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| 11/13/2000 12:00:00 AM

El Chacal

Según la CIA y el FBI, ‘Martín Caballero’, comandante del frente 37 de las Farc, tenía la misión de impedir la visita de Bill Clinton a Colombia. ¿Por qué fracasó?

Cuando el avión del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, despegó el pasado 30 de agosto a las 7:30 de la mañana de la base aérea militar Andrews, en Virginia, con destino a Cartagena de Indias, un grupo de choque de las Fuerzas Militares de Colombia se disponía a tumbar la puerta principal del apartamento 301 de uno de los edificios residenciales localizados en el populoso sector de Bocagrande de la ciudad amurallada.

Los cinco oficiales, expertos en acciones antiterroristas, ingresaron al pequeño apartamento y en cuestión de segundos se abalanzaron sobre tres hombres que a esa hora, con el torso desnudo y en pantaloneta, revisaban los mecanismos de una bomba de mediano poder que habían armado durante la noche anterior. El siguiente paso que darían los tres hombres era trasladar el artefacto en un pequeño automóvil para dejarlo activado debajo del puente que cruza la avenida de La Playa, a pocas cuadras del aeropuerto de Cartagena. Por ese lugar pasaría la caravana de seis limosinas blindadas que llevaría en el interior de una de ellas al mandatario estadounidense Bill Clinton rumbo a la Sociedad Portuaria, el primer sitio que visitaría para conocer de cerca el trabajo en la lucha contra el narcotráfico que desarrolla la Policía Nacional.

El hallazgo de la bomba por parte de los oficiales de contraguerrilla era el epílogo de una carrera contra el reloj que se había iniciado 45 días antes, cuando en Colombia se conoció la noticia de que el presidente de Estados Unidos viajaría a Cartagena en visita oficial para respaldar el proceso de paz y anunciar la ayuda económica aprobada por el Congreso de ese país para el desarrollo del Plan Colombia.

En ese momento, y de acuerdo con informes de Inteligencia que hoy reposan en manos del FBI y la CIA, el secretariado de las Farc ordenó al comandante del frente 37, Gustavo Rueda Díaz, alias ‘Martín Caballero’, adelantar una misión encaminada a sabotear la visita de Clinton a Colombia a través de una serie de acciones militares que se desarrollarían en Cartagena y en las poblaciones aledañas al Corralito de Piedra.

Las órdenes impartidas por el secretariado de las Farc eran claras y precisas: había que torpedear la visita del mandatario estadounidense y eso sólo se podría lograr con una ofensiva en la que se incluía la toma de tres poblaciones cercanas a Cartagena y desatar una ola de terrorismo escalonado en La Heroica con el fin de que obligara al cuerpo secreto de seguridad del presidente Clinton a cancelar su visita al país.

La misión le fue encargada a un hombre de 35 años, oriundo de Barrancabermeja y médico de profesión, quien tres años atrás había sido enviado por el Secretariado a la Costa Atlántica para que se hiciera cargo de uno de los frentes guerrilleros que más dolor de cabeza le han causado a las autoridades en esa región. Experto en toma de poblaciones y en el manejo de explosivos, Caballero es señalado por las autoridades como uno de los hombres más cercanos al ‘Mono Jojoy’. Su trayectoria en el campo de batalla lo califica como un guerrillero experimentado. Tuvo a su cargo en 1993 la toma de Puerto López y en 1996 el asalto a la población de Nechí. Los resultados arrojados en esas acciones fueron suficientes para que los miembros del secretariado lo tuvieran en cuenta cuando escogieron en 1997 al nuevo comandante del frente 37.



Rumbo a Cartagena

En un principio se ubicó cerca de Barranquilla, pero lentamente inició su desplazamiento hacia las poblaciones del departamento de Bolívar. Una de sus primeras incursiones —a mediados de 1998— fue la toma de la población de San Jacinto, de donde salió mal librado. Meses después decidió incursionar en San Cayetano, localizado a menos de media hora de Cartagena, donde destruyó el cuartel de la Policía y sembró el caos y el pánico en una madrugada de julio cuando llovieron del cielo cilindros cargados de explosivos y metralla. El año pasado lanzó una ofensiva terrorista en Cartagena donde ordenó la explosión de una serie de petardos que fueron colocados estratégicamente en la ciudad, que no salía de su angustia cada noche cuando el ensordecedor estallido sacaba de la cama a los cartageneros.

Pero su acción más temeraria ocurrió en 1995, cuando hacía parte de una columna de guerrilleros que incursionaron en el sur de Bolívar y prepararon una emboscada contra un convoy del Ejército. En esa ocasión 60 militares fueron masacrados por los guerrilleros que comandaba ‘Martín Caballero’. A medida que fue escalonando posiciones dentro del Bloque Norte, que opera en la Costa, Caballero montó una serie de operaciones que incluían la quema de fincas de importantes hacendados, el incendio de vehículos de servicio público en la vía que conduce de Barranquilla a Cartagena, así como el asesinato de tres infantes de Marina que fueron interceptados cuando se dirigían en un camión militar por la carretera que conduce de San Jacinto hacia Cartagena.

