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| 10/24/2009 12:00:00 AM

El cruzado

El procurador Alejandro Ordóñez destapó sus cartas en el caso del aborto y demostró que puede provocar cambios en temas de alto calado moral. SEMANA revela detalles desconocidos de su vida y de su asombrosa devoción católica.

No es nada común en Colombia que un alto funcionario estampe su firma en un comunicado de prensa. Y eso ocurrió la semana pasada con el procurador general, Alejandro Ordóñez. Lo hizo para pedir que se anule un fallo en el que la Corte Constitucional ordena al gobierno les hable a las colegialas sobre los derechos que tienen en materia sexual.

En el comunicado, el Procurador no sólo tergiversó los términos del fallo de la Corte, al decir que éste ordenaba "diseñar campañas masivas de promoción del aborto", sino que al estampar su rúbrica dejó claro que para él se trataba de algo personal. Y no es la primera vez que responde de manera tan inusual. Hace un mes, en una decisión pocas veces vista, creó un grupo especial para hacer control previo a la Clínica de la Mujer de Medellín porque le dijeron que tenía como fin practicar abortos.

Y cerró la faena el viernes con una frase provocadora en un auditorio universitario: "A mí no me asustan los editoriales ni las estigmatizaciones... ¡me importan un bledo!", dijo refiriéndose a las críticas que recibió por el tema del aborto.

La conclusión es que en unas cuantas semanas, el Procurador logró lo que las organizaciones provida han intentado por más de dos años sin suerte: crear un manto de duda sobre la decisión que tomó la Corte Constitucional en 2006 de darle vía libre al aborto en casos excepcionales.

Pero nadie puede declararse sorprendido. Desde el día cero era claro que el nuevo Procurador General tenía una agenda más moral que política en el tema. Su ataque acérrimo al aborto y al reconocimiento de los derechos de los homosexuales estaba cantado. En su libro Hacia el libre desarrollo de nuestra animalidad fija una posición que algunos seguramente catalogan como de la caverna (ver frases destacadas).

Antes de ser elegido protagonizó dos sonadas polémicas. La primera cuando demandó a la revista SoHo por hacer una versión criolla de la 'última cena' y la segunda cuando como presidente del Consejo de Estado quitó el óleo del general Santander para cambiarlo por un crucifijo.

Estos antecedentes son apenas una pequeña muestra de que no se trata de un practicante católico cualquiera. Por ejemplo, hace apenas unas semanas, el día en que se conocieron unas grabaciones de Juan Ángel Palacio -el mismo que renunció a la terna para elegir al Fiscal-, el procurador Alejandro Ordóñez iba camino a Barichara. Lo llamaron al celular y le contaron que Ángel, que había sido su colega en el Consejo de Estado, decía todo tipo de barbaridades en su contra. Ordóñez se acomodó en el mullido sillón de su camioneta blindada y visiblemente afectado le preguntó a una procuradora que ha sido su mano derecha por casi dos décadas: "María Eugenia, ¿qué le hice yo al doctor Juan Ángel?". Ella trató de explicarle que tal vez tenía que ver con una vieja disputa entre los dos por la presidencia del Consejo de Estado. Pero Ordóñez casi ni la escuchó, porque antes de que ella terminara ya le estaba diciendo: "Recemos un rosario".

Pidió rezar una y otra vez. De tal manera que cuando llegaron a su destino ya habían entonado tres rosarios completos. Como buen católico, tal vez esperando que sus plegarias desintegraran el odio del colega.

Pero eso no es todo. Se levanta hacia las 4 de la mañana y hace sus oraciones, algunas veces, en latín. Para ello utiliza un pequeño cuarto que tiene en su casa, al que le dice la "ermita", y en el que lo acompañan sus santos predilectos. Y cuando está en la oficina, antes de comenzar una reunión clave o de dar una entrevista difícil a la prensa, lo dejan solo para que pueda encomendarse a San Benito o a San Juan de la Cruz en una especie de oratorio que acondicionó.

