión fundamental del desarrollo simultáneo de las dos campañas estaba abriendo las compuertas para la financiación irregular de su campaña". Este fue el eje argumental de la confesión de Botero. Consistía en asociar la 'aceitada' de la maquinaria con narcotráfico, lo cual no es automático para todo el mundo. No reconoció una sola conversación con Ernesto Samper sobre el tema del dinero del narcotráfico, y además de esto negó categóricamente haber enviado a Santiago Medina a Cali a pedir los 5.000 millones de pesos. Aclaró, sin embargo, que esa fue la única mentira de Medina y que el grueso de su indagatoria era verdad. Si Botero quería tumbar a Samper con su confesión esta no fue suficiente. En lo que se referia al punto central sobre quién metió la plata y cómo, dejó la impresión de que o no tenía pruebas contundentes o no quería contar todo lo que sabía. Dos versiones insuficientes Al no coincidir el testimonio de Fernando Botero con el de Santiago Medina, el presidente Ernesto Samper se salvó. Si las pruebas en su contra eran solamente dos testimonios, te- nían por lo menos que estar de acuerdo. Sin embargo la confesión del ex ministro de Defensa le dio un vuelco definitivo al proceso 8.000. Mientras el único testigo fuera Medina, el gobierno y muchos colombianos podían afirmar que la financiación de la campaña con narcodineros había sido un complot del cartel de Cali, desarrollado sin el conocimiento de las directivas de la misma. Después de la confesión de Botero era imposible sostener esta interpretación, pues éste era mucho más cercano a Samper que a Medina y nunca ha sido asociado con nada que tenga que ver con narcotráfico. ¿Qué motivación podría haber tenido entonces para denunciar a su amigo y jefe? Santiago Medina podía ser un agente del cartel de Cali, pero Fernando Botero no. A partir de ese momento un asunto quedó definido: si bien no existía claridad sobre cómo entró el dinero del cartel de Cali a la campaña, era un hecho que los narcodineros habían ingresado. Medina había sido el autor material pero no el intelectual. De acuerdo con su testimonio y con el de Botero, los autores intelectuales de la narcofinanciación sólo podían ser dos: Ernesto Samper Pizano yo Fernando Botero Zea. Un pacto de financiación del candidato liberal con el cartel de Cali era un asunto demasiado grave en el cual no se podía tener cómplices. Es muy poco probable que una decisión de esa naturaleza pudiera ser colectiva. Como lo afirmó el ex presidente César Gaviria en una entrevista que concedió en septiembre al periódico El Tiempo sobre el particular: "No se trata simplemente de unos capos menores tratando a escondidas de plantar en la contabilidad unos cheques por la puerta de atrás. Aquí lo que está en discusión es si existió una voluntad deliberada para obtener financiación para la campaña con los recursos de los cabecillas de la organización criminal más grande de Colombia". Ante esta realidad, en la cual sólo había dos posibles responsables, era necesario que cada uno diera su versión. El contenido de estas fue previsible: cada uno le echó la culpa al otro. Ernesto Samper considera que si ingresó dinero del narcotráfico a su campaña fue responsabilidad de Fernando Botero. Este último, según el abogado del Presidente, frente a la inminencia de la derrota que pronosticaban las encuestas de la época, habría entrado en pánico. Toda el agua sucia de la derrota iba a recaer sobre él por haber sido coordinador general de la campaña. Esto sería el fin de la carrera política de Botero y un oso histórico, pues representaría la primera vez en un siglo en que el Partido Liberal perdía unas elecciones unido. Según los defensores del Presidente, ante esa posibilidad Botero decidió aceptar los recursos del cartel de Cali y le dio la orden al entonces tesorero de la campaña de ir a recogerlos. En Palacio se afirma que no se atrevió a consultar al candidato pues estaba seguro de que lo iban a desautorizar.