Todas esas acciones le valieron un reconocimiento dentro del secretariado, que le ha dado plena autonomía para moverse en la región como si tuviera el rango de comandante de bloque. Su hoja de vida como guerrero fue suficiente para que se le encomendara la misión de boicotear la visita de Bill Clinton a Colombia. Una acción terrorista lo bastante espectacular que diera al traste con la presencia del mandatario en territorio colombiano.



El terrorista

¿Qué pasó durante esa misión que le fue entregada a ‘Martín Caballero’ por parte de las Farc a mediados de julio pasado? Un día después que se conociera la noticia de que Clinton visitaría el país el comandante de las Fuerzas Militares, general Fernando Tapias, designó a la Armada para que se hiciera cargo de toda la operación de seguridad que garantizara la visita de Clinton a Cartagena.

Esa responsabilidad cayó en los hombres del almirante Sergio García, comandante de la Armada. A su vez, García escogió al comandante de la Base Naval de Cartagena, almirante Sergio Cubillos, para que diseñara un plan de operaciones que permitieran un control absoluto de las Fuerzas Militares en Cartagena y en más de 45 municipios aledaños a la capital de Bolívar.



Los seleccionados

El almirante Cubillos, quien ha tenido a su cargo la seguridad de la Cumbre de Los No Alineados, de la Cumbre de los presidentes de Rio y de la Cumbre de presidentes de Centroamérica y el Caribe, comenzó a trabajar en el diseño de una compleja operación que no sólo dejara tranquilos a sus superiores sino al cuerpo secreto de seguridad del Presidente de Estados Unidos.

Para ello echó mano de los oficiales más experimentados en el tema de guerrilla y terrorismo. Igualmente, la CIA y el FBI le colaboraron con tecnología de punta para montar un centro de operaciones de inteligencia electrónica. Y seleccionó a 6.000 soldados e infantes de Marina para vigilar los 20 municipios que están ubicados en las goteras de Cartagena. Ese trabajo fue apoyado por la Fuerza Aérea y la Policía Nacional, las que desplazaron a la Ciudad Heroica 20 helicópteros artillados. Las agencias de seguridad de Estados Unidos también colaboraron en esa operación. Aviones satelitales sobrevolaron durante más de un mes y medio el cielo de la Costa tomando aerofotografías de cada metro cuadrado de Cartagena, así como de los pueblos más cercanos.

El resultado de ese trabajo comenzó a dar sus frutos unos días después del anuncio de la visita de Clinton. Los oficiales de inteligencia electrónica rastrearon una serie de conversaciones radiotelefónicas y satelitales entre miembros del secretariado y ‘Martín Caballero’. La bitácora de esos registros incluye más de 50 horas de conversaciones entre Caballero, jefes de las milicias bolivarianas en Bolívar, expertos en explosivos y miembros del secretariado. Toda esa información hace parte de un voluminoso expediente que hoy tienen en sus manos el FBI y la CIA para judicializarlo ante la fiscal Janet Reno con el fin de que se incluya en los listados de terroristas internacionales el nombre de ‘Martín Caballero’.

Pero, ¿cuáles son esas pruebas que tienen las agencias gringas para convertir a Caballero en terrorista internacional y ponerlo al lado de ‘El Chacal’? Muchas. La primera tiene que ver con las órdenes que impartió por radioteléfono a sus hombres para que un día antes de que Clinton arribara a Colombia se tomaran tres poblaciones ubicadas a 50 kilómetros de Cartagena. Los pueblos en la mira de Caballero eran San Jacinto, Córdoba y Zambrano. Las Farc desplegaron una columna de 150 hombres, quienes la noche del 28 de agosto bombardearían con cilindros de gas a esas poblaciones. En la madrugada del 29 los guerrilleros ingresarían a la plaza principal de esos pueblos para apoderarse de las alcaldías y los cuarteles de la Policía. Una vez logrado su objetivo repartirían propaganda subversiva para manifestar su protesta abierta por la presencia de Clinton en el país.



Tras los pasos

Pero la misión fracasó. Cuando el almirante Cubillos conoció los planes de Caballero, desplazó a 6.500 soldados e infantes de Marina, quienes tenían la misión de copar los tres pueblos mencionados y montar una serie de retenes y de anillos de seguridad que fueron apoyados por la Fuerza Aérea. Los combates entre las Farc y las Fuerzas Militares se intensificaron el 27 de agosto y en la madrugada del 28 Caballero ordenó a sus hombres replegarse. En esa operación fueron capturados 10 subversivos y cinco dados de baja.

Unas horas después Caballero se comunicó con sus jefes para informarles que la operación había fracasado porque el Ejército había llegado antes para controlar el acceso a los pueblos y que en ese momento era imposible continuar con la misión de la toma de San Jacinto, Córdoba y Zambrano.

