Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/10/01 00:00

EL CUARTO DE HORA DE ANTIOQUIA

Un mes de tregua, un nuevo equipo y los primeros signos de reactivación económica, dan la impresión de que los paisas empiezan a ver una luz al final del túnel

EL CUARTO DE HORA DE ANTIOQUIA

No podían ser tres personajes más diferentes. Una descendiente de una de las grandes dinastías del pasado, un representante de la burguesía contemporánea y el hijo de un zapatero autodidacto. Se trata de Maria Emma Mejia, consejera presidencial para Medellín, Gilberto Echeverri Mejia, gobernador recién posesionado y Omar Flórez, alcalde electo el pasado marzo. Esta trilogía tiene sobre sus hombros la responsabilidad de hacer con Medellín lo que el Señor le dijo a Lázaro: "levántate y anda". Porque aunque puede haber una gota de exageración, lo que Medellín necesita no es menos que un milagro. Y precisamente, eso es lo que muchos observadores están comenzando a ver.
Después de un año de una guerra sangrienta que encerró a los habitantes de Medellín en sus casas, hoy reina en la ciudad el optimismo y casi la euforia. Las calles, restaurantes y centros nocturnos que habían estado cerrados durante meses, están comenzando a ver el regreso de sus parroquianos. Gran parte de este nuevo estado de ánimo de los paisas, obedece a un "momento mágico" en el que confluyen una serie de condiciones ideales que hacen pensar que el resurgimiento de la capital antioqueña es posible. Desde que el 27 de julio pasado los extraditables anunciaran una tregua, los índices de criminalidad en la ciudad han disminuido un 70% y el número de policias asesinados un 90%. Hay, sin duda, un cese al fuego. Esta frágil paz- pero paz al fin de cuentas- abre un compás que el gobierno central y el departamental parecen estar dispuestos a jugarse hasta la última carta.
Los pasos que se han dado para iniciar la reestructuración de la capital antioqueña empezaron a suceder pocos días antes de posesionarse César Gaviria. El saliente presidente Barco removió algunos personajes de la cúpula militar en los que incluyó al comandante de la policía de Medellín, Humberto Camero Maldonado, gesto que, se dio por entendido, había sido concertado con el presidente electo. En ese momento la militarización de la ciudad era un hecho y el entonces alcalde, Juan Gómez, se batía en una polémica nacional sobre su gestión. La decisión de dar un viraje en los altos mandos militares metropolitanos no mostró sus verdaderos alcances sino hasta hoy, cuando la conformación de una cadena de funcionarios paisas instalados en lugares claves del gobierno, pone de manifiesto la voluntad presidencial de darle al problema de Medellín un manejo civil . Además, el nuevo equipo debe servir de instrumento para conseguir lo que hasta hace poco tiempo parecía un imposible: resucitar la ciudad.
De Gilberto Echeverri Mejía, el actual gobernador, se puede decir sin disonar, que es hoy el personaje más popular de Antioquia. No sólo cuenta con el "visto bueno" de sus coterráneos, sino con una larga trayectoria profesional por los altos círculos del poder público y privado, que le permite andar por los predios de la política bogotana con voz ministerial. En una ciudad donde la unanimidad es imposible, hay unanimidad en la convicción de que Echeverri es el hombre para la coyuntura. El alcalde, Omar Flórez, elegido por voto popular, ha exhibido en el poco tiempo que lleva en el cargo, grandes dotes ejecutivas y la determinación de convocar a sus gobernados en torno al ambicioso "Plan Social para salvar a Medellín". Los poderosos gremios paisas, a los que el alcalde se encargó de meter en cintura a través de la prensa nacional, se comprometieron ya a aportar dos mil millones de pesos al proyecto. El siguiente eslabón de la cadena es la recién creada consejería para la Rehabilitación de Medellín, puesta en cabeza de la también paisa Maria Emma Mejía. Aunque esta consejería no va a tener capacidad ejecutora, representa un escalón vital en la coordinación entre las estrategias departamentales y la presidencia, además de simbolizar el especial interés de que el Presidente ha puesto en la reconstrucción de Medellín. Maria Emma Mejía quien se había destacado como cineasta y como organizadora política, decidió jugársela por su terruño en un cargo que requiere tener los pantalones muy bien puestos.