Fue así como entró el dinero. La versión oficial agrega que ingresó tanto que a mitad del camino decidió robarse una parte, al igual que lo hizo Medina, lo cual significa que las sumas enormes que entregó el cartel de Cali nunca ingresaron a las arcas de la campaña. La versión de Fernando Botero es bien diferente. Para él, Ernesto Samper era una persona que tenía una relación de amistad con los hermanos Rodríguez Orejuela desde hace más de 10 años. De esto él no tenía conocimiento cuando aceptó ser el coordinador de la campaña. Como consecuencia de esa amistad, cuando se llegó a pensar que el liberalismo iba a perder esas elecciones, los Rodríguez enviaron emisarios del Congreso para ofrecerle el dinero al candidato. Un día, finalmente, Samper decidió aceptar ese ofrecimiento. Según Botero, Horacio Serpa y él se dieron cuenta rápidamente de que estaban ocurriendo cosas raras pero decidieron mirar para el otro lado. Lo mismo harían días más tarde Rodrigo Pardo, Juan Manuel Turbay y el resto de los directivos de la campaña. Botero considera el error más grande de su vida haberse hecho el de la vista gorda. Afirma que su deber era haber renunciado apenas se dio cuenta. Así como dice que no tuvo responsabilidad en la narcofinanciación, reconoce que manejó una contabilidad falsa para poder violar los topes electorales y que participó en reuniones de encubrimiento después del ingreso del dinero y hasta varios meses después de haber sido detenido. Ninguna de estas dos versiones es totalmente convincente. La de Samper acerca de un Botero descontrolado por la ambición, que no se atrevió a consultarlo, tiene dos cabos sueltos. En primer lugar, no tiene mucha lógica que unas personas que aportan seis millones de dólares a una campaña lo hagan sin cerciorarse de que el beneficiario se entere. La financiación de los Rodríguez tenía por objeto una negociación política sobre el sometimiento de éstos a la justicia. Las decisiones que podían servirles a este respecto iban a estar en manos del Presidente y no del Ministro de Defensa. Si en Colombia cualquier persona que aporta 10 millones de pesos a una campaña exige un almuerzo con el candidato, parecería poco probable que Gilberto Rodríguez, conocido como el 'Ajedrecista' por su sagacidad, fuera a confiarle 5.000 millones de pesos a intermediarios para la decisión más importante de su vida. Igualmente, suena poco probable que Fernando Botero eligiera presidente a Ernesto Samper a escondidas suyas. Sobre todo si se tiene en cuenta que para llevar a su jefe a la Casa de Nariño cometió delitos penales que le pueden costar más de 10 años de cárcel. Esto significaría que hubo una conspiración para llevar a Samper al solio de Bolívar y que el candidato fue ajeno a ella. Tampoco es fácil tragarse entera la versión de Fernando Botero del tecnócrata ingenuo en medio de los lobos. El ex ministro de Defensa fue un gerente fenomenalmente eficiente durante la campaña. No se movía una hoja sin su autorización. Su poder dictatorial era criticado o elogiado, pero nunca puesto en duda. Pretender que en esa campaña centralizada podían entrar seis millones de dólares sin su conocimiento es un absurdo. Era más fácil que Ernesto Samper no detectara el elefante a que no lo hiciera el coordinador general de la campaña. El casete La mayoría de los colombianos -entre el 55 por ciento y el 60 por ciento, según las encuestas de Gallup Colombia publicadas por SEMANA en los últimos tres meses- ha llegado a la conclusión de que tanto Ernesto Samper como Fernando Botero tenían que saber cómo entró el dinero. De esto no hay duda y es posible que no exista una prueba reina. Hay múltiples indicios que tienen un valor probatorio importante pero no definitivo. Al Presidente sólo lo acusa contundentemente Medina, pues ni siquiera Botero reconoce haber hablado con él sobre el tema. Fuera de esto no existe ni un testimonio, ni una prueba de la participación directa del primer mandatario. A Botero lo acusan solamente Medina y el abogado del Presidente. Penalmente no existen pruebas irrefutables para acusar a ninguno de los dos de ser responsables del ingreso del dinero del cartel de Cali. Además del sentido común, el único indicio concreto que existe contra el Presidente de la República es un casete. Forma parte de las famosas