Martes, 2 de septiembre de 2014

EL CLAN OCHOA

| 1987/12/28 00:00

EL CLAN OCHOA

Cruz de Boyacá, caballos de paso y cocaína en medio siglo de historia de esta familia paisa


Para quienes han entrado en contacto con "el clan Ochoa", es difícil entender cómo una familia de aspecto campechano, típica espontaneidad paisa y aparentemente inofensiva, es, para casi todo el resto del mundo el equivalente a los Corleone. Se trata de un grupo familiar encabezado por un señor obeso con cara de haber sido fogueado por la vida, una señora de pocas palabras y de apariencia humilde acompañada casi siempre por 5 hijas y una veintena de nietos, con quienes se reúnen todos los días alrededor de la mesa del almuerzo, al mejor estilo patriarcal paisa. Esta es la parte menos conocida del famoso clan, la que existe tras bambalinas, a resguardo de la publicidad mundial que reciben las actividades de los miembros famosos de la familia:
Juan David, Jorge Luis y Fabio Ochoa Vasquez, quienes según las autoridades norteamericanas son la segunda fuerza en el poderoso cartel de Medellín.

Los Ochoa no eran jaladores de carros, ni muchos menos. La historia de la dinastía se remonta al bisabuelo de Jorge Luis, don Abelardo Ochoa González, quien fue famoso por haber recibido la cruz de Boyacá de manos de Darío Echandía como reconocimiento por haber organizado la primera Feria ganadera en 1932. Su hijo don Fidel Ochoa Vélez, continuó esa línea al fundar la Escuela de Medicina Veterinaria de Bogotá y de Antioquia, de las cuales fue decano vitalicio, por todo lo cual recibió la Cruz de Antioquia y la Orden de Gran Caballero que le dio la gobernación.
Otro de los hijos, Tulio Ochoa Vélez, acogió la tradición ganadera y agropecuaria, en lo que lo siguió su hijo, padre de la familia actual, Fabio Ochoa Restrepo, quien se dedicó desde muy temprana edad a la crianza de caballos de paso. Don Fabio en su juventud recorrió el país entero dedicado a esa actividad en la que adquirió una especie de maestría, tanto, que la familia se jacta de que fueron ellos los que dieron a conocer la raza colombiana de caballos de paso en Venezuela, Ecuador, Panamá y Estados Unidos. "Los primeros caballos de paso colombiano llevados a Estados Unidos viajaron con Juan David y Jorge Luis cuando tenían 15 y 14 años" dice su madre, doña Margot.

Pero lo que hizo que los Ochoa fueran conocidos en Medellín desde 1966 fue el restaurante la Margarita, ubicado en las afueras de la ciudad y en el que durante varios años trabajaron todos los miembros de la familia. "Yo recuerdo perfectamente cuando Jorge Luis nos servía la bandeja paisa" dice un viejo contertulio. Pero, según los conocidos, desde esa época el más fuerte de los hermanos consideraba que ese era un destino demasiado pequeño para su familia. Cristina, una de las hermanas, recuerda que "esa fue una época muy dura, recuerdo a mi mamá cocinando con carbón y nosotros trabajando hasta la madrugada, después del colegio".

Hasta esa época, todos quienes los conocieron los recuerdan como una familia emprendedora, que trabajaba muy unida, bajo la dirección de un jefe de hogar que, de vez en cuando, se ganaba buenas sumas de dinero con el negocio de los caballos.

Pero la pregunta que se hace hoy todo el mundo es:¿cómo una familia de buena procedencia, que, mal que bien, se ganaba la vida decorosamente, y hasta de vez en cuando se le veían sus pesos, pudo llegar a involucrarse en un negocio como el del narcotráfico?

La familia niega rotundamente que tenga algo que ver con el asunto. El viejo Ochoa, cuando se refiere a los mafiosos, lo hace como hablando de terceros y con cierto tono despectivo. "Es posible que haya mafiosos que se hayan vuelto caballistas, pero de ahí a que los caballistas nos hayamos vuelto mafiosos hay mucho trecho", afirma sin dudarlo.

Sin embargo, cuando Jorge Luis Ochoa ganó su batalla legal para impedir que fuera extraditado de españa a Estados Unidos, su defensa se basó no en negar que era narcotraficante sino en que aún siéndolo, no podía ser extraditado.