Pero quizá la faceta más desconocida de su devoción es que pertenece a un selecto círculo conocido como la Orden de la Legitimidad Proscrita. Si bien tiene cierto aliento de comunidad secreta, en realidad se encuentra en Google. Es un grupo que gravita alrededor de "su alteza real Don Sixto Enrique de Borbón", primo exiliado del rey Juan Carlos de España, quien, aunque suene a chiste, todavía espera acceder al trono.

Este grupo mezcla religión y política y termina siendo expresión de la más refinada derecha. Don Sixto expresó su apoyo al francés Jean Marie Le Pen en 2002. El grupo todavía se refiere a Colombia como "la Nueva Granada" y peregrina a la tumba de San Ezequiel Moreno, un sacerdote famoso en Pasto a finales del siglo XIX, y quien en plena Guerra de los Mil Días decía que "el liberalismo es pecado" y que "la guerra es castigo que Dios permite para purificar a la nación".

El procurador Ordóñez no es un miembro cualquiera de este grupo. El año pasado el propio Don Sixto le impuso la orden de caballero, al mismo tiempo que al golpista Juan María Bordaberry, ex presidente de Uruguay, hoy detenido.

Don Sixto le ha dicho a la esposa del Procurador que "si existieran cuatro hombres en el mundo como Alejandro", el mundo sería otra cosa.

De dónde viene
Tanto el Procurador como su familia, que siempre se han mostrado orgullosos de sus creencias, ahora están tratando de decir que practican la fe como muchos otros en Colombia. A Ordóñez lo mortifica bastante que traten de hacer una caricatura de él y sobre todo de algo que le es tan sagrado como su religión. De alguna manera se sienten perseguidos por su forma de pensar. Él mismo ha reclamado que "no hay inhabilidad ética ni constitucional por las convicciones".

El padre del Procurador, que falleció en 1994, era un hombre muy respetado en Bucaramanga. No sólo fundó la fábrica de galletas más tradicional de la ciudad, sino que un periodista lo calificó como el arqueólogo más importante de la región. Mientras aprendía a hacer galletas en Bélgica, en la década de 1930, se apasionó tanto por los jeroglíficos de la Isla de Pascua, que al cabo de 20 años descifró el 'alfabeto' y su hallazgo tuvo eco en los museos británico de Londres, y del Hombre en París.

El catolicismo es parte de la genética de la familia. Una de las hermanas del Procurador, María Eugenia, es la superiora de las hermanas de la Presentación en Bucaramanga. Y en el caso del joven Alejandro, el fervor se agudizó en el colegio San Pedro Claver, regido por jesuitas de la vieja guardia. En esa época se dio la cuestionada quema de libros y revistas en la que participó el hoy Procurador. Él ha dicho que así como muchos jóvenes tiran piedras y quiebran vidrios, él y un grupo de amigos, el día de la Virgen, decidieron también protestar a su manera.

Por esa época también era miembro de un grupo de doctrina conservadora, seguidores de Álvaro Gómez y de su padre Laureano. Por ese camino, Ordóñez se convirtió en presidente de las juventudes departamentales conservadoras y llegó a ser concejal de Bucaramanga.

A la hora de elegir su profesión decidió que iba a ser sacerdote. Estudió en París y en Argentina. Pero se le atravesó el amor y colgó los hábitos. Tiene tres hijas, dos de ellas estudiantes universitarias, y 29 años de matrimonio. "Es un esposo casi perfecto", dice su esposa, Beatriz Hernández.

Ordóñez asume su trabajo con tanto empeño, que pareciera una misión encargada por Dios. Y por eso trabaja, trabaja y trabaja. En Bucaramanga llegaba al tribunal, a veces, a las 5 de la mañana, y ahora llega a la Procuraduría a las 6.

Como buen cristiano, no se deja tentar por el dinero ni le gustan los lujos. Si le dan una corbata Ferragamo, por ejemplo, se la regala a su conductor. Cuando supo que podía ser elegido Procurador renunció a un contrato de 200 millones de pesos. Y eso lo tienen tan claro sus amigos que cuando fue elegido Procurador sólo se les ocurrió regalarle santos: ese día su apartamento parecía el templo del Divino Niño.

