Viernes, 24 de octubre de 2014

| 2013/05/18 09:00

El comando de la reelección

Por primera vez en el país, un presidente buscará la reelección inmediata sin cambio de reglas.

De izquierda a derecha: Gabriel Silva, Germán Vargas Lleras, Juan Manuel Santos, Óscar Naranjo, Juan Mesa y Juan José Echavarría. Foto: Juan Pablo Bello / SIG

Es posible que el que haya llevado al presidente Santos a hacer su anuncio reeleccionista el viernes pasado haya sido Bill Clinton. Tres días antes habían comido en la Casa de Huéspedes de Cartagena con un pequeño grupo de periodistas y empresarios. 

Durante la cena el expresidente norteamericano le dijo a Santos que si estaba pensando en buscar la reelección, era necesario hacerlo público con la  mayor brevedad. Agregó que prolongar el suspenso iba en contravía de los intereses reeleccionistas, pues la claridad definía situaciones y alineaba gente. Como Clinton es considerado un genio político, Santos lo escuchó con atención. En todo caso el hecho es que 72 horas después tuvo lugar la crónica de una reelección anunciada. 

La declaración tuvo un matiz sutil. El presidente manifestó su interés contundente en que se reeligieran las políticas de su gobierno. Sin embargo, manifestó que la decisión  oficial sobre su reelección con nombre propio solo tendría lugar seis meses antes de las elecciones, fecha que corresponde al plazo límite fijado por la ley.  Esta cronología en dos etapas no es más que un recurso para protegerse de los inevitables ataques políticos que se anticipan, en el sentido de que el presidente está utilizando el poder del Estado para reelegirse.

Si Santos hubiera oficializado su candidatura esta semana, cada vez que saliera en televisón o inaugurara un colegio, una carretera o una casa, sus opositores dirían que era participación en política y que se violaban las garantías de equidad frente a los otros candidatos.  

Como técnicamente todavía no es candidato, él puede contestar  que simplemente está gobernando y no haciendo campaña. Esa hoja de parra no engañará a nadie pero lo blinda ante la Procuraduría y las autoridades electorales. 

Tal vez la mayor novedad en el mensaje presidencial fue que el vehículo para la reelección iba a ser la Fundación Buen Gobierno. Esta fue una entidad que se creó  en 1994 como un centro de pensamiento para que Santos tuviera  una plataforma propia y pudiera mantenerse vigente durante las fluctuaciones que tiene toda carrera política. 

Como había tomado la decisión de no volver al periodismo ni al sector privado, entre ministerio y ministerio aterrizaba en la Fundación donde iba formando su futuro equipo de gobierno, sus contactos internacionales y sus políticas. Ese organismo se había cerrado con su llegada a la Presidencia, pero dada la trayectoria que tenía se decidió revivirlo como centro de operaciones de la campaña santista. Buen Gobierno será, por lo tanto, durante los próximos meses el búnker de la reelección. 

Este va a tener un comando.  El jefe va a ser Germán Vargas. En teoría su cargo es el de presidente de la junta directiva de la fundación, lo que en la práctica significará que será el jefe de debate y el encargado del manejo de la manzanilla. Para esas responsabilidades, que son claves en cualquier elección, el exministro de Vivienda es insuperable. Las especulaciones sobre su posible candidatura desaparecen automáticamente, pues nadie puede ser jefe de debate de un candidato y posteriormente su contendor.  

La salida de Vargas había sido decidida entre él y el presidente desde hacía varias semanas, pero se decidió crear un suspenso alrededor de esta aplazándola hasta último momento, para subirle el rating al ministro saliente. Su reemplazo en condición de ministro encargado será su viceministro, Luis Felipe Henao, y se anticipa que eventualmente podría ser confirmado como titular.  

