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| 12/27/1993 12:00:00 AM

EL COMPLOT (Procuraduría)

Hasta dónde pensaban llegar los guerrilleros infiltrados en la escolta del procurador Carlos Gustavo Arrieta.

A LAS SIETE DE LA MANAÑA del miércoles 10 de octubre, el procurador Carlos Gustavo Arrieta abordó el BMW blindado que lo transportó desde su residencia, ubicada en el norte de Bogotá, a su despacho, en pleno corazón de la capital. La caravana estaba conformada por tres carros, dos motos y 15 hombres que tienen bajo su responsabilidad la seguridad de uno de los funcionarios públicos más custodiados del país. En el recorrido hacia la oficina entró una llamada al teléfono del vehículo. Su jefe de seguridad le pedía una audiencia.
Quince minutos más tarde, Arrieta y el capitán (r) del Ejército Guillermo Hernández se sentaron en una pequena sala que antecede al despacho principal. Sin rodeos, Hernández le comunicó a su jefe que tenía sospechas sobre dos de los hombres que conformaban su cuerpo de seguridad.
A renglón seguido le pidió autorización para iniciar una investigación interna y, si las cosas se complicaban, para solicitar la ayuda del DAS. Arrieta fue enfático: " Usted es el que sabe de esto. Haga lo que sea necesario para que se aclare cuanto antes este asunto".
Lo que nunca imaginó Carlos Gustavo Arrieta era que los escoltas sobre los cuales el capitán Hernández tenía sospechas eran dos de sus más cercanos guardianes. Uno tenía a su cargo la custodia de su casa y en las noches se convertía en su chofer personal. El otro tenía la misión de cuidar a sus tres pequeños hijos. Ambos conocían como la palma de sus manos los desplazamientos del Procurador, los amigos que frecuentaba, las rutas que utilizaba y las horas en que salía del trabajo o de su residencia. Y sabían toda la vida de sus hijos. Por esa razón cuando se descubrió que Carlos Meneses.
Alfaro y Oscar Echeverri Bejarano hacían parte de un comando urbano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), Arrieta se quedó estupefacto en la silla de su oficina en la Procuraduría General de la Nación.
TRAS LAS HUELLAS
¿Cómo los descubrió el capitán Hernández? Unos días antes de la Coversación que sostuvo con Arrieta, el jefe de seguridad de la Procuraduría se sorprendió cuando se encontró a Carlos Meneses en uno de los pasillos del piso 12 del despacho del Ministerio Público. La pinta que tenía ese día era ejecutivo y no de un escolta de 350 mil pesos de sueldo. Del Everfit pasó al paño importado. Pero más allá del vestido, fueron una gruesa cadena de oro y un reloj de marca los que llamaron la atención del capitán Hernández. También dejó mala espina en su jefe la relación íntima que en tan pocos días había entablado con otro de los escoltas de nombre Oscar Echeverri Bejarano, un ex oficial de la Policía que en 1990 había ingresado al equipo de seguridad de la Procuraduría.
De inmediato Hernández solicitó los antecedentes de los dos hombres. Meneses era el hombre que en las noches tenía la responsabilidad de la seguridad del Procurador. Su hoja de vida era intachable. Había ingresado al grupo de escoltas del Ministerio Público cuando Horacio Serpa ocupaba ese cargo. Se ganó la confianza de su jefe y, cuando éste abandonó el cargo, el propio Serpa solicitó que lo nombraran en comisión con el fin de que se hiciera cargo de su seguridad. Fue así como se le dio traslado a la Procuraduría regional de Barrancabermeja, donde Serpa adelantó su campaña política.
Meneses terminó su período de comisión hace dos meses y fue reintegrado al equipo de seguridad de Arrieta. Su experieneia fue suficiente carta de presentación para que de inmediato fuera asignado como jefe de seguridad en la residencia del Procurador.
Bajo su mando tenía un grupo de 10 hombres que custodiaba en la noche la residencia de Arrieta. Muchas veces cumplió las funciones de conductor y transportó en el BMW blindado, sin escolta alguna, al Procurador a sus reuniones sociales.
Por su parte, Oscar Echeverri Bejarano había integrado el equipo de seguridad del entonces procurador Alfonso Méndez Gómez. Su labor fue ampliamente reconocida y, cuando Mendez abandonó el Ministerio Público, Echeverri pasó al cargo de jefe de sotano. Su trabajo consistía en controlar el ingreso de vehículos al parqueadero del edificio donde funciona la Procuraduría. Era uno de los puntos más vulnerables en cuanto a seguridad.
Para evitar cualquier contratiempo se requería de una persona de entera confianza. Hace 10 meses fue trasladado de cargo y se le entregó la difícil misión de escoltar a los tres hijos de Arrieta.
Era el jefe de un pequeño grupo que tenía bajo su responsabilidad el desplazamiento de los pequeños al colegio, las visitas donde sus amigos, al club y a las fiestas de fin de semana.
Cuando comenzó la investigación por parte del capitán Hernández, los dos escoltas fueron trasladados de inmediato de sus cargos. A Meneses se le asignó la vigilancia del piso donde opera la Procuraduría delegada de la Policía Nacional. Esta funciona en el mismo lugar donde tenía su despacho el ex procurador Guillermo Villa Alzate. Los organismos de seguridad que están investigando el complot de los dos escoltas integrantes de las Farc han tratado de vincularlos con el caso Villa, pero Arrieta es enfático frente a esta interpretación: "No existe relación alguna. Meneses nunca hizo parte del grupo de seguridad del ex procudador delegado. Esto son simples conjeturas". A Oscar Echeverri se le trasladó al parqueadero de visitantes donde cumplía las tareas de controlar el ingreso de carros particulares al edificio de la Procuraduría.
Con el paso de los días, el capitán Hernádez comenzó a atar cabos y, a comienzos de la semana pasada, encontró que el asunto era más grave de lo que había imaginado. Otra vez solicitó una audiencia con el Procurador para ponerlo al tanto de la investigación. Le pidió que era necesario recurrir a los organismos de seguridad para que les dieran una mano. Arrieta de inmediato se comunicó con el director del DAS, Fernando Britto, y en una a corta conversación le comentó el asunto. Britto se puso a disposición del Procurador General de la Nación y le manifestó que su gente ayudaría en la investigación. Tres días después las pesquisas comenzaron a arrojar resultados. Se descubrió la red urbana de las Farc que estaba integrada por 10 hombres, entre ellos los dos escoltas de seguridad del Ministerio Público. Cuando se logró recoger toda la información, se procedió a su captura y en la casa de Meneses se encontraron granadas, un visor nocturno, cuatro pistolas y uniformes de uso privativo de las fuerzas Militares.
Lo que los investigadores no han podido establecer es si los dos escoltas hacían parte de un plan para secuestrar a Carlos Gustavo Arrieta o a sus hijos. Lo cierto es que el Procurador ha sido amenazado de muerte, por medio de llamadas telefónicas, por su posición radical frente al nuevo Código de Procedimiento Penal. Pero, según sus propias palabras, esas amenazas no son nuevas, pues en un cargo como el suyo los enemigos son casi gratuitos. Entre tanto, los organismos de seguridad continuan su labor en busca de establecer cual era la verdadera misión de los escoltas que lograron convertirse el brazo derecho de la seguridad de Carlos Gustavo Arrieta.
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