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| 1/31/2015 10:00:00 PM

El descuido de los parques bogotanos

Las zonas verdes de la capital sufren un abandono preocupante por problemas administrativos, de contratación y de organización.

El rodadero está en el piso, roto. Los columpios, desmembrados, aguardan un arreglo. En el pasto se amontonan envases de cervezas vacíos, colillas, copas plásticas de aguardiente y llantas viejas. A pesar de todo, decenas de niños corren detrás de un balón, gritando despreocupados. El aspecto de este parque en el barrio La Clarita de Engativá es vergonzoso. Ese mismo panorama de abandono, suciedad, descuido se encuentra en gran parte de las 5.000 zonas verdes de Bogotá y se ha vuelto una inquietud para muchos de sus más de 7 millones de ciudadanos.

La preocupación salió a la luz pública a raíz de la denuncia de la concejal María Fernanda Rojas del Partido Alianza Verde, que dijo que “la situación es preocupante. El modelo actual no está funcionando”. Entre 2009 y 2011 el Instituto de Recreación y Deportes (IDRD) gastó 23.800 millones de pesos para arreglar 3.500 de los 5.000 parques que tiene la capital. En 2013 el alcalde Gustavo Petro cambió las reglas y, en una iniciativa para entregar poder a las alcaldías locales, les entregó la administración de los parques vecinales. Los resultados no son buenos. A pesar de que en 2014 el presupuesto se multiplicó y alcanzó los 32.000 millones de pesos, apenas le hicieron mantenimiento a 350 de ellos.

En las localidades dicen que el dinero no alcanza. Eso tal vez es verdad, pues el mantenimiento de un parque barrial cuesta entre 9 y 17 millones de pesos por año. Si se calcula que hay unos 3.132 vecinales y 1.768 de bolsillo, se deberían destinar unos 65.000 millones de pesos para cumplir con el estándar. Pero tampoco existen normas claras, lineamientos, ni marcos sobre lo que tienen que hacer las alcaldías. Mientras que unas se limitan a podar el césped, otras decidieron invertir en canchas en concreto y escenarios para espectáculos. Hay también diferencias presupuestales no siempre fáciles de entender. En 2013 Suba recibió 3.800 millones de pesos para intervenir 25 parques y en 2014 les dieron 2.500 millones para ocuparse de 50.

Además, en algunos espacios no se sabe quién manda. El ecólogo Juan Carlos Caicedo, en un informe sobre el parque lineal del Virrey, escribió que “hay una complejidad institucional que se presta para un alto nivel de desarticulación”, pues ahí se cruzan siete entidades públicas, cinco privadas y cuatro mesas interinstitucionales.

El diagnóstico reservado no para ahí. En su plan de desarrollo Petro prometió 13 parques zonales y 30 vecinales. Cuando falta menos de un año para que entregue el poder, apenas adecuó uno y construyó 17 en los barrios. Y no es por falta de dinero. Para 2014 el IDRD contaba con un presupuesto de 75.000 millones de pesos para crear nuevos espacios verdes, de los cuales solo invirtieron 1.600 millones en gastos de personal. Ese problema de ejecución financiera en el instituto viene desde hace ya varios años y el resultado es trágico: hay dinero pero poquísimos nuevos metros cuadrados de césped. El concejal Verde Antonio Sanguino también denunció una “contratación exprés” para la licitación de varios nuevos parques en Ciudad Bolívar, Usme, San Cristóbal y Bosa.

Así es difícil sorprenderse de la imagen que tienen los ciudadanos de sus espacios públicos. Según el más reciente informe de Percepción y victimización de la Cámara de Comercio, 43 por ciento de los encuestados sienten que la inseguridad aumentó en los parques. Y es que muchos perdieron su iluminación y en la noche se vuelven zonas donde se vende y consume droga, al punto de que el gobierno Petro y la Policía identificaron 153 zonas verdes prioritarias que prometen dejar libres de delincuentes en 2015. En la Encuesta Bienal de Culturas que hace el Distrito, el porcentaje de personas que entre 2009 y 2013 afirmó que sus parques son limpios disminuyó de 11 puntos, bien equipados siete puntos y agradables cuatro puntos.

La situación es crítica. Los parques no son solo pulmones urbanos, son también un factor de integración social, de valorización de los barrios, de salud, de recreación, de sostenibilidad, de biodiversidad e incluso sirven para mitigar los efectos del calentamiento global. Un sitio como el Virrey alberga más de 30 especies vegetales y se han identificado 61 especies de pájaros, la mitad aves migratorias.

Para todos los alcaldes del mundo uno de los grandes retos es aumentar y mantener las zonas verdes. En Nueva York se trazó un parque lineal en pleno Manhattan sobre un antiguo ferrocarril, una obra que valorizó aún más el sector. En Londres usan el dinero de la lotería para invertir en las miles de hectáreas de bosques, lagos y césped con las que cuenta la capital británica. Hay ciudades que buscan donaciones privadas y otras que forman voluntarios para el mantenimiento.

En Bogotá es necesario actuar. Cuando la Organización Mundial de la Salud estima que una persona necesita como mínimo diez metros cuadrados de áreas verdes, en Bogotá el promedio apenas alcanza 3,9 metros. Esa carencia difícilmente mejorará con las falencias actuales en contratación y en administración. Bogotá necesita, con urgencia, suficiente espacio para respirar.
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