Sobre los comienzos del negocio, se tejen en Medellín toda suerte de leyendas. La más conocida es la de que los involucrados realmente son los Ochoa de la presente generación, y las hermanas ni los padres tienen nada que ver. Se cuenta que Jorge Luis, cansado de trabajar y de ver trabajar a sus hermanas en el restaurante, resolvió viajar a Estados Unidos a buscar nuevos horizontes y llegó a Texas a trabajar como chalán. Según el anecdotario antioqueño, posteriormente estuvo rebuscándose la vida en Miami y fue allí donde todo pudo comenzar. Eran las épocas en que lo que se conocía era la marihuana, y la cocaína todavía sonaba a algo así como la trata de blancas. Pero el mercado estaba abierto, aunque a un nivel puramente artesanal. La marihuana se había encargado de abrir las líneas de distribución clandestina, y todo lo que se necesitaba era un material que tuviera aceptación entre el consumidor y, de paso, una rentabilidad que justificara los grandes riesgos de su transporte y comercio. Esa sustancia era la cocaína, que se convirtió en el gran boom cuando llegaron los antioqueños. Fue entonces cuando, según la revista norteamericana Forbes, apareció la "idea genial de Jorge", haciendo referencia a la creación del "Cartel de Medellín". De acuerdo con esta información, en donde se afirma que Jorge Luis Ochoa tiene una fortuna de 2 mil millones de dólares, el periodista David Henry sostiene que la gran contribución de Jorge Ochoa al negocio, fue haber montado personalmente la red de distribución en los Estados Unidos, con la colaboración de su hermano Fabio, quien se radicó en Florida para tales efectos. Para las autoridades norteamericanas, los Ochoa representan un clan que controla el 30% de la cocaína exportada por el "Cartel de Medellín", que a su vez, domina el mercado del 80% de la que llega a los Estados Unidos.

La familia Ochoa afirma que Jorge Luis estuvo en los Estados Unidos muy joven y que hace ya unos 10 años que no va. En cuanto a la suma de dinero, la madre de Jorge Luis dice: "Esas publicaciones hablan de que tenemos no sé cuántos millones y todo el mundo cree que nosotros nadamos en plata, pero nadie sabe las deudas y los intereses que le cobran a uno los agiotistas. Que ahí están los caballos y el ganado, claro, pero ahí están también los préstamos que tenemos que pagar". Para los miembros de la familia Ochoa, las informaciones sobre millonarias sumas de dinero "lo único que han logrado es que siempre estemos acechados por los secuestradores. A mi tío Mario lo secuestraron las FARC; a mi tío Jorge Iván, el EPL; a Marta Nieves, mi hermana, el M-19 y a mi cuñado Alonso Cárdenas, nunca se supo quién lo secuestró y apareció muerto", sostiene María Isabel, hermana de Jorge Luis Ochoa.

Pero según el gobierno norteamericano, los Ochoa no sólo han sido víctimas de la violencia, sino propiciadoes de ésta. Fabio Ochoa Vásquez, hermano de Jorge Luis, aparece comprometido en el asesinato de un informante de la DEA que se disponía a atestiguar en contra de Jorge Ochoa y Pablo Escobar sobre sus operaciones de narcotráfico en territorio nicaraguense. Para los norteamericanos hay un aspecto de las actividades de Ochoa Vásquez que es igual o más importante que sus negocios de droga: su vinculación con Nicaragua. Lo que nadie sabe es de qué lado. Inicialmente su nombre había estado vinculado con las acusaciones que hace el gobierno norteamericano a los sandinistas de participar en el tráfico de estupefacientes. Pero más recientemente ha aparecido comprometido en el "coca-gate", en donde habría participado en una operación conjunta con la CIA para financiar a los "contras". Según el senador demócrata, John Kerry, un informante suyo le aseguraba que la CIA estaba enviando ilegalmente aviones con armamento a los "contras" nicaraguenses y que estos aviones a su regreso, transportaban cocaína enviada por Jorge Luis Ochoa. Esta acusación está más documentada que la conexión sandinista. Ha sido denunciada por la cadena de televisión ABC e investigada por el senado de los Estados Unidos.

