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| 8/9/2014 3:00:00 PM

El complejo mundo de las víctimas

Los conflictos que se han presentado entre las víctimas reflejan un mundo tan complejo como difícil: lleno de divisiones, sensibilidades, convicciones e ideologías.

Los foros de víctimas han puesto de presente una realidad tan difícil como definitiva para las perspectivas de paz en el país: la inmensa complejidad del movimiento de las víctimas del conflicto armado.

Lo que hasta ahora era para muchos la monocroma etiqueta del sufrimiento, está cobrando vida como un vasto planeta habitado por millones de personas, solas o unidas a organizaciones de todas las afiliaciones, notables y humildes, víctimas de uno o varios victimarios, con posiciones, ideologías e intereses de todas los orillas.

Su más reciente reunión, el multitudinario foro que congregó a 1.500 de ellas en Cali, del 4 al 6 de agosto, mostró que las víctimas pueden lucir por momentos tan divididas como sus victimarios. El episodio protagonizado el primer día del evento por el antiguo neonazi Eduardo Romano, quien se escapó de ser linchado mientras tomaba fotografías a los presentes y tuvo que ser ‘rescatado’ por personal de Naciones Unidas y la Universidad Nacional, concentró la atención en la polarización que se ha apoderado a veces de esos espacios destinados a que las víctimas planteen los reclamos que llevarán a La Habana.

Incidentes como ese no son raros en un país en el que las heridas de la guerra están abiertas y el ejemplo viene de arriba. Lo brindan el gobierno y las Farc, que se endilgan culpas con una retórica vindicativa. Lo brindan ‘modelos’ para la izquierda y la derecha como los senadores Iván Cepeda y Álvaro Uribe –ambos víctimas; ambos con sus padres asesinados; ambos enfrentados encarnizadamente en el Congreso–. Y lo brindan casos insólitos como el reto a duelo, con todo y madrazos virtuales, que le hizo por Twitter el presidente de la llamada Asociación de Víctimas de la Guerrilla Terrorista, Jaime Restrepo, al mismo Cepeda, que lidera el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice).

Una polarización que hace pensar que, con todo su sufrimiento, las víctimas y algunos de los que las representan parecen a veces la continuación del conflicto por otros medios.

En las últimas semanas han tenido el protagonismo las víctimas de las Farc y sus voceros. Aunque son apenas parte del espectro, abarcan organizaciones e individuos muy diversos. Incluyen desde asociaciones cercanas a los militares, como Colombia Herida o los oficiales retirados de Acore, que han hablado en los foros, hasta grupos liderados por uribistas pura sangre como la Fundación Colombia Ganadera (Fundagan), de la representante María Fernanda Cabal, o la del señor Restrepo.

Hay organizaciones y figuras individuales de víctimas del secuestro: desde los políticos que pasaron años en manos de las Farc para ser canjeados por guerrilleros presos, como el exdiputado del Valle Sigifredo López, el actual gobernador del Meta Alan Jara o los ex congresistas Óscar Tulio Lizcano y Consuelo González de Perdomo, hasta Asfamipaz y Marleny Orjuela, John Frank Pinchao y el general Luis Mendieta, símbolos de los militares y policías cautivos por diez o 12 años en la selva, o José Jaime Uscátegui, hijo del general Jaime Humberto Uscátegui, condenado por la masacre de Mapiripán.

Hay activistas, que en el foro de Cali fueron de los más vocales, como Herbin Hoyos que ha liderado el programa radial Voces del Secuestro y es de los que denuncia con más fuerza la presunta falta de representación que se estaría dando a las víctimas de las Farc en esos eventos. Está País Libre, la organización de secuestrados y sus familiares más respetada, cuya directora, Clara Rojas, salió elegida congresista con el liberalismo. Y la organización pionera Víctimas Visibles, que lidera hace años Diana Sofía Giraldo.

Han tenido posiciones comunes. Varias se reunieron en junio en el club El Nogal de Bogotá para dirigir 100 preguntas a las Farc sobre sus víctimas y reclaman que estas tengan mayor peso entre las que irán a Cuba. Pero se definen de maneras radicalmente distintas.

