Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1993/08/23 00:00

El decano del Kínder

Al comenzar el último año del gobierno Gaviria, el funcionario público que más hilos esta moviendo en Colombia es Miguel Silva. ¿Cómo es y cuánto poder tiene el sardino Secretario General de la Presidencia?

El decano del Kínder

LA JORNADA COMIENZA POCO después de las ocho de la mañana. Los asuntos por tratar son variados y la agenda es apretada: coordinar el consejo de seguridad, recibir a una docena de parlamentarios, revisar el texto del proyecto de ley de televisión, hablar con buena parte de los ministros, presidir una junta sobre la adjudicación de la telefonía celular, definir un par de nombramientos, y acordar una reunión con el jefe del Partido Liberal.
Esa, que parecería el itinerario diario del presidente Cesar Gaviria es, en realidad, la rutina del secretarlo general de la presidencia Miguel Silva Pinzón, un abogado uniandino de 31 años y quien hace apenas cinco estaba dedicado a administrar un pequeño pero exitoso bar de su propiedad en la exclusiva calle 82 de Bogotá, y a organizar algunos de los más espectaculares conciertos de rock en español de los cuales la capital del país comenzó a ser sede por aquellos días. Son muchos los que aún recuerdan a este joven de familia burguesa y posturas antiestablecimiento, que despachaba detrás de la barra de su local llamado Cassis, y se amanecía filosofando con sus clientes y amigos.
¿Cómo se produjo esta transición tan dramática que convirtió a este joven y bohemio niño bien en uno de los funcionarios más poderosos del país? La respuesta está en el periodismo, actividad donde Silva hizo escala entre 1988 y 1989 antes de asumir la asesoría de imagen de la campaña presidencial de Gaviria. Silva se desempeñó en esos dos años como editor político del recien nacido diario La Prensa de la familia del ex presidente Misael Pastrana, curiosamente el medio de comunicación que hoy en día ataca con mayor ferocidad al gobierno de Gaviria.

PUNTOS DE ENCUENTRO
Fue precisamente como editor de La Prensa que Silva conoció a Gaviria. En el curso de una extensa entrevista para la edición dominical, Silva y Gaviria -entonces ministro de Gobierno- descubrieron un gran número de afinidades: aparte del mutuo interés que tenían, el uno como dirigente y el otro como periodista, por la política, salió a relucir una de las mayores aficiones del hoy Presidente: el rock. Se cayeron tan bien, que de ahí en adelante la relación entre periodista y fuente fue desplazada por lo que pronto se convertiría en una estrecha amistad.
Si entre semana Silva llamaba a Gaviria para consultarlo como fuente de sus informaciones sobre el gobierno y la política, no era extraño que un sábado se reunieran para intercambiar grabaciones de grupos ya clásicos del rock como The Doors o Pink Floyd, o de algunos mucho menos conocidos pero de mayor vanguardia. En por lo menos un par de ocasiones, Silva y su entonces novia Liliana Trujillo invitaron a Gaviria y a su esposa Ana Milena a algún concierto en vivo, y de ese modo la relación entre el periodista y el Ministro pronto trascendió el campo político-informativo.
Gaviria, un hombre más bien tímido y reservado cuyas amistades en la capital del país eran escasas y cuyo tiempo libre era aprovechado en casa con sus hijos o jugando tenis con Ana Milena,
encontró en Silva a un amigo que pronto se convirtió en consejero. Silva fue uno de los primeros en plantearle a Ga- viria el tema de su futuro político y de sus posibilidades presidenciales, en momentos en que el escenario de las precandidaturas era copado por Luis Carlos Galán, Ernesto Samper y Hernando Durán.
Para 1989, cuando Gaviria adhirió a la campaña de Galán y meses después este fue asesinado, el nombre de Silva le pareció obvio al sucesor de Galán para que se hiciera cargo de los asuntos de prensa y medios de su precandidatura. En septiembre de ese año y en momentos en que Silva se disponía a dejar La Prensa y convertirse en editor político de El Tiempo, Gaviria le ofreció el cargo en la campaña y Silva se vio obligado a deshacer el acuerdo al cual había llegado con los Santos.
Aunque no fue el único asesor menor de 30 años que el candidato liberal reclutó en el curso de la campaña, su cercanía y ascendiente indiscutible sobre Gaviria nunca dejaron duda de que Silva era -como sigue siendo- el decano, el más aplicado de los alumnos de ese grupo que meses después el caricaturista Osuna bautizaría como el kínder de la Casa de Nariño.