narcoconversaciones que fueron el origen de todo este escándalo. Y si bien al inicio se afirmó que los narcocasetes eran un montaje, hoy ya existe la certeza de que son auténticos. Fueron conversaciones espontáneas entre Alberto Giraldo y los hermanos Rodríguez Orejuela cuando el síndrome de los teléfonos chuzados no existía en Colombia. En una conversación que el periodista sostuvo con Miguel Rodríguez le comunicó que acababa de tener lugar una reunión entre "Eduardo", el "número uno", y el que va a ser el "número uno de los verdes". Esas tres personas acordaron que iban a "llegar a unos acuerdos" con el cartel de Cali. La conclusión de esa reunión, según le contó "Eduardo" a Giraldo, fue que "El me dio carta blanca para negociar". Este casete no está adjuntado al expediente, pues todos los narcocasetes fueron descartados como pruebas, tanto por la Fiscalía como por la Procuraduría, con el argumento de que fueron grabados ilegalmente. Casi dos años después de la revelación de los narcocasetes ya nadie discute quiénes son los protagonistas: para todo el mundo, "Eduardo" es el ex senador Eduardo Mestre, "el número uno" es Ernesto Samper y "el número uno de los verdes" es Fernando Botero. Por sí solo, el contenido de esa conversación suena escandaloso, pero hasta ahí no necesariamente lo es. No tiene ninguna referencia al dinero. Se habla de una negociación para el sometimiento de los Rodríguez Orejuela a la justicia. Aunque tiene mala presentación, así se manejan las entregas de los narcos en Colombia. En ese diálogo no se configura ningún delito. Simplemente se registra un poco de pragmatismo en la búsqueda de una solución que las dos partes deseaban: la entrega pacífica de los Rodríguez. En ese mismo casete aparece inmediatamente después una frase que podría ser mucho más comprometedora. Alberto Giraldo dice: "Pero mirá, el número uno se reunió con Eduardo. Le dijo: 'haga lo que sea, que yo no sepa, pero haga lo que sea". Esta conversación parece hacer referencia a un encuentro entre Samper y Mestre que habría tenido lugar poco tiempo después de la reunión con Fernando Botero. Por el contexto general de la conversación y de los otros casetes, la frase "haga lo que sea (...) pero que yo no sepa" ha sido interpretada como una referencia a la aceptación del dinero. En todo el proceso 8.000, fuera del testimonio de Santiago Medina, esta sería la única referencia que existe en la cual se vincula directamente al Presidente de la República con los dineros del cartel de Cali. A Miguel Rodríguez Orejuela no le gustó el cuento de que Samper quería no saber. Por eso tan pronto lo informó Giraldo protestó contra esa actitud. El anterior casete revela un aspecto de este escándalo que es fundamental para entender el proceso 8.000. Los Rodríguez buscaron dos caminos para hacer la misma propuesta. En los días en que contactaron a Botero por intermedio del eje Giraldo-Medina, simultáneamente buscaron a Samper a través de Eduardo Mestre. Esta doble estrategia está confirmada en forma concreta en otro casete en el cual conversan Miguel Rodríguez Orejuela y Alberto Giraldo en los siguientes términos: Giraldo: "Pues es que yo voy mañana con Eduardo para eso". Miguel Rodríguez: "Vení y aquí hablamos y le decimos (a Eduardo) cómo son las cosas". Giraldo: "Pero es que también me está llamando Medina". Miguel Rodríguez: "Con Medina ya hablamos, mijo, tranquilo. Es que es una cosa por un lado y otra cosa por otro lado". Más claro no canta un gallo. Como estos dos contactos paralelos son conocidos, les han permitido tanto a Ernesto Samper como a Fernando Botero negar cada uno el propio y denunciar sólo el del otro. El proceso 8.000 tiene otros aspectos importantes, como la violación de los topes y el encubrimiento, que ya son de conocimiento público. Pero el meollo de todo el asunto es quiénes y cómo autorizaron el ingreso del dinero. Los únicos que saben qué sucedió entre Samper y Botero en relación con los dineros calientes durante la campaña son ellos dos. Eso, por todo lo que está en juego, no lo han contado y seguramente no lo contarán jamás. A menos que un día hablen los hermanos Rodríguez Orejuela, los colombianos se quedarán sin la confirmación definitiva de lo que ha sido el escándalo del siglo.

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