“Contradictor de diferentes gobiernos que, coartando el derecho a la Justicia, pretenden imponer una falsa paz concertando con los agresores terroristas y los criminales de guerra”, dibuja su perfil el Comité de Víctimas de la Guerrilla (Vida). En cambio, las víctimas del secuestro masivo de la iglesia La María, en Cali, dirigieron al foro en esa ciudad una carta manifestando su “voluntad de reconciliación con la insurgencia siempre y cuando esta última reconozca sus faltas y exprese su voluntad de no repetición”. Y políticos y uniformados que estuvieron cautivos de las Farc hicieron una declaración apoyando el proceso en Cuba, pidiendo aclarar la suerte de los secuestrados cuyo futuro se desconoce y llamando a “la unidad, el respeto y la tolerancia” entre las víctimas.

Y estas son solo las víctimas de las Farc.

Está además la Mesa Nacional de Víctimas, la organización más grande, con representación en casi todos los municipios del país, creada por la ley de víctimas, aunque hay quienes opinan que le falta legitimidad y es “uno de los grandes fracasos de la ley de víctimas”, como dijo a SEMANA una persona que conoce el proceso y pidió no publicar su nombre.

Hay una alianza que se llama Colombia sin Heridas, que reúne a varias organizaciones y figuras notables, como la líder de restitución de tierras Carmen Palencia, Redepaz, organizaciones de mujeres y otras. Laura Gil, uno de sus motores, la define como “un pacto político con el gobierno para el apoyo a la ley de víctimas y el proceso de paz, conservando la posibilidad de crítica”. Con un énfasis más opositor, está la Mesa Nacional de Víctimas Pertenecientes a las Organizaciones Sociales, promovida, entre otros, por la ONG Viva la Ciudadanía.

Están también el Movice y muchas organizaciones de derechos humanos, que, desde una posición más de izquierda, llevan años intentando visibilizar la responsabilidad del Estado y los paramilitares. Y hoy hay una víctima en el Ministerio del Interior: Juan Fernando Cristo, promotor de la Ley 1448, cuyo padre fue asesinado por el ELN.

Esta es solo una radiografía parcial de un movimiento en el que hay cientos de organizaciones y decenas de miles de gentes que no están organizadas. Los enfrentamientos y los señalamientos que afloraron en Cali y en los foros anteriores, en los que algunas víctimas llegaron a acusarse unas a otras de “paramilitares” o “guerrilleros” son solo la punta del iceberg de esta diversidad. La cual es normal en un universo de más de 6 millones y medio de personas que han sufrido toda clase de atropellos, a menudo a manos de varios de los actores armados.

La llegada de la discusión del tema en la Mesa de La Habana ha puesto a las víctimas en el centro de la escena y ha destapado, a veces con escándalo y crudeza, como en Cali, las complejas corrientes internas que se mueven en su seno. Sigifredo López, el único sobreviviente del secuestro y asesinato de los diputados del Valle a manos de las Farc, se dice preocupado por esa polarización.:“Las expresiones de la guerra se están viendo aquí, entre sus víctimas”, opina.

Sin embargo, como muchos otros, cree que hay otras vías. “Los victimarios no han tenido la estatura moral que hemos tenido las víctimas. Estamos reclamando ante todo verdad. Debemos lograr con el ejemplo demostrar a los victimarios que podemos perdonar y que en nuestros corazones no hay odio”, dice, insistiendo en que lo que es urgente hoy es ese tipo de llamado ético.

Más allá de la polarización, el movimiento de víctimas plantea un inmenso desafío. Fabrizio Hochschild, de Naciones Unidas, que ha estado al frente de los foros y en el ojo de la crítica por su papel en ellos, dice: “Estamos en una encrucijada en la que el debate sobre las víctimas puede ayudar al entendimiento y la reconciliación  o puede tener un efecto exactamente opuesto” (ver entrevista).

Y precisó: “No estoy de acuerdo con la tendencia de ver a las victimas exclusivamente a través de un lente que mira quién fue el victimario y que enfatiza números y porcentajes. Eso es entendible en el contexto de una negociación donde cada parte quiere resaltar la mayor culpabilidad del otro. Pero es problemático porque desconoce la complejidad del mundo de víctimas. Puede que a algunos no les guste escucharlo, pero muchas víctimas no ven gran diferencia entre la fuerza pública, la guerrilla y otros grupos armados”.

El foro de Cali, según sus organizadores y varios participantes consultados por SEMANA, terminó distinto de lo que empezó. Al final, prevaleció un tono menos confrontacional y muchas propuestas coincidieron en reclamar a todos los victimarios verdad y garantías de no repetición. Persisten diferencias entre las víctimas, pero muchas han sufrido a manos de todos los armados y buscan desarmar los ánimos y pasar la página hacia un país en paz. Quizá es en la diversidad misma del complejo planeta de las víctimas donde hay que buscar las fórmulas para la reconciliación.
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