PONDERACION Y POESIA
El presidente Gaviria es un hombre difícil de descrestar. Siempre lo ha sido. Sin embargo, a los pocos meses de trabar amistad con Silva descubrió en él virtudes que valoró como especialmente útiles a la hora de hacerse cargo de la precandidatura del sector galanista del liberalismo.
El entonces aspirante presidencial vio en su asesor-periodista a una persona que, aunque carente de experiencia en la actividad política, conocía -debido a su trajinar periodístico- a buena parte de los congresistas. y había aprendido a entender e interpretar su comportamiento. Además, Gaviria apreció en el joven asesor la cabeza fría y la ponderación de que hacía gala a la hora de analizar un problema o de aconsejar la toma de una determinada decisión. Finalmente el candidato aprovechó las capacidades literarias de Silva, quien se encargó de buena parte de los discursos de la campaña.
Para Silva, escribir discursos fue en principio una experiencia extraña y si se quiere traumática. Aunque la máquina de escribir y el computador no le eran ajenos, lo cierto es que ni en sus años de periodismo en La Prensa, ni como escritor de poesia -que lo ha sido siempre (ver recuadro)-, se enfrentó jamás al lenguaje de los comunicados,los manifiestos y los discursos. Esas actividades -que no han sido abandonadas- debieron, sin embargo, ceder ante la necesidad de dedicar símiles y metáforas a la naciente oratoria gavirista. A Silva se le pueden atribuir buena parte de las ideas y frases que han caracterizado los discursos de Gaviria del 89 en adelante. Eslogans como "Bienvenidos al futuro " o decir que la Constitución del 91 debe ser "la carta de nación para el siglo XXI, son, con muchas otras que se han hecho célebres en él las alocuciones presidenciales, expresiones acuñadas por Silva.

