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| 7/3/2000 12:00:00 AM

El día ‘D’

Con su propuesta de canje de soldados por guerrilleros en el exterior las Farc pondrán sobre la mesa, en la reunión clave del 3 de julio, un drama humano de implicaciones jurídicas, políticas y militares para la subversión y el gobierno.

Con su propuesta de canje de soldados por guerrilleros en el exterior las Farc pondrán sobre la mesa, en la reunión clave del 3 de julio, un drama humano de implicaciones jurídicas, políticas y militares para la subversión y el gobierno.

Hace unos días Manuel Marulanda Vélez, ‘Tirofijo’, jefe de las Farc, interrumpió el ajetreo de una parada militar para conversar con su tropa: “Tengo algunas ideas sobre el canje que quiero contarles”, les dijo a sus combatientes bajo un sol quemante que caía sobre la zona de distensión. Con la veneración propia que les inspira el legendario comandante, los guerrilleros de las Farc guardaron un respetuoso silencio para escuchar una de las propuestas que más ruido hará en las negociaciones de paz. En resumen se trata de canjear los 520 soldados y policías que ellos tienen secuestrados por igual número de guerrilleros presos en las cárceles del país, con la facilitación del Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr), que los llevaría a un país neutral mientras se resuelve el conflicto armado.

Fieles a su costumbre de apostar fuerte en la negociación, las Farc le soltaron en esta oportunidad una verdadera ‘papa caliente’ al gobierno que hasta el cierre de esta edición había preferido pasar agachado frente al tema. “Oficialmente no hemos recibido de las Farc ninguna propuesta”, dijo el presidente Andrés Pastrana el lunes de la semana pasada en Costa Rica, donde se le interrogó sobre el tema.

Ese mismo día el alto comisionado para la Paz, Camilo Gómez, esquivó a un grupo de periodistas que lo esperaban para preguntarle sobre esta iniciativa sin antecedentes en la historia del país. El único que se atrevió a mostrar su rechazo fue el ministro de Defensa, Luis Fernando Ramírez, quien el viernes anunció tajante: “El comienzo de un proceso de paz tiene que empezar por la liberación de las personas”. Para el Ministro, “la sociedad colombiana no entiende cómo grupos al margen de la ley siguen hablando de convivencia mientras mantienen a la gente cautiva, como es el caso de los militares, policías y cientos de civiles que aún están plagiados”.

Ramírez puso el acento en el calificativo ‘plagiados’. No es un capricho porque en este caso y aunque al espectador desprevenido le parezca intranscendente, lo cierto es que cualquier vocablo puede cambiar el curso de la confrontación: “Son secuestrados y por lo tanto no aceptamos ninguna denominación con términos eufemísticos de que son retenciones o prisioneros de guerra, porque es un claro secuestro”, aclaró.

El Ministro sabe bien para dónde va el agua al molino: detrás del canje las Farc buscan el estatus de beligerancia que, aunque los miembros del secretariado insisten en que ya es un derecho ganado, la verdad es que hasta ahora ningún Estado lo ha reconocido.

Además las Farc muestran así uno de sus ases previo a la crucial cita que se realizará el próximo 3 de julio en la que, por primera vez en este proceso, se discutirán los temas de cese de hostilidades y cese al fuego. Ese día la negociación entrará en su punto más delicado porque estos temas implican un portazo al secuestro, una de las armas más intimidantes de las Farc y también una de sus mayores fuentes de financiación. “Ese día será crucial porque las partes tienen que llegar con sus propuestas en sobre cerrado. Aunque de hecho se sabe que el gobierno llegará con la exigencia de no más secuestros. De esta manera buscará poner fin a un drama nacional y de paso lograr un importante punto a favor de la opinión pública”, dijo una fuente que sigue de cerca la negociación.



Suben las apuestas

Para Marulanda el canje no sólo es una prioridad sino una obsesión. Desde que se iniciaron las mesas de negociación entre el gobierno y las Farc, no ha habido encuentro en el que se toque el tema sin su presencia. La línea de acción de las Farc se ha mantenido invariable desde un comienzo. En enero de 1999 SEMANA publicó sendos reportajes exclusivos con dos de los jefes más caracterizados de las Farc que demuestran esta afirmación. “El canje se necesita. El que está al frente de ese negocio es Marulanda y a nosotros nos importan un carajo la Constitución y las leyes, porque estamos fuera de ellas”, dijo Jorge Briceño, el ‘Mono Jojoy’. “Lo que queremos es que regulen la ley. Si no tienen instrumentos, entonces háganlos. Mientras tanto nosotros seguimos con los soldados hasta que se dé la ley”, sentenció ‘Tirofijo’.

Lo que sucede ahora es que las Farc subieron las apuestas. De una parte, insisten en su deseo de lograr el canje, lo cual los hace ganar créditos frente a un sector de la opinión pública que se solidariza con las madres de los soldados y policías retenidos cuando dicen que sienten que el gobierno no está haciendo nada por sus hijos. De paso las Farc también tratan de involucrar aún más a la comunidad internacional en el proceso para que le hagan contrapeso a la posición estadounidense y los reconozcan como una fuerza determinante en el país. “Basta imaginar la lectura que se haría en el exterior al ver la salida en avión de 500 presos políticos”, dijo a SEMANA un analista que prefirió mantener su nombre en reserva.