El segundo al mando en el búnker será Juan Mesa. Su llegada sorprendió porque se había convertido en la mano derecha del presidente, no solo para asuntos de comunicaciones  sino también políticos y administrativos.  Un hombre de confianza de ese nivel en la Casa de Nariño es difícil de reemplazar, pero Santos y él llegaron a la conclusión de que, para efectos de la reelección, su papel podría ser más útil por fuera del gobierno que desde adentro. 

 Los otros miembros de este gabinete en la sombra jugarán un papel entre honorífico y real. Como cada uno tiene una especialidad diferente, se trata de enviarle al país un mensaje de que se están estructurando la segunda etapa de la prosperidad democrática en cada una de esas áreas.  El general Óscar Naranjo, por ejemplo, para seguridad y narcotráfico. Su presencia tiene un valor simbólico importante pues al haber sido pieza clave en el gobierno de Uribe, le da legitimidad a Santos en la versión oficial de que la mano dura se mantiene.  

María Emma Mejía estará encargada de la política internacional,  Juan José Echavarría de los temas económicos y Gabriel Silva de la estrategia política.  De estos, Echavarría y Silva serán los que tendrán un papel más concreto. El primero como excodirector del Banco de la República y amigo personal del presidente, hará una evaluación  de la política económica y recomendará los ajustes o cambios de rumbo que se consideren convenientes. Y Silva, por su parte,  ha sido desde hace más de una década el principal consejero del presidente y la persona que más le habla al oído. 

Con excepción de Germán Vargas y Juan Mesa los integrantes del comando reeleccionista no tendrán responsabilidades de tiempo completo. El general Naranjo, por ejemplo, mantendrá sus asesorías y compromisos internacionales y, al igual que en la mesa de negociaciones de La Habana, aparecerá solamente cuando se trate de temas puntuales de su especialidad.  

Aunque cobran fuerza los rumores de que él podría ser el vicepresidente de Santos en el segundo periodo, su éxito profesional hace pensar a sus allegados que es difícil que esto suceda. Gabriel Silva y María Emma Mejía también seguirán con sus actividades y se anticipa que serán más interlocutores del presidente, que cuadros ejecutivos. 

La estrategia del búnker conlleva estrategias alternativas. Por una parte, notificarle a los partidos que integran la mesa de Unidad Nacional que llegó el momento de la definición. En otras palabras, o se montan en el ‘jet’ de la victoria o en la chalupa de la oposición. En esta disyuntiva, por ejemplo, se encuentran hoy el Partido Conservador y los verdes, que tienen militantes tanto santistas como antisantistas. 

En lo que se refiere al Partido de la U, del cual será candidato el presidente, se anticipa el retiro de Sergio Díaz-Granados del Ministerio de Comercio Exterior. Aparentemente, el presidente quiere que este sea el director de esa colectividad para mantener el control de esa fuerza política.  Díaz-Granados es un político experimentado y un hombre de confianza del primer mandatario, que trabajará en llave con el búnker.  

Lo que tiene de especial esta reelección es que será la primera vez en la historia de Colombia en que un presidente tiene la oportunidad de lograr un segundo mandato consecutivo en circunstancias normales e institucionales. Las reelecciones anteriores a la Constitución de 1991 no podían ser consecutivas, pues solo eran permitidas después de que el presidente se retirara del poder durante por lo menos cuatro años. 

Y la de Álvaro Uribe se desarrolló mientras se reformaba simultáneamente la Constitución para hacerla posible. Como esa reforma está hoy vigente, esta es la primera vez en que Colombia vive la experiencia de una reelección legal protagonizada por el inquilino de la Casa de Nariño.  Por lo tanto, se está abriendo trocha en un campo en el cual no hay antecedentes y habrá que ver cómo les va a los pioneros. 

La modalidad santista de un gabinete en el gobierno y uno en la sombra es la primera pista de lo que se verá en el próximo año. Paradójicamente, si Juan Manuel Santos decide en su segundo periodo volver realidad su idea de eliminar la figura de la reelección y alargar el periodo presidencial, el experimento de la reelección consecutiva no solo será el primero sino el último. 

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