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| 12/7/2002 12:00:00 AM

El cuarto de hora

Los países desarrollados le van a pagar a Colombia por cuidar bosques, hacer proyectos de energía limpia y reducir la contaminación. Es un premio a la labor realizada en sus parques naturales.

Los colombianos siempre se han ufanado de sus riquezas naturales; de tener dos océanos, tres cordilleras, bosques, páramos, nevados y playas. Colombia entra en una nueva etapa en la que el mundo le pagará por cuidar su medio ambiente.

Este martes el Banco Mundial anunciará que escogió a Jepirachi, una iniciativa de Empresas Públicas de Medellín que consiste en generar energía con molinos de viento en La Guajira, como su proyecto piloto mundial del Fondo Prototipo de Carbono (PCF).

El origen del fondo se remonta a 1997, cuando en la cumbre ambiental de Kioto (Japón) los países desarrollados se comprometieron a reducir en la próxima década la emisión de gases de efecto invernadero que están calentando el planeta. Varios de estos países en lugar de reducir su contaminación, de acuerdo con las cuotas establecidas en Kioto, han optado por pagarles a otros para que lo hagan.

Es por esta razón que Colombia recibirá dinero del Fondo por Jepirachi, que al reemplazar una termoeléctrica por molinos de viento contribuye a reducir la emisión de Co2. El Banco también anunciará su promesa de compra de una reducción significativa de emisión de gases de efecto invernadero para la microcentral hidroeléctrica del río Amoyá, en Chaparral, Tolima.

Estos dos proyectos son sólo el comienzo de un plan mucho más ambicioso del gobierno de Alvaro Uribe. Juan Pablo Bonilla, viceministro de Medio Ambiente, dijo a SEMANA que le presentará al PCF otras ocho propuestas que podrían representarle a Colombia más de 30 millones de dólares en los próximos cuatro años. Además estas iniciativas ayudarían a financiar programas de transporte masivo tipo Transmilenio, pues también contribuyen a reducir la contaminación.

Hace pocos días hubo otra buena noticia. El gobierno de Estados Unidos le comunicó informalmente a Uribe que el país había logrado la elegibilidad para canjear intereses de deuda por conservación de bosque tropical. De esta manera Colombia podría invertir hasta 10 millones de dólares en intereses de la deuda que tiene con el Tesoro de Estados Unidos en proyectos de conservación de bosques tropicales nacionales. Perú y Filipinas ya lo han hecho con éxito.

"Colombia cuenta con una sólida institucionalidad en las áreas protegidas para hacer un buen uso del Tropical Act, que permite este canje de deuda por conservación de bosques", afirma Bonilla.

En efecto, el trabajo silencioso y poco reconocido que se ha realizado en los últimos 10 años en los Parques Naturales ha preparado el terreno para que el país pueda cosechar ahora los frutos. En muchas zonas conflictivas del país los Parques Naturales son la única presencia del Estado y a veces el único motor productivo. Los funcionarios de Parques adelantan su labor con pocos recursos y mucha mística. Son viejos zorros que siempre caminan por el filo de la navaja.

Es el caso de Antonio Andrade Zambrano, técnico administrativo del Nevado del Huila. Andrade Zambrano tiene 45 años y lleva 20 trabajando en los parques. Reparte su tiempo entre los recorridos por la montaña para supervisar el retroceso del hielo y evitar una catástrofe como la de Armero y el trabajo con las comunidades en las zonas de amortiguación en la frontera del parque.

En Zaragoza (Huila) capacita a una decena de familias en el manejo de la 'Finca del Futuro'. El proyecto busca que los campesinos trabajen sus tierras de una manera más ecológica y eficiente para que puedan vivir de ellas. Edgar Naranjo, uno de los campesinos involucrados en este plan, ha convertido su finca en una de las granjas más productivas de la zona: tiene conejos, 160 peces carpa, curíes, fríjol, eucaliptos, 300 matas de caña y unas vacas. Todavía gana mucho menos que cuando cultivaba coca y amapola, pero parece satisfecho y orgulloso de estar en la legalidad. Para llegar a este punto Naranjo ha trabajado de la mano de Andrade Zambrano, el tecnólogo de Parques, durante tres años. Ha sido una labor paciente de persuasión.

Antes de 1994 la política de Parques Naturales era represiva. Pero descubrieron que era más efectivo a largo plazo ayudar a la gente a encontrar alternativas productivas diferentes a entrar a cazar, sembrar coca y cultivar papa en las áreas protegidas del parque. El trabajo del equipo de Parques en el Huila ha rendido sus frutos pues, según Andrade Zambrano, la producción de amapola se ha reducido en un 80 por ciento, se han reforestado algunas zonas y las dantas y los venados todavía transitan por el parque como Pedro por su casa.

Este cambio de actitud de la comunidad también se percibe en el Parque Corales, en las Islas del Rosario. La pesca con dinamita, por ejemplo, todavía se hace, pero con vergüenza y a escondidas. Los directores de este parque paradisíaco han convertido el cuidado del medio ambiente en una verdadera empresa productiva para la gente.

Filiberto Camargo, un isleño despierto y locuaz, es uno de los ecoguías terrestres. El era un experto cazador de iguanas hasta que descubrió que le iba mejor explicando a los turistas la historia de Barú, el nombre de los pájaros y de los árboles, las leyendas de las casas más antiguas. "Desde que Parques comenzó a tenernos en cuenta, hemos tomado más conciencia de cuidar el medio ambiente", dice Camargo. Y los baruleños no han ganado esa conciencia precisamente con talleres ni con clases. Lo han hecho principalmente a través de la champeta. El día del gran concierto en el que se escogería al rey de la champeta ecológica de Barú, Duvis Pacheco, de 19 años, estaba muy nervioso. Pero cuando se paró en el escenario y vio a todo su pueblo reunido allí aplaudiéndolo pensó en las lecciones que le había dado Charles King, el monstruo de la 'terapia', y comenzó a entonar la canción que había compuesto sobre la importancia de no pescar con dinamita, de no tirar basura al mangle y de no pescar la langosta chiquita. Los baruleños de todas las edades tarareaban la letra, que se la habían aprendido de tanto oírlos ensayar, y bailaban como sólo ellos saben hacerlo. Los funcionarios de Parques confían en que de tanto cantar esas canciones los niños se convertirán cuando grandes en los mejores guardianes de la isla.

Proyectos como estos se adelantan en los otros 47 parques del país. Son esfuerzos pequeños, imperceptibles casi, pero que se han construido con la gente día a día. Quizás ahora, que el mundo está dispuesto a pagar por la ecología, el tema del medio ambiente pase a ocupar un lugar importante en la agenda del país. Es su cuarto de hora.
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