Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2008/02/23 00:00

El catarro del Presidente

Por primera vez en su presidencia, Álvaro Uribe tiene un frágil estado de salud y está obligado a quedarse en reposo. Un desafío nada manejable para él.

El catarro del Presidente

Una gripa no tiene nada de extraordinario en la vida de un ser humano. Pero cuando se trata de una gripa prolongada en un hombre que dirige un país a toda velocidad y sin respiro, la enfermedad se vuelve preocupación general.

Así es. Muy a su pesar, el presidente Álvaro Uribe anda con la rienda corta en sus actividades diarias de trabajo. Los médicos han logrado convencerlo de no desafiar la gripa que lo aqueja desde hace casi cuatro meses y que se agudizó en la última semana. De manera preventiva y ante la amenaza de complicaciones más serias, lo han dejado en tierra. Hace más de una semana no toma aviones ni helicópteros, tampoco presencia actos multitudinarios. Está bajo cuidados especiales, medicamentos y permanente observación.

Lo cual sólo confirma que el Presidente, por más esfuerzos que haga para parecer un superhombre, no está exento de enfermarse. El cuerpo médico que lo atiende prefiere un Presidente trabajando a ritmo moderado desde Palacio, que a un Presidente hospitalizado. "Esta gripita que tengo hace cuatro meses se me quita tres cuatro diítas y me vuelve a aparecer y esta semana me reapareció muy duro", les dijo por teleconferencia a los cardiólogos que lo esperaban el 15 de febrero en Cartagena.

Y es que la enfermedad de Uribe, que según sus médicos es una alergia que hace episodios de gripa, puede tener consecuencias como neumonía, otitis o la conocida laberintitis que una vez ya lo enfermó por varias semanas. Consciente de su indisposición, Uribe se fue en diciembre para su finca El Ubérrimo, en Montería. Desde allí despachó, cabalgó, leyó y durmió. Descansó hasta el día en que voló a Villavicencio un poco más recuperado, a revelar el paradero del niño Emmanuel.

En enero, en plena crisis con Venezuela, el Presidente alargó su viaje previsto a Europa y en una agenda maratónica de reuniones de pleno invierno hasta se quedó sin voz.

Del frío europeo llegó con la gripa a flor de piel. Con tos, lagrimeo, fiebre y catarro que empezaron a menguarle el ánimo. Y desde entonces no ha podido estabilizarse. Fue convocado un refuerzo para su equipo de médicos y el conocido Santiago Rojas fue llamado a Palacio.

Uribe ha sido quizá el mandatario que ha hecho más pública su rutina de mantenimiento físico.

Desde cuando empezó a gobernar, hace casi cinco años y medio, se sabe que cuando puede, trota por las mañanas, nada en el mar, ríos o piscinas, les dedica tiempo al yoga hidra y a la práctica del chikún, una disciplina oriental de concentración y ejercicio. Todo esto con la compañía de Elsa Lucía Arango, su médica de cabecera, que con agujas de acupuntura maneja la armonía de cuerpo, mente y espíritu.

Pero también ha sido uno de los mandatarios a quien no le valen advertencias sobre la necesidad de descansar. En el frenético ritmo de trabajo que se impone a sí mismo no caben las vacaciones ni los recesos, y su obsesión por aprovechar el tiempo en el poder no le deja considerar que los cambios drásticos de temperatura, la altura y el estrés permanente lo agotan hasta fundirlo.

Sus colaboradores lo notaban antes de que Uribe aceptara el plantón impuesto por los médicos. Observaban situaciones nada comunes en el mandatario. "Se queda dormido como nunca en reuniones", "se ve pálido", "se le nota la fiebre", "está cansado", dicen, alarmados.

La salud de todos los presidentes es un asunto que concierne a los ciudadanos. De hecho, en muchos países del mundo, como Estados Unidos, se publica la historia médica de los mandatarios.

Aun enfermo, Uribe no ha cancelado su agenda sino que la ha reemplazado. La semana pasada participó en eventos por medio de teleconferencias que duraron cuatro horas, pero le llegó la hora de que gobierne con un respiro de por medio y recargue baterías para los tres años que le quedan. Y más aun si no descarta que sean siete.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.