Aunque este es el equipo básico .que debe servir de motor de las politícas presidenciales sobre Antioquia, el ajedrez ministerial de Gaviria incluye otros dos funcionarios paisas que, a distancia, sostienen la estructura de este cuarto de hora que la tregua acaba de poner sobre la mesa. El ministro de Obras Públicas, Juan Felipe Gaviria, también paisa, tiene en su despacho la posibilidad de apuntalar los planes de rehabilitación de Medellín, cuyo rubro más importante es la generación de empleo, dándole salida a proyectos tales como el suspendido metro y la carretera de salida al mar.
Un canciller y designado de sangre antioqueña -Luis Fernando Jaramillo- asegura la permanente presencia del tema paisa en las oficinas del Palacio de Nariño. Si a este grupo de funcionarios se le suma que el ministro de Minas aunque costeño pertenece al sindicato antioqueño y el nombre de Gabriel Jaime Giraldo Gaviria, nuevo director de Instituto de Crédito Territorial, entidad que anunció la construcción de quinientas mil viviendas, el andamio de funcionarios de procedencia antioqueña que se eleva desde los centros marginales de Medellín hasta la presidencia, anuncian buenos vientos para los sufridos paisas.
La relativa tranquilidad que vive Medellín va dejando a su paso índices concretos de reactivación económica, haciendo que el momento histórico del que hablara el gobernador Echeverri, vaya poco a poco tomando forma. Sólo en el sector de la hoteleria los índices de ocupación han aumentado en el último mes a un 70%. Los restaurantes, tras un año de estar prácticamente paralizados asumiendo pérdidas que ascienden a los veinte mil millones de pesos, volvieron a tener actividad poniendo a funcionar de nuevo cerca de cuarenta mil empleos. Aunque es difícil adelantar los resultados económicos prácticos de la calma después de la tempestad, es bien sabido que los antioqueños han sido siempre trabajadores y ahora están dando muestras de tener muchas ganas de reiniciar labores.
Sobre esa base el nuevo equipo de gobierno (el gobernador Echeverri -el alcalde Flóres y la consejera Maria Emma) han coincidido en el diagnóstico sobre la necesidad de orientar los esfuerzos del sector público y privado hacia las zonas marginales, caldo de cultivo de más de un problema en Medellín.Con el factor social encabezando la lista de prioridades, los esfuerzos de estos tres funcionarios buscan lograr una coordinación eficiente de todos los recursos que tengan a mano.
Con presupuestos obtenidos de entidades internacionales, dispuestas a comprometerse con la reestructuración de la ciudad que el periodismo extranjero convirtió injustamente en "la capital mundial de la droga", e] plan pretende hacer de estas zonas marginadas un conjunto de barrios en el que se pueda vivir. La legalización y regularización de los barrios de invasión y la creación en ellos de una estructura de ciudad en la que existan los polos de funcionamiento necesarios para que la gente la sienta como tal- la tienda de la esquina, la panadería, la carpintería, el lugar de recreación o de reunión- darían el escenario que podría romper con el concepto de la "comuna dormitorio". O sea, un lugar de habitación que no tiene actividad propia y por lo tanto tampoco promueve la cohesión ordenada y productiva de sus habitantes. Para promover este plan el equipo de rehabilitación de Antioquia, eligirá dos o tres lugares de los llamados "asientos subnormales" esas zonas que sin ninguna planificación han crecido desmesuradamente y en medio de la pobreza en la montaña, para edificar en ellos lo que sería un plan piloto de rehabilitación. La experiencia recogida por el Plan Nacional de Rehabilitación, cuyos resultados positivos empiezan a ser reconocidos por todos, serviría de guía para el nuevo proyecto.
Sin embargo, no todo es color de rosa. Aunque los ultimos resultados del Atletico Nacional han contribuído a rebosar el buen animo de los antioqueños, algunos de los peores aspectos de la violencia en la zona les continuan quitando el sueño. Lo más preocupante, tal vez, es que el secuestro sigue campante. A veces en forma pública, y a veces silenciosa se negocia permanentemente la liberación de algún antioqueño. Por otro lado, aun en el caso de que la tregua se vuelva permanente, cosa que no es segura, dejará unas secuelas de desempleo sicarial que tomará mucho tiempo y esfuerzo erradicar. Pero aun con estas salvedades, comparado con el pasado inmediato, cualquier cosa es positiva. Los antioqueños nunca habían pretendido que la vida podía ser perfecta, pero sí que tenían derecho a vivir. Y en lo que están ahora es en la recuperación de ese derecho.
Después de haber pasado muchos meses en medio de la oscuridad total, por primera vez en Medellín y en Antioquia se está vislumbrando una luz al final del túnel.

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