HILOS DEL PODER
Pero aparte de lo anterior, con el paso del tiempo Gaviria descubrió en Silva a una persona que, sin dejar de decir lo que pensaba ni abandonar la persecución de los objetivos que se proponía, Iograba salir adelante sin despertar enemistades, ni dejar heridos en el camino. Esa capacidad de ser una especie de "monedita de oro" resultó particularmente útil cuando Silva ocupó la secretaría privada de la Presidencia, cargo desde el cual convirtió a su despacho en una alternativa para todo el que deseaba entrevistarse con el Presidente y no lo lograba, para todo el que necesitaba plantear un problema de cierta importancia que no le había sido resuelto en ninguna otra oficina pública.
Pero las responsabilidades se ampliaron de manera considerable cuando en enero pasado fue designado como nuevo Secretario General de la Presidencia, debido a que el titular de esta posición, Fabio Villegas, fue nombrado ministro de Gobierno.
A partir de ese momento, Silva acumuló una gran cantidad de cargas y de poder, hasta el punto de que hoy no resulta exagerado comparar el control que ha adquirido de los grandes asuntos de la administración, con el que en el pasado tuvieron personajes como Rafael Naranjo Villegas en la administración Pastrana, Diana Turbay en la de su padre, Bernardo Ramírez en la de Betancur y Germán Montoya en la de Barco.
Quienes conocen el funcionamiento interno del gobierno de Gaviria saben que muchas decisiones trascendentales de la actual administración han sido el resultado de causas iniciadas o promovidas por el decano del kínder.
Las pruebas más recientes de dicha influencia son la decisión, impulsada desde un principio por Silva, de que la más delicada de todas las determinaciones que en su último año deberá tomar el Gobierno en cuanto a sus relaciones con el sector privado, la adjudicación de la licitación de telefonía celular, se haga por medio de una subasta. A esa licitación concurrirán grupos conformados por los más poderosos conglomerados económicos y los principales medios de comunicación del país. Inicialmente el Gobierno se mostró inclinado a adjudicar en virtud de las calidades financieras, administrativas y técnicas, en desarrollo de una especie de concurso de méritos. Pero pronto comenzó a hacerse evidente que una adjudicación por méritos podría acarrearle al Gobierno y al propio Presidente, la enemistad eter- na de quienes resullaran descalificados. Con el argumento de que esto no sucedería con una subasta, pues se trata de un meeanismo transparente que evita la aparieión de criterios subjetivos que son justamente los que despiertan las enemistades, Silva convenció al primer mandatario y a los Ministros de Hacienda y Comunicaciones -con quienes integra un comité sobre la materia-de que éste era el mejor camino, el menos tortuoso.
Este es apenas un ejemplo de la influeneia de Silva.
Otro tema de telecomunicaciones al cual se encuentra estrechamente vinculado es el del controvertido proyecto de ley de televisión. Cuando el proceso de concertación entre los senadores de la comisión sexta, los programadores y el Ministro de Comunicaciones hizo crisis hace algunas semanas, el Presidente envió a Silva a una reunión cumbre en Santa Marta, donde su intervención desvaró el proceso.
Y hay más. En la definición del último gabinete de ministros en enero pasado, nadie jugó un papel tan decisivo como Silva, papel que volverá a jugar en un par de meses cuando se desate la que posiblemente sea la última crisis de gabinete de la administración Gaviria. Y es que desde el principio de su mandato el actual secretario general ha sido el interlocutor y confidente por excelencia del primer mandatario a la hora de los nombramientos importantes, en particular los de ministros.