La pregunta obvia es si un canje de estas características es posible sin violar la normatividad nacional o darle un estatus de beligerancia al grupo guerrillero. “Sí”, afirma el portavoz de la Cruz Roja en Colombia, Carlos Ríos, “de acuerdo con el artículo 3 de los convenios de Ginebra, las partes en un conflicto interno pueden celebrar acuerdos humanitarios en los que el Cicr puede brindar su respaldo con la parte operativa”. Un acuerdo humanitario es un mecanismo para aplicar el Derecho Internacional Humanitario (DIH). En 1990, por ejemplo, los guerrilleros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) y el gobierno de El Salvador firmaron uno sobre el tema de los derechos humanos.

En el caso colombiano el acuerdo tendría como objetivo acordar los términos para realizar una operación de carácter humanitario, en la cual habría una liberación simultánea de los guerrilleros de las Farc y de los soldados y policías que están en manos de los subversivos. Este acto podría llevarse a cabo en un sitio previamente acordado con la intermediación de la Cruz Roja Internacional. Luego los guerrilleros dejados en libertad serían trasladados en un avión a un destino previamente acordado por las partes, donde los combatientes aguardarían hasta que se lograra poner punto final al conflicto armado. Venezuela se ha mostrado dispuesta a recibir a los hombres de las Farc.

Esta propuesta de canje de la guerrilla demuestra una vez más su capacidad para acomodar los discursos a su favor: así como se niega a aplicar el DIH y comete las peores atrocidades en todo el territorio nacional , en este caso aplica al pie de la letra los convenios. Para el consultor político Ernesto Borda la propuesta de canje en el exterior atrapa a las Farc en una contradicción evidente: “Es posible si cumplen el DIH pero las hemos visto obstinadas en hacer todo lo contrario”.

La postura del fiscal Alfonso Gómez Méndez ante la propuesta de realizar el canje en el exterior y con el papel facilitador del Cicr es conciliadora porque “si bien no he estado de acuerdo con el canje el principio fundamental que debemos seguir es el de buscar la liberación de los policías y soldados injustamente secuestrados por las Farc”. El Fiscal, sin embargo, coincide con el Ministro de Defensa al sentenciar que si las Farc en realidad quieren apostarle a este proceso lo que deben hacer “es liberar a todos los secuestrados como un gesto de paz”.



Cartas sobre la mesa

El tema del canje ha sido un dolor de cabeza para el gobierno. Cualquier decisión que tome al respecto va a tener efectos políticos y jurídicos de gran calado. Por eso la única manera que tiene para minimizar las críticas es que el procedimiento de canje que siga esté ajustado a la normatividad jurídica y que logre ser visto como un escalón más del actual proceso de paz. Hasta ahora el problema para lograr el canje es que no hay una ley expresa que lo autorice. De ahí la férrea oposición al canje de parte del fiscal, Alfonso Gómez Méndez, quien considera que sólo por complacer a las Farc “no hay derecho a crear una ley”.

Y esto es lo que quiere la guerrilla. Aquella jornada en la que Marulanda interrumpió la parada militar para hablar sobre el canje presentó otras dos opciones con las que inevitablemente quiere poner al gobierno entre la espada y la pared. Una de sus ideas es que se expida una ley de la República que faculte al Presidente para realizar el canje. Marulanda insiste en que esta ley debe ser permanente. ¿Por qué? La respuesta la dio el propio jefe de las Farc a SEMANA en el reportaje mencionado anteriormente: “Si no logramos una solución política a través de los diálogos, entonces nos queda el camino abierto porque la confrontación continuará. Y al continuar van a seguir dándose capturas de soldados”. Según la propuesta, esta ley sería automática, es decir, sin que las partes asuman más compromisos que el de entregar a los guerrilleros y a los uniformados.

Reynaldo Botero, consultor internacional y experto en DIH, opina que no hay que crear ninguna ley nueva para el canje sino aplicar los mecanismos con los que cuenta el Estado para liberar personas detenidas y, si es el caso, otorgarles amnistías o indultos para que cesen los procesos jurídicos que se les siguen en la actualidad.

Aunque ahora parece que las Farc tienen todos los ases en su juego en lo referente al canje, lo cierto es que también hay un punto en su contra. Por más poderosa y fuerte que se encuentre o se muestre en este momento la organización insurgente, para nadie es un secreto que alimentar, cuidar y mantener vivos a 520 hombres no es fácil. Eso les quita movilidad y les resta un porcentaje de sus tropas, que podrían estar en el frente de combate. “Lo que buscan es quitarse de encima 500 bocas diarias a las que hay que alimentar”, le dijo a SEMANA un analista del conflicto armado.

Esto puede ser cierto, pero si el canje se convierte en un peldaño más para hacer avanzar el proceso de paz sería bueno que las dos partes se sentaran de una buena vez a tomar una decisión al respecto.
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