Martes, 21 de octubre de 2014

| 2013/04/24 00:00

“El Congreso discrimina a su gente”

Armando Benedetti habla en Semana.com minutos después de que el Congreso hundió su proyecto sobre matrimonio igualitario.

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Tras el hundimiento del proyecto del matrimonio igualitario, su ponente, el senador Armando Benedetti, habló duro y con rabia con Semana.com. Según él, se siente victorioso por disminuir la ignorancia y los tabúes sobre la comunidad LGBTI, pero se siente desilusionado de hacer parte de un Congreso que parece una caverna anacrónica.

Semana.com: ¿Quedó mal el Congreso?

Armando Benedetti: Claro, como siempre. El Congreso tiene fachada de catedral pero es una pesebrera por dentro. Pero más allá de eso, quedó claro que el Congreso no existe, que no representa a nadie, ni a nosotros mismos. La Corte Constitucional es la que legisla y ahora será ella quien dirima los conflictos que se puedan presentar con los notarios.

Semana.com: ¿Le hizo falta el apoyo del Gobierno? ¿Por qué cree, como dice Angélica Lozano, que el Gobierno permaneció en el clóset?

A. B.: Yo me baso en las palabras del ministro del Interior, Fernando Carrillo, en las que explícitamente y tácitamente dice que no quieren perder el apoyo de la Iglesia ni ponerla molesta. La actitud es tal, que ni siquiera fue al Congreso el pasado miércoles ni hoy. No era una prioridad.

Semana.com: ¿Usted considera que los congresistas representan lo que el país es y lo que el país cree? ¿Cree que somos un país conservador y religioso, todavía incapaz de legislar sobre temas como matrimonio igualitario?

A. B.: El partido Conservador no existe, no presentan candidatos presidenciales durante cuatro elecciones y eso para un partido mayoritario como ellos es igual a no existir. Ellos creen que con este tipo de posiciones van a sumar votos y mantener su caudal electoral. Y no creo porque ellos representan la caverna, lo retardatario y lo anacrónico. Y el país está en otra cosa.

Semana.com: ¿El país esta listo?

A. B.: Claro que sí, obvio que sí. Y le doy un ejemplo: Barranquilla es lo más incluyente que hay. En el carnaval, por ejemplo, siempre ha estado representada la comunidad LGBTI con gran respeto. Y mire lo que pasa con los senadores de Barranquilla. Uno es agresivo, el otro nunca va, el otro no entiende y el otro repite sin saber qué dice. Hay una brecha grande entre el Congreso y el país que supuestamente representamos. Y ni hablar de los jóvenes, es impresionante el apoyo que he encontrado en ellos para este proyecto. La gran mayoría de la gente de 22 a 32 años apoya el proyecto.

Semana.com: ¿Su partido, La U, lo dejó solo por su supuesta rebeldía en las últimas semanas?

A. B.: No lo sentí así. El día que se firmó ese supuesto pacto entre La U y los conservadores, sólo fueron 12 senadores de La U, y somos 25. Por otro lado, el que quiera decir que está peleado conmigo es un mentiroso que se poniendo una careta hipócrita para soslayar sus limitaciones.

Semana.com: ¿Qué lecciones ha aprendido después de varios intentos de tratar de defender y avanzar los derechos de las minorías?

A. B.: Que el Congreso no tiene el poder. Lo tienen los medios y las cortes. Y tampoco tiene ímpetu, en especial cuando se trata de legislar para las minorías. Prueba de eso son los avances en salud, desplazamiento, desigualdades y demás, que son solucionados por jurisprudencia a favor de las minorías y no por legislación. Y nosotros, nada. También aprendí que uno suma adeptos si lidera los temas inteligentemente.

Va a ver que la siguiente generación va a corregir todas nuestras estupideces y equivocaciones gracias a estos debates. Ya hemos mejorado. Los columnistas y los medios, a través de sus editoriales, están a favor; en las universidades se habla el tema sin problema, las redes sociales lo promueven y hasta la Iglesia ha sido respetuosa y prudente. Cuando empecé a debatir estos temas, la comunidad LGBTI era tratada de enferma y pornográfica. Al menos estos debates sirven para disminuir la ignorancia y los tabúes que estos temas generan.

Semana.com: En un discurso frente al Legislativo español, el presidente Rodríguez Zapatero dijo que apoyaba el matrimonio igualitario porque respetar las minorías era lo que definía un país decente. Si nosotros no lo logramos ¿esto quiere decir que Colombia no es un país que respeta a las minorías? En otras palabras, ¿no es decente?

A. B.: Lo que queda claro es que el país parece ser más decente y más abierto que el Congreso porque aquí todavía se discrimina a su gente.

Semana.com: Uno de los argumentos en contra del matrimonio igualitario es que con este se abriría un boquete para la adopción de parejas del mismo sexo. ¿Esto es así?

A. B.: Primero que todo, los argumentos de los contradictores no son más que tres. Hablan de la ley natural, de la ley de Dios y de proteger la ley de Dios. Que yo sepa, uno en el Congreso no usa la Biblia sino la Constitución. Y además, no caen en la cuenta de que son los mismos argumentos de quienes se oponían a abolir la esclavitud, a los derechos civiles para los afrodescendientes, y al sufragio universal.

Semana.com: ¿Y la adopción?

A. B.: No tiene nada que ver con la adopción. No hay una sola mención del tema de adopción en el proyecto. Y es que mucha gente adopta niños hoy día, sin importar su inclinación sexual y su estado civil. Lo que hay de fondo es uno con quién va a la cama por la noche. No es más. Y si uno deja que el Estado se meta en su cama todas las noches, está fregado.

Semana.com: ¿Por qué la insistencia en la palabra matrimonio?

A. B.: Porque yo creo que el matrimonio no es sólo para procrear. Es para acompañarse, tener un proyecto de vida en común, organizarse. Y todos tenemos derecho de hacer esto. La comunidad LGBTI, hasta el momento, ha tenido que perder su identidad, esconder a sus parejas y renunciar al derecho detener un estado civil. Vivir callados, y no me parece.

Semana.com: La sociedad está cambiando, ¿no cree que las leyes deban reflejar ese cambio? Como dijo Martha Lucía Cuéllar, madre de un joven homosexual en la plenaria del senado: "O los congresistas cambian o los cambian"...

A. B.: El mundo está hablando de eso. Los grandes líderes como Angela Merkel, Francois Hollande, Bill Clinton y Barack Obama entienden que es una prioridad. En América Latina pasa lo mismo. Y nosotros queremos quedarnos en el mismo estado mental de 1945, un gran charco desangre. Las generaciones que han venido después son las más incluyentes y nosotros no queremos unirnos a ese grupo progresista. Parece que el Congreso fuera una caverna subterránea del país que le da la espalda al debate, a las libertades. El Congreso no existe.

Semana.com: Y entonces ¿qué pueden esperarlas minorías en este país?

A. B.: Lo que ha pasado desde Cafarnaúm. Las libertades individuales son reconocidas traumáticamente y poco a poco. Parece que el Congreso, en vez de jalonar nuestro paso al primer mundo, quiere permanecer en el tercer mundo.

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