"Él es un hombre absolutamente bueno. Siempre está pensando cómo ayudarle a la gente y cómo no hacerle daño a nadie. Parte de la base de que todo el mundo es bueno como él. Y por eso a veces se equivoca", dice una persona que conoce bien la Procuraduría. Y es la misma percepción de muchos otros que trabajan con él.

¿Qué tanto se contamina?
El hecho de que un hombre profese su religión con fervor no tendría por qué convertirlo en blanco de acusaciones. Por el contrario, se podría pensar que en un país donde la corrupción crece a pasos agigantados, es una buena noticia que a la cabeza de uno de los más importantes organismos de control esté alguien que, como Alejandro Ordóñez, sigue al pie de la letra preceptos como la verdad y la honestidad.

El problema, para un personaje público como él, se da si sus creencias terminan por contaminar sus decisiones. En el caso de Ordóñez, evidentemente, lo ha hecho en el tema del aborto, pero la pregunta es si ocurre lo mismo con otras áreas de su gestión.

En sus decisiones parece encenderle una vela a Dios y otra al diablo. La gran polémica se dio con el caso de la Yidis-política, cuando absolvió al embajador Sabas Pretelt y al ministro Diego Palacio, a pesar de que el anterior Procurador le había dejado encima de su escritorio un proyecto que decía todo lo contrario. Ordóñez se defendió diciendo que las pruebas no le permitían hacer nada distinto. Si las pruebas no estaban bien tomadas, ¿por qué no anuló el proceso y lo comenzó de nuevo?

Pero tal vez las decisiones del Procurador que más han llamado la atención son las de la para-política. Está bien que cumpla su tarea de velar por los derechos de todos los colombianos, pero en este caso ya parece demasiado. Por una parte, ha pedido varias veces la nulidad de los procesos contra los congresistas que se aliaron con paramilitares. Pero el mismo empeño no se le ha notado a la hora de adelantar investigaciones disciplinarias contra los cientos de funcionarios que han sido señalados por los paramilitares como sus aliados.

Por otra parte, exigió que los magistrados que investigan la para-política vayan acompañados de un representante de la Procuraduría en sus entrevistas a los jefes paramilitares extraditados a Estados Unidos. Llegó hasta el punto de amenazar con investigaciones disciplinarias a la Corte si no accedían. ¿Por qué tanto interés si tantos otros procesos no se acompañan? ¿Acaso hay suficientes funcionarios en la Procuraduría para que estén con cada fiscal o a cada investigador en sus pesquisas?

Esta posición llama aún más la atención si se tiene en cuenta que el ex senador Pablo Victoria, quien se había ido a una especie de exilio voluntario en España, regresó al país luego de que se enteró que su amigo del alma, Alejandro Ordóñez, era procurador. Victoria -quien hace unos días dijo que Pablo Morillo "no es el monstruo que nos han pintado", sino "un tipazo que lo único que hizo fue aplicar la ley, la pena de muerte"- se encargó de interponer dos demandas contra la Corte Suprema por las investigaciones que ésta abrió a los congresistas por violar el trámite del referendo.

Es claro que con Alejandro Ordóñez ha llegado a la Procuraduría no sólo un jefe, sino toda una doctrina. Los miles de colombianos que rechazan el aborto ganaron un mariscal de campo para librar esta batalla. Como los cruzados de la edad media, el viene armado de poder y religión, para conquistar territorios y corazones.

Aunque insisten en que es un hombre que sólo quiere prestar su servicio público -"A mí lo que más me importa es salvar mi alma", dice-, lo cierto es que ha demostrado tener ambiciones políticas. Primero quiso ser Fiscal y no lo logró. Y luego trabajó con empeño para ser Procurador. ¿Qué vendrá después?

Por ahora sus férreas convicciones ideológicas y ciertos giros de su oratoria hacen pensar que podría llegar a convertirse en el sucesor de Laureano Gómez.
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