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| 10/6/2007 12:00:00 AM

¿El congreso sí piensa lanzarles el salvavidas a los congresistas presos?

El senador conservador Hernán Andrade le responde a María Isabel Rueda

M.I.R.: Ya se comienza a hablar de un tema que el país tendrá que enfrentar tarde o temprano: ¿Está bien que los congresistas paguen más pena por sus vínculos con el paramilitarismo que los jefes paramilitares?
H.A.: Ya el tema se puso sobre la mesa. En un reciente desayuno en Palacio, varios congresistas lo planteamos y no soy infidente, porque fue un desayuno público. Pero como coordinador de ponentes de la ley que resolverá la situación jurídica de los militantes rasos del paramilitarismo, yo llevé la vocería.

M.I.R.: ¿Existe la posibilidad de que en esa ley metan un mico para excarcelar congresistas?
H.A.: Ninguna. Hay un parágrafo expreso que excluye a los parlamentarios.

M.I.R.: ¿Y si se cae el parágrafo por el principio de igualdad?
H.A.: El propio presidente Uribe ha dicho que un congresista no es igual a un campesino paramilitar, porque los funcionarios públicos tienen mayor responsabilidad ante el país. Pero si se cae, este nuevo proyecto está dirigido expresamente a los desmovilizados, y los parlamentarios no están cobijados por la Ley de Justicia y Paz.

M.I.R.: ¿A pesar del argumento del Presidente, usted sí cree que hay desproporción entre las penas de unos y las de otros?
H.A.: Sí la hay. Los jefes paramilitares están entre cinco y ocho años, y los parlamentarios, condenados por concierto para delinquir agravado, pagarían entre ocho y 19 años de cárcel; y la pena del que financie, y esa es otra discusión que no se ha dado, subiría hasta 25 años. Es evidente esa desproporción.

M.I.R.: O sea que se viene una ley para los para-políticos presos. ¿Cuándo?
H.A.: En ese desayuno quedamos en que no se puede resolver la ley para los milicianos rasos de las autodefensas con esta que pretende hacer menos desproporcionada la pena aplicable a los para-políticos.

M.I.R.: Pero usted mismo acaba de darme el argumento de que esa desproporción de las penas entre paras y políticos no es tan 'desproporcionada'. Es que los congresistas, los gobernadores, los alcaldes, tienen una responsabilidad mayor ante la sociedad…
H.A.: La simple investidura ya da para esa pena tan alta y la sociedad los condena a esos 15 años de prisión por el simple hecho de tener esa investidura.

M.I.R.: Investidura que imprime carácter…
H.A.: Desde luego. Por eso nunca se ha pensado en exonerarlos. Siempre se ha pensado en sentencia y en muerte política. Y sobre todo, depende de lo que la sociedad esté dispuesta a aceptar como justo, porque la ley tendrá que tener su visto bueno. Los que están en secuestros, tendrán que recibir la pena que la ley contempla. Lo mismo quienes se beneficiaron electoralmente de esos delitos. Pero los que sólo hicieron contactos, como Ordosgoitia, Imbeth, Reginaldo Montes… ¿Hasta dónde está la sociedad dispuesta a tratarlos de manera más benigna? Esa es la discusión que se debe dar de cara al país.

M.I.R.: ¿Usted está dispuesto a lanzarle ese salvavidas a la clase política?
H.A.: Yo no voy a ser el autor de esa propuesta. Voy a esperar a que sea el gobierno el que la plantee. Este es un tema que requiere un liderazgo nacional. Lo que sí estoy es dispuesto a abocar la discusión de frente al país. ¿Resiste la sociedad que a estos políticos los mandemos a la casa en tres o cuatro años y ellos queden con la simple muerte política?

M.I.R.: ¿Usted qué cree?
H.A.: Yo creo que los que hicieron apenas los contactos no merecen 15 años de cárcel. El paramilitarismo fue una realidad social. Y el fenómeno no es sólo de para-políticos. ¿Y los comerciantes? ¿Los empresarios? ¿Los industriales? ¿Y el que financió por coacción? Lo que pasa es que hasta ahora los que han salido ante la opinión son los políticos.