También se ha pronunciado al respecto el prestigioso Centro Internacional para políticas del desarrollo con sede en Washington.

Las autoridades norteamericanas consideran que el "coca-gate" no podrá ser aclarado totalmente hasta que no logren interrogar a Jorge Luis Ochoa, quien sería el eje de la operación. Las probabilidades de que lleguen a interrogarlo no son muchas en este momento, porque como están las cosas juridicamente (ver artículo La papa caliente), no es de sorprenderse que, dentro de uno o dos años, Jorge Ochoa en lugar de estar en una cárcel gringa, esté corriendo en algún automóvil último modelo por las carretas de Colombia.--
El misterioso porsche
Cuando se conoció la noticia de la detención de Jorge Luis Ochoa, a nadie se le hizo raro que estuviera manejando un Porsche último modelo de 65 millones de pesos. Tampoco fue una sorpresa que la tarjeta de propiedad del auto no estuviera a nombre del conductor. Pero, que el propietario del carro fuera el coronel William Said, agregado militar de la embajada de Honduras en Colombia, resultó ser una "bomba".

De inmediato se supo que el automóvil había sido retirado, el viernes anterior a la detención de ochoa. por su esposa, maría Lía Posada, con la autorización del negociante antioqueño Carlos Alberto Ramírez, de las instalaciones de la firma RAAD, en Bogotá. No dejaba de ser raro que, un automóvil de tal valor, fuera prestado sin autorización del dueño y sin que el gerente de la firma diera su visto bueno. El señor Teddy Raad, propietario de RAAD automóviles, afirmó que "ha sido mi costumbre prestar automóviles de cualquier precio a mis clientes, especialmente al señor ramírez con quien tengo negocios de tiempo atrás", y aunque no se encontraba ese día en el país, sus empleados están autorizados para hacerlo con carros que estén para la venta. De acuerdo a lo expresado por la Embajada y por Raad, el automóvil fue llevado para una revisión mecánica de rutina, no para ser negociado, y fue prestado por error de un vendedor novato. Pero esta explicación no es del todo convincente cuando se sabe que el carro fue entregado en las instalaciones del centro, donde sólo existen el servicio de ventas, y no en las del norte, donde funcionan los talleres.

Surgió entonces la pregunta acerca de las placas que tenía el auto en el momento de la detención. Al ser un carro diplomático, debía llevar las placas azules y no las negras (EM 1779). Según Raad, "estas placas se utilizan como medida de seguridad y para permitir que alguien que no sea el dimplomático pueda movilizar el carro", con las placas diplomáticas sólo el propietario puede hacerlo. Según pudo establecerlo SEMANA con fuentes de la Cancillería, aunque esto es posible no se tiene noticia sobre una solicitud en ese sentido hecha por la embajada de Honduras, y queda la posibiliad de que el pedido de las placas negras se haya hecho directamente a las autoridades de tránsito de Zipaquirá, como lo aseguran los implicados.

De todas maneras aunque no se haya comprobado que existan nexos de ningún tipo entre Said y Ochoa, queda la duda sobre la intención del dimplomático de vender el carro, sin que se hubiera cumplido el plazo legal de dos años para hacerlo. De lo contrario no se explica que el carro haya sido llevado a la sala de ventas y no a los talleres, que se le hubieran colocado las placas negras y no las dimplomáticas, que un carro de 65 millones hubiera sido prestado -a pesar de la inexperiencia del vendedor- y que el diplomático decidiera quedarse sin carro todo un fin de semana, por una revisión sin complicaciones que se habría podido realizar el lunes siguiente.

Como consecuencia de este hecho, la Cancillería pidió el retiro del coronel Said del cargo de Agregado Militar. Según se supo el jueves pasado, en un reportaje realizado por la cadena radial RCN, Said llegó a Colombia como resultado de un enfrentamiento con otros militares, a los que el coronel quería "brincarse" para llegar a ser jefe de las Fuerzas Armadas. El excesivo poder que acumuló y las intenciones de destronar a sus superiores, llevaron a que otros oficiales buscaran que se le nombrara en misión diplomática, para alejarlo de las tropas y del poder.

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