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| 6/26/2012 12:00:00 AM

El 'compañero de lucha' de Petro

La convalecencia del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, obligó a su escudero fiel, Guillermo Asprilla, a salir de la sombra y tomar las riendas de Bogotá por una semana. ¿Quién es el nuevo número dos de la capital?

Durante diez días, mientras el alcalde Gustavo Petro se recuperaba de su emergencia cerebral, uno de sus más cercanos colaboradores y actual secretario de Gobierno, Guillermo Asprilla, tuvo que tomar las riendas de una ciudad con más de un chicharrón. A pocos días de la instrumentación del Sistema Integrado de Transporte y del revolcón del pico y placa, no fue una semana fácil.

Pero Asprilla, abogado de la Universidad Nacional, asumió el reto de acuerdo con su personalidad: de manera pausada, seria y honrada. Se dedicó a sacar adelante las negociaciones, a veces con reuniones de más de ocho horas, y a cuidar la casa mientras regresaba Petro, con quien mantiene contacto permanente. Han sido cercanos desde los años 90, cuando ambos militaron en el M-19 e hicieron parte de la AD M-19; Asprilla, incluso, formó parte del Congresito. Es una amistad muy estrecha, le habla con franqueza, le dice lo que piensa y no es adulador. Según varios miembros del grupo íntimo de Petro, Asprilla es indispensable para el alcalde. Fue uno de los pocos que lo acompañaron en la denuncia del cartel de la contratación de Bogotá y, como Petro, una de sus banderas es la lucha vertical contra la corrupción. Tal vez el talón de Aquiles de la relación es que Asprilla es desconfiado, por lo cual aísla al alcalde, no lo ayuda a abrirse, a conciliar ni a tender puentes con otras corrientes políticas, lo cual es necesario a la hora de gobernar.

Quienes lo conocen lo describen como un cuadro político de tiempo completo. “Piensa, lee y come en función de la política”, dice uno de sus copartidarios en Progresistas. Aunque algunos lo puedan considerar mamerto, Asprilla acepta que en la actualidad encuentra afinidad con las teorías de John Rawls y se define a él mismo como un radical. Un radical comprometido con las transformaciones profundas en la sociedad, aunque impliquen confrontaciones con el establecimiento. “Nuestro proyecto implica enfrentamiento con las estructuras establecidas, la idea es transformar la ciudad, no acomodarse”, dice. Defiende como revolucionario el modelo de ciudad de Petro, pues se trata de acabar con la segregación social y revela que su enemigo no es la riqueza ni la acumulación sino la pobreza. Otros que han militado con él a través de los años en la izquierda, dicen que es un hombre honrado, preciso en sus conceptos y riguroso en sus exposiciones.

Sin embargo, tiene duros detractores. Miembros del Polo Democrático, su antiguo partido, dicen que tienen la peor impresión del escudero del alcalde. Recuerdan que en el 2011, cuando ya militaba con Petro en Progresistas, asumió una curul amarilla en el Concejo de Bogotá cuando renunció Roberto Sáenz, por lo cual podría haber caído en doble militancia. El comité de ética del Polo lo sancionó y lo suspendió temporalmente, pero Asprilla no perdió la curul y terminó su periodo. Sus enemigos también recalcan que es tal vez el único ‘alcalde’ que tiene demandada a la ciudad, pues todavía aparece como apoderado de una acción popular de unos vecinos del relleno Doña Juana. “Es una actitud deshonesta”, dicen sus críticos.

Otro de sus defectos, según conocedores, es que padece el mal de la administración Petro: falta de gerencia. Sin embargo, si bien es más abogado que gerente y más profesor que ejecutor, él aduce que trabajó varios años como asesor de Juan Luis Londoño y luego en Función Pública. Después ejerció como abogado en temas ambientales y se volvió experto en contratos estatales.
Asprilla, que mide 1,85 y actualmente usa bastón por un problema en una de sus piernas, tiene una historia de vida singular. Se denomina como ‘mulato’ porque su papá era del Chocó y su madre, blanca. Aunque nació en Bogotá, vivió diez años en Quibdó. Es padre de dos hijos que viven en el exterior, producto de una historia de amor de 30 años que solo terminó hace año y medio cuando su esposa falleció. Es aficionado a la literatura, en especial al boom latinoamericano y oye baladas. ¿Cuál fue el último libro que leyó? “Antes de embarcarnos en esta locura, me leí la trilogía de Millenium, de Stieg Larsson”, dice. En medio de la zozobra que ha sembrado Petro, parece que en los próximos años, Asprilla no podrá leer mucho.


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