M.I.R.: ¿Qué figura jurídica cobijaría a los parlamentarios en esta nueva ley?
H.A.: En ese desayuno, repito, el Presidente fue muy claro en que no era igual un parlamentario a un campesino armado de fusil. Pero ante la presión, o ante la petición de los parlamentarios de que se tocara el tema de la desproporción de la pena frente a los jefes paramilitares, él dijo: "estudiémoslo". Y en la charla de la semana pasada con la presidenta del Congreso, Nancy Patricia Gutiérrez, volvió a plantear la apertura de la discusión. En el Congreso estaremos dispuestos a darla.

M.I.R.: Pero alrededor de la discusión el ambiente está enrarecido. Primero, porque la gente no les perdona a los políticos nada. Segundo, porque la gente tiene la sensación de que se quiere meter un mico. Y tercero, porque ha quedado la sensación de que desde La Picota mandan razones, mandan presiones, mandan proyectos, redactan cosas…
H.A.: Al Congreso le presumen la mala fe. Pero yo, Hernán Andrade, coordinador de ponentes de ese proyecto, puedo asegurarle al país que ni me han hablado, ni contactado, ni hablado al oído.

M.I.R.: Pero usted sí los ha visitado… Y no estoy diciendo que eso no se pueda hacer.
H.A.: Fui de los primeros en ir. Formamos una comisión y yo denuncié que no estaban en circunstancias apropiadas para unos funcionarios públicos. Dije que merecían un mejor tratamiento. Lo que le aseguro es que el tema no se va a tratar debajo de la mesa.

M.I.R.: ¿Cuándo se va a presentar la ley para acortarles la pena a los para-políticos?
H.A.: En noviembre. Pero debe ser iniciativa del gobierno. La opinión les tiene fucú a muchos temas que propone el Congreso. Por ejemplo, ¿por qué los congresistas no tenemos derecho a la doble instancia? Si eso lo plantea un parlamentario, es un problema nacional.

M.I.R.: ¿Y cómo van a resolver el problema con la Corte, qué opina de los parlamentarios que cometieron concierto para delinquir agravado?
H.A.: Así lo planteó el gobierno: la adecuación del tipo penal, bajando el concierto para delinquir de agravado a simple. Pero ojo, que esa discusión apenas comienza. Sí deploro públicamente por este medio cualquier amenaza contra la Corte, que es terrible para la institucionalidad. Y desde luego, también las amenazas contra la senadora Nancy Patricia Gutiérrez. Pero el hecho de que se produzca una sentencia no significa que los congresistas no podamos discrepar. Por ejemplo, yo no comparto que el hilo conductor del delito de los paramilitares, según la Corte, sea sencillamente el del delito común. Ya el gobierno anunció que va a regresar a la teoría de que los paramilitares cometieron un delito político, el de sedición. En eso estamos en contra de lo que planteó la Corte Suprema. ¿No se podrá plantear esa posibilidad sin que se presente un desbarajuste institucional? Cada caso es diferente. No estamos desconociendo que la Corte es el juez natural.

M.I.R.: ¿No es como escandaloso adecuarle el tipo penal a unas personas que están detenidas, que están siendo procesadas, antes de que las sentencien, para que les salga más bajita la pena?
H.A.: Por eso creo que la discusión debe ser si ellos podrían estar incursos en el delito político de sedición. Ampliar la órbita de la Ley de Justicia y Paz es una opción para esos para-políticos, y para los para-comerciantes, y los para-industriales. A mí me tocó la ingrata tarea de poner sobre la mesa el tema en ese desayuno en Palacio. Pero no es por cobardía que no la lidero, sino que por la complejidad del tema, tengo que contar con el apoyo de mi partido y ante todo, con el apoyo de mi gobierno. Y sobre todo, tengo que saber lo que la sociedad piensa de este tema.

M.I.R.: ¿Cualquiera que sea el tipo de delito por el que terminen condenando a los congresistas, queda claro que sí van a tener muerte política?
H.A.: No cabe la menor duda. Tiene que haber sentencia, cárcel y muerte política. El propio Gustavo Petro propuso que hubiera un acuerdo sobre la verdad. Yo también lo aceptaría, siempre y cuando los acusados desmontaran sus grupos políticos.

M.I.R.: Algo imposible. ¿No ve que sí siguen politiqueando desde La Picota?
H.A.: Insisto en que la discusión apenas arranca. Pero que va a arrancar, va a arrancar. Y que quede claro que no vamos a aceptar presiones desde La Picota. Si bien tenemos con los parlamentarios detenidos una solidaridad de colegaje, tampoco tanto. Esperemos que el gobierno dé el primer paso.
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