Pero su actividad no para ahí. Por la inmensa confianza que Gaviria le tiene, el secretario general ha sido el encargado de administrar los delicados problemas de los hermanos y cuñados del primer mandatario, que han sido acusados por algunos medios de comunicación y dirigentes políticos de oposición, de aprovechar su parentesco con el Presidente para distintas actividades y negocios.
Silva también está obligado a mantener estrechas relaciones con los congresistas -para saber qué esperan, qué quieren, qué los tiene descontentos-, y con las figuras más representativas de los gremios y del sector privado. Las cabezas de los grupos económicos más importantes del país se entienden con el Gobierno por intermedio de Silva. Así también los presidentes y directores gremiales. Uno de los que con cierta periodicidad debe entrar en contacto con Silva es el presidente de Fenalco Sabas Pretelt. Al ser consultado por SEMANA con respecto al secretario general, Pretelt afirmó que "Miguel es la concepción moderna del Estado, ejemplo del funcionario no alambicado ni distante, que está siempre dispuesto a ayudar y que, por encima de todo, es profundamente leal con su jefe. Por donde voy, escucho comentarios similares sobre él ".
En resumen, el joven secretario general es de algún modo el punto de confluencia entre los asuntos más personales de Gaviria, y las relaciones de éste con los más altos funcionarios del Estado, los políticos y los dirigentes del sector privado.
El poder que ha debido adquirir mezclado con su corta edad podría despertar las más ciegas envidias. Incluso entre otros altos fun- cionarios del Estado, como los ministros. Ser del kínder, ser muy cercano al primer mandatario y meterse en temas de varios ministerios no es algo que le agrade a todo el mundo y por el contrario, de modo casi inevitable debería despertar animadversión, fricciones y celos. Sin embargo, por alguna razón que parece estar relacionada con su temperamento y con la forma amable y cordial con la cual ejerce su influencia, Silva rara vez despierta esas reacciones adversas. "La verdad -le dijo a SEMANA el ministro de Minas Guido Nule- es que Silva no tiene nada de kínder, es mucho más maduro que muchas personas que he conocido en altas posiciones y que le llevan lO ó 15 años". Por su parte, un senador liberal de Antioquia, que prefirió mantener su nombre en reserva, confirmó esta visión, aunque desde un ángulo más crítico: "Cuando voy a la oficina de Miguel, soy bien recibido, planteo mis quejas, soy escuchado, y con esa misma amabilidad, salgo con las manos tan vacías como cuando entré. En fin, qué se le hace: es imposible pelear con una persona como él ".
Símbolo de la renovación generacional como ninguno, su cara de niño no deja de sorprender a quienes hace apenas tres años se reunían en ese mismo despacho con el experimentado Germán Montoya. Es evidente que no todo el mundo está de acuerdo con la llegada de gente tan joven a tan altas posiciones.
Así como López Pumarejo se ganó críticas por los entonces ilustres desconocidos que nombró en ministerios y secretarías, Gaviria ha sido atacado por impulsar en estos años una renovación similar. Sin embargo, la impopularidad del kínder en algunos círculos no se refleja en las encuestas. Un reciente sondeo de Napoléon Franco demostró que dos terceras partes de los colombianos respaldan -incluso cuando se les menciona la palabra kínder- el hecho de que Gaviria nombre en altos cargos de la administración a gente joven. Prueba adicional de que el cambio generacional será confirmado en los próximos años es el hecho de que a 10 meses de las elecciones presidenciales, parece claro que los votantes colombianos escogerán entre Ernesto Samper, de 43 años, y Andrés Pastrana, de 39, al sucesor de Gaviria.

