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| 3/3/2012 12:00:00 AM

El cuarto de hora de Roy

El senador Barreras pasó de ser un médico que se quemaba en elecciones a ser uno de los congresistas más influyentes del país y el alfil del presidente Santos en el Senado. Esta es su historia.

El sábado 24 de febrero, en la Hacienda La Viga a las afueras de Cali, Roy Barreras caminó hasta el altar de la mano de su novia y dio el sí por tercera vez. La celebración parecía más una cumbre política que un matrimonio. Entre los asistentes se contaba el presidente Juan Manuel Santos; su secretario general, Federico Rengifo; la ministra de Educación, Maria Fernanda Campo; el asesor presidencial, Germán Chica, y el exembajador en Caracas, José Fernando Bautista. También asistió la cúpula del Partido de la U en pleno: Juan Lozano, Dilian Francisca Toro, Juan Carlos Vélez y Armando Benedetti, entre otros. El único que faltó fue Álvaro Uribe que, a pesar de haber sido cercano a Barreras, declinó la invitación. La celebración duró hasta la madrugada y los 250 invitados bailaron reggaeton y vallenato hasta el cansancio.

Todo indica que su vida sentimental no es lo único que le está sonriendo al senador vallecaucano. Con la nutrida asistencia a su matrimonio, quedó claro que Barreras es uno de los pesos pesados del Congreso. En este periodo se ha posicionado como uno de los senadores más influyentes y se ha ganado el respeto de senadores, representantes y funcionarios. Según un asesor de Palacio, es el principal alfil de la Unidad Nacional en la Comisión Primera, donde se debaten las reformas constitucionales y los proyectos de alto calado. Durante el gobierno Santos, Barreras ha impulsado proyectos como la reforma política, la Ley de Víctimas, la Ley 1424 de desmovilizados y el marco jurídico para la paz, aunque varios de ellos le hayan costado su relación con Uribe, de quien se desmarcó totalmente cuando defendió el conflicto armado interno.

Aunque tiene fama de siempre estar donde el sol más alumbre, parece haber encontrado una afinidad ideológica con el presidente. "Tienen empatía y el gobierno lo mete en los temas importantes", dicen en la Casa de Nariño. Es, además, una de las pocas voces en La U que habla claro y toma posiciones concretas, mientras las directivas del partido hacen malabares diplomáticos para quedar bien con los dos jefes naturales de La U: Santos y Uribe. Barreras, por ejemplo, fue el primero en condenar el comunicado seudorrevolucionario de Luis Carlos Restrepo y dijo que este "había perdido el juicio".

Este caleño de 48 años se inició en la política en las juventudes galanistas. Después se convirtió en concejal liberal y luego saltó a la Cámara en 1994, donde ejerció oposición al gobierno del presidente Ernesto Samper. Es el único periodo en el cual Barreras ha estado en la otra orilla del poder, pues no es un secreto que se siente más cómodo cuando es cercano al solio de Bolívar. Después, con otros galanistas, fundó Cambio Radical en 1998 y se acercó a Germán Vargas Lleras.

Barreras volvió al Congreso en 2006 con apenas 16.000 votos y, desde la Cámara de Representantes, se convirtió en uno de los escuderos de Vargas Lleras. Pero no le duró mucho, pues rápidamente se pasó a La U para apoyar la reelección de Álvaro Uribe y asegurar su futuro político. En su trayectoria política, como es la norma y no la excepción, ya ha pasado por varias toldas.

Y en La U es donde ha cosechado mayores frutos. En 2010 sacó una de las votaciones más altas de su partido -74.000 votos- cifra nada despreciable, pues en el Valle debe competir con Dilian Francisca Toro y los grupos políticos de Angelino Garzón y el polémico exsenador Juan Carlos Martínez. Apenas regrese de su luna de miel en la Polinesia francesa volverá al Congreso con una sola tarea: llegar a la Presidencia del Senado. Se enfrenta a barones electorales como Maritza Martínez, Efraín Torrado, José David Name y Jorge Eduardo Géchem, pero Barreras sabe de manzanilla. Aunque no pinta fácil, tal vez su mejor argumento frente a sus colegas es que, de alcanzar la Presidencia, no volvería al Senado en 2014. Por lo pronto, todavía le quedan dos años en el Senado y seguro dará de qué hablar.
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