Entonces le ordenaron desatar la ofensiva terrorista en Cartagena. En las intercepciones telefónicas quedó en claro que había que desarrollar la misión en cuatro frentes. Uno en el mercado Bazurto. El siguiente en inmediaciones de la Casa de la Justicia, donde Clinton tenía programada una visita para las 4:00 de la tarde. El tercer objetivo era la entrada principal a la ciudad vieja. Y el cuarto hacer estallar una bomba en el puente de la avenida de La Playa cuando la caravana del mandatario de Estados Unidos se desplazara hacia la Sociedad Portuaria.

Con esa información los comandantes de las Fuerzas Militares, que habían llegado dos días antes a Cartagena, decidieron redoblar la vigilancia en la ciudad. Se dispuso de otros 300 hombres, quienes se tomaron literalmente las calles y avenidas de La Heroica, mientras los expertos en explosivos revisaban palmo a palmo las avenidas, parques y plazoletas del centro histórico.

Muy pronto se dieron los primeros resultados. En el mercado de Bazurto se descubrió un pequeño artefacto que fue dejado en uno de los puestos de venta de mercado. El explosivo fue desactivado en la madrugada del 30 de agosto, siete horas antes de que el avión del presidente Clinton aterrizara en el aeropuerto de Cartagena.

A las 5:00 de la mañana fueron detenidos tres hombres que se habían apostado en un lote baldío que colindaba con la Casa de la Justicia. En una caneca de la basura fue hallada otra pequeña bomba, que iba a ser activada con el sistema de mecha lenta. Los registros continuaron por la ciudad y cuando el día despuntaba los hombres de explosivos fueron alertados por una llamada telefónica de un ciudadano que notó con extrañeza la presencia de dos hombres que habían ingresado al cajero de la Caja Social localizada en la estación de gasolina de El Amparo, localizada muy cerca de la Base Naval.

Hacia allí se dirigió un ejército de expertos que, en menos de media hora, tenía desactivada la pequeña bomba que estaba programada para que explotara 30 minutos después. El tiempo apremiaba. La ciudad despertaba ese miércoles 30 de agosto y las horas para la llegada de Clinton pasaban rápidamente.



La ultima bomba

Todavía faltaba un objetivo por identificar. Las conversaciones telefónicas de Caballero con los jefes de las milicias bolivarianas eran cada vez más difíciles de descifrar. Los hombres del cuerpo secreto de seguridad de Clinton estaban con los pelos de punta. Todavía faltaba por hallar el cuarto objetivo. La única información que había podido descifrar el equipo de inteligencia electrónica era que se trataba de una bomba de regular poder y que se haría estallar “justo a tiempo” y que ese material “no iba a fallar”.

En el análisis de inteligencia se determinó que los explosivos todavía no habían sido colocados en su objetivo. Entonces se decidió hacer un barrido electrónico por toda la ciudad. El problema era que para realizarlo milimétricamente se necesitaban más de 10 horas y los expertos apenas tenían la mitad del tiempo. Las aerofotografías satelitales tampoco suministraban pista alguna.

Pero la suerte corrió a favor de los oficiales. Caballero se comunicó con uno de sus subalternos y en uno de los apartes de la charla le ordenó que era hora de sacar el “material de la boca” y llevarlo a la “playa” para dejarlo a la “sombra”, muy cerca de donde pasaría la “presa”. La palabra ‘boca’ fue la clave para los hombres de inteligencia.

Cuatrocientos oficiales se tomaron las calles de Bocagrande. Fueron divididos en dos equipos y cada uno de ellos empezó por una de las puntas para encontrase en mitad del camino. No fue necesario. En el tercer edificio que registraron estaba lo que habían buscado como aguja en un pajar.

Los celadores manifestaron que toda la noche habían estado entrando y saliendo una serie de personas del apartamento 301. A las 7:30 de la mañana el cuarto objetivo de Caballero había sido localizado. Pero todavía faltaban más de 12 horas de intenso trabajo, pues apenas el avión de Clinton había despegado y la jornada de ese 30 de agosto iba a ser muy larga.

Esa noche, cuando el avión del presidente de Estados Unidos por fin despegó de Cartagena, los oficiales al mando del operativo de seguridad pudieron respirar con tranquilidad. Lo que no sabían era que todavía había mucho trabajo por delante. El secretariado le había ordenado a Caballero que no podía salir de la zona con ese fracaso sobre sus espaldas. Y que la orden era atacar los municipios que habían sido declarados objetivos militares. Durante un mes el general Tapias ordenó que ninguno de los hombres que había participado en la operación de seguridad podía moverse de la zona. Diez mil hombres estuvieron todo ese tiempo en Cartagena. Más los 35 agentes de la CIA y el FBI que siguieron los rastros de Caballero a través de la inteligencia electrónica. Todo ese material hace parte de las más de 50 horas de grabación que hoy están en Washington como prueba de que el comandante del frente 37 de las Farc quería sabotear la visita de Clinton y poner en peligro la integridad del presidente. Con esa información es que el FBI y la CIA pretenden que Caballero pase de comandante de un frente guerrillero a terrorista internacional. Un club pequeño pero de grandes ligas en el mundo del hampa a nivel mundial.
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