Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/06/28 00:00

El costo de ser sapo

La historia de Víctor Patiño Fómeque resultó ser tan espeluznante como 'preso' que como mafioso: para lograr una pronta libertad, 35 personas fueron asesinadas por sus delaciones.

p Víctor Patiño Fómeque nunca pisó una cárcel en Estados Unidos durante los seis años que duró su negociación con la justicia. Siempre ha estado en una reclusión especial con todas las comodidades

Una de las 10 frases más populares en la historia del cine es la que pronunció Al Pacino en El Padrino: "Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar". Y todo parece indicar que algo muy parecido le dijeron los agentes de la DEA a Víctor Patiño Fómeque para que este se atreviera a destapar el libro secreto de su vida criminal.

Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, a sus 67 y 65 años, probablemente pasarán en la cárcel el resto de sus días. Sus condenas de 30 años equivalen a una cadena perpetua. Lo mismo les podría suceder a muchos de los capos importantes que han sido extraditados a Estados Unidos. Sin embargo, hay excepciones a las que la justicia norteamericana llama colaboración efectiva y en el lenguaje de la mafia significa volverse 'sapo'.

Y ese es el caso de Patiño Fómeque, conocido como el 'Químico'. Patiño decidió, hace seis años, contar todo lo que sabe a cambio de una rebaja de pena significativa.

El juez Kenneth Marra, del Tribunal Federal de Fort Lauderdale, del Distrito Sur de Florida, es el encargado de decidir la suerte de quien fue uno de los más poderosos capos del cartel de Cali. Después de evaluar lo que ha contado Patiño, el juez Marra -quien también evalúa el caso contra el gigante bananero Chiquita Brands por financiar paramilitares- anunciará en los próximos meses su sentencia.

Se calcula que su condena podría ser de seis años, lo que significaría que ya tendría la pena cumplida. Pero el costo no ha sido sólo el de convertirse en delator. Cuando comenzó a encender el ventilador frente a la DEA, en 2002, la muerte fue llegando a su familia. Primos, escoltas, trabajadores de fincas, testaferros, contadores, abogados y hasta fiscales fueron asesinados.

En la medida en que contaba sobre la vida y los negocios de otros narcotraficantes, ubicación de laboratorios en la Costa Pacífica y las rutas utilizadas para la salida de la droga, uno a uno iban cayendo abaleados sus allegados.

La sangrienta venganza de sus antiguos aliados acabó incluso con la vida de su hermano medio, Luis Ocampo Fómeque, conocido en la mafia como 'Tocayo', cuando asistía, en febrero de 2004, a una cita en la finca Alexandría, en Buga, Valle. En la reunión estaban Juan Carlos Ramírez Abadía, 'Chupeta', hoy preso en Brasil; Wílber Varela, 'Jabón', asesinado en Venezuela; Ramón Quintero, fugitivo; Pedro Nel Pineda, 'Pispis', asesinado en México, y Laureano Rojas Rentería, el hombre de las caletas de Cali, asesinado en la cárcel.

Ese mismo año, su madre, Deisy, les narró a las autoridades el crimen de su hijo Luis. "Mi hijo estaba sentado. A un lado estaba Varela y detrás de mi hijo estaba 'Chupeta'. Estaban alegando cuando 'Chupeta' sacó el arma y le disparó por detrás en la cabeza. Cuando cayó, lo remató Varela en el suelo. Después llegó un tipo con motosierra, lo descuartizó a él, a una mujer y a dos niñas menores. Todos aparecieron flotando por el río Cauca. Ellos dijeron que lo hicieron porque mi hijo era un sapo".

Dos de los abogados del 'Químico' también cayeron abaleados. Todo ocurrió en menos de 24 horas. Dos hombres en una moto mataron a uno con siete balazos, cerca de la Fiscalía de Cali. De nada le sirvió el blindaje liviano de su camioneta. Y al otro lo asesinaron horas antes, en una librería del centro de la misma ciudad.

El resto de la familia y allegados huyeron de la vendetta que se dio a lo largo de un año. Unos se refugiaron en Panamá y otros en Argentina.

Después del ataque de sus antiguos socios y de tantos muertos cercanos a sus afectos, Víctor Patiño les ayudó a armar a los agentes de la DEA cerca de 10 indictments o acusaciones en contra de todos los narcos que conocía al dedillo y también les habló de la infiltración de su negocio en la política y cómo financió las campañas que culminaron con el famoso proceso 8.000. Sostuvo que el ex senador Vicente Blel era uno de sus testaferros y recibía cerca de 40.000 dólares por cada congresista que asegurara en contra de la extradición. Dijo que los carteles de Cali y Norte del Valle hicieron una 'vaca' que llegó a los cinco millones de dólares. Habló del dinero que les dio a un reconocido líder político conservador del Valle del Cauca y a un dirigente del sector turístico. Además, puso al servicio de los agentes y los fiscales federales los nombres de la gente que tenía infiltrada en la Fiscalía, en la Policía y en la Armada.

Pero quizá la colaboración que más le ha servido a la DEA es la de los contactos con la mafia mexicana y el enlace de los carteles con los traficantes de narcóticos por Panamá, Texas y California. Les nombró uno por uno a sus 45 testaferros y les dio el listado completo de sus propiedades y cómo ocultaba su inmensa fortuna, incluida la que sus enemigos le habían arrebatado. Meses más tarde, la Fiscalía, la Dijín y la Dirección de Estupefacientes de Colombia ocuparon 500 bienes en el Valle, Cali y Bogotá, y el gobierno se dio un banquete de incautaciones absolutamente sorprendente, que se extendió a Cartagena y al Eje Cafetero.

Mientras el capo colaboraba con la justicia, 25 miembros de su familia fueron beneficiados con visas especiales por el gobierno norteamericano para permanecer en Estados Unidos.

Una fiscal, un oficial de la Dijín y varios miembros de la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes han interrogado al ex capo en Estados Unidos. Allá, Patiño ha gozado de privilegios desde cuando arrancó su cooperación. Las entrevistas no se realizaron en ninguna cárcel porque jamás ha pisado una prisión norteamericana, aunque ha permanecido en un sitio especial de reclusión y figura en el registro del Buró de Prisiones como liberado.

El otrora capo del cartel de Cali nació en Honda, Tolima. Estudió hasta quinto de primaria. Durante 15 años se dedicó al negocio del narcotráfico. Disfrutó a sus anchas del placer y las excentricidades. Fue implacable con sus enemigos y conoció las cárceles de Colombia.

Pero la historia de Víctor Patiño Fómeque no es la de un narco cualquiera. Después de seis años que duró negociando con la justicia estadounidense, y a sus 49, es el primer capo extraditado a Estados Unidos que está a punto de iniciar una nueva vida con una nueva identidad.

A diferencia de Pablo Escobar, que dejó para la historia la frase "Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos", Patiño Fómeque parece que invirtió el orden y prefirió negociar muchas tumbas en Colombia a cambio de su libertad en Estados Unidos.

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