¿HABRA FUTURO?
Por todo lo anterior, vale la pena preguntarse ¿cuál puede ser el futuro de un hombre que a los 31 años ha alcanzado lo que Silva? Todo, al menos en dos campos: el periodismo y la política.
En cuanto al primero, Silva tiene desde ya muchas puertas abiertas. La experiencia acumulada en cuatro años de gobierno, unida a su facilidad para escribir, a su reconocido criterio y a sus años de periodismo, han llevado y de seguro seguirán llevando a muchos dueños de medios de comunicación a pensar en este alumno predilecto del kínder como director de un periódico, una revista o un noticiero. Esto sin olvidar que gracias a lo que los especialistas llamarían su telegenia, Silva ha rechazado ya varias propuestas para convertirse en presentador de noticias con categoría de anchorman.
Y aunque algunos de quienes lo conocen tienden más bien a descartar que se vaya a dejar tentar por la actividad proselitista, la verdad es que en cuanto al campo político, las perspectivas son también bastante halagueñas. Silva se ha convertido desde ya en el heredero político indiscutible del primer mandatario. Esto, sumado al hecho de que el actual Presidente será sin duda un hombre muy poderoso dentro de su partido en las próximas décadas, permite anticipar que las posibilidades de Silva en este terreno serán grandes. Colombia no ha dejado de ser un país de delfines, y los hijos de Gaviria son aún muy chicos. Por eso no sería exagerado decir que el secretario general será, en cierta medida, el delfín de Gaviria en los años por venir y que en las próximas administraciones, cuando el presidente de turno tenga que llenar en su gabinete una cuota gavirista, sin duda pensará en Silva como primera opción. Miguel Silva, poeta
EL ESCRITOR Y CRItico Juan Carlos Botero, contemporáneo de Silva, escribió para SEMANA un comentario sobre el libro de poemas "La oscuridad no viene desarmada", del que es autor el Secretario General de la Presidencia.
Miguel Silva empezó a escribir poesía a una edad en la que lo hace todo el mundo. La diferencia entre él y los demás es que Miguel lo siguió haciendo, y más tarde sería claro por qué: lo suyo era una vocación real, y, quizás, una razón de ser. Aún así, al comienzo, yo tenía mis dudas. Eramos amigos, pero lo miraba de reojo como si no creyera que ese joven que recitaba versos sin pudor, tuviera madera de poeta. En ese entonces, yo desconfiaba de quien se llamara escritor, primero, porque eran demasiados, y segundo, porque de esa multitud casi nadie producia un texto de valor. Esa fue la primera vez que me equivoqué con Miguel.
Luego, durante una noche de tragos, un amigo me aseguró que Miguel tenía talento de sobra. Entonces el se acercó a la mesa, surgió el tema de la literatura y de pronto soltó como con descuido, un poema que había escrito en esos días. Quedé asombrado. Era un puñado de versos excelentes, y desde entonces le seguí la pista sin decírselo a nadie, convencido de su talento, y esperando el libro que lo comprobaría.
Tal vez por eso sentí una especie de desilusión secreta cuando Miguel empezó a trabajar con el entonces candidato, César Gaviria. Yo conocía la tentación de la política, y pensé que Miguel, quizá llevado por el lado más práctico de la vida, había escogido. dejando las letras para entrar al mundo del poder. Era la segunda vez que me equivocaba con Miguel porque en pleno gobierno publicó con la Fundación Guberek su primer libro de poemas de una calidad incuestionable: La oscuridad no viene desarmada.
Sus amigos sabemos lo que le costó a Miguel este libro. Allí hay versos que recitaba entre guayabos en las épocas atropelladas de los bares y eso significa años de trabajo. Varios de esos poemas han desaparecido, otros son nuevos y los que quedaron fueron sometidos a un proceso de apretadas y pulidas inagotables, la única manera de escribir en serio. Miguel toma la poesía en serio. Y se nota en cada verso.
La oscuridad no viene desarmada, como dice el bello titulo es un libro nocturno. La intimidad de las personas es sagrada, y Miguel escribió (esculpió es un verbo más exacto) estos poemas en su mayor intimidad. Los escribió, también. no con la influencia sino con la complicidad de figuras como Eliot, Celaya Neruda y Adoum, amigos como sombras que respiran en las páginas.
Es, en efecto, poesia ensimismada, poblada de noche y soledad. Allí nos reconocemos, por allí hemos pasado y volveremos a pasar. De un realismo brutal, Ios versos arden. Poesía de ciudad en ocasiones hermética en otras cristalina con una fuerte presencia surrealista, que reconoce el drama de cada instante en las aceras de la urbe. Es poesía optimista, no en el sentido trivial de la palabra sino en su sentido más hondo, que no ignora ]as fuentes amargas donde beben, tarde o temprano, todos los hombres, pero donde triunfa el valor absoluto de la vida. "Para el que ha convertido su pena en religión", afirma Miguel, "ofrezco la prueba irrefutable de la vida". Allí está su modernidad porque el poeta es una conciencia aguda que ve y sufre, y recorre las calles que son los espejos de su alma errante.
Aquí, su misión no es describir el mundo sino levantar un mundo propio, donde la música canta y suena, pero sólo para confirmar nuestra soledad. Un mundo donde la noche es eterna,y donde el país palpita como un dolor sin fin. Una tierra baldía, donde, sin embargo, es posible el amor; donde no existe la mujer pero sí una mujer, un cuerpo que proporciona calor en las noches de hielo, un consuelo, una caricia. La poesía de Miguel nace de la lucidez de nuestra fugacidad pero la trasciende a través de la palabra.
En estos poemas, ¿ hay crítica ? Sí, pero no es lo esencial. ¿Hay denuncia? También, pero tampoco importa. Hay una sensibilidad herida que ofrece menos realidades que atmósferas, atmósferas familiares, dolorosamente familiares. Ese es su mérito, y su calidad torna estos poemas un placer, no siempre agradable ("ver duele". anotó Octavio Paz),pero siempre profundo.
Juan Carlos Botero Zea

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