Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 6/27/1994 12:00:00 AM

EL DIA D EN NORMANDIA

Hace exactamente medio siglo los aliados comenzaron a darle la vuelta al destino de la Segunda Guerra Mundial.

EL 6 DE JUNIO SE CUMPLEN 50 AÑOS DEL DIA D, una de las mayores epopeyas de la Segunda Guerra Mundial, cuando las fuerzas combinadas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y la Francia Libre desembarcaron en las playas de Normandía para dar comienzo a la larga y sangrienta marcha hacia el corazón de la Alemania nazi. Con ocasión de esta efemérides, que será conmemorada en Europa con toda solemnidad, SEMANA reproduce el siguiente trabajo del general Alvaro Valencia Tovar, cuyas credenciales sobre el tema no requieren presentación.


ANTECEDENTES
Contrariando su propio pensamiento (Mi Lucha) Adolfo Hitler, como amo absoluto del Tercer Reich alemán, se había dejado llevar por su soberbia demencial a la guerra en dos frentes, después de condenarla como máximo error de la estrategia germana en la I Guerra Mundial.
Las victorias arrasadoras de sus ejércitos, basadas en la concepción de la Guerra Relámpago (Blitzkrieg) lo había hecho dueño de Europa. El presentimiento de una vida corta, que lo movía a precipitar los sucesos, la impotencia para llevar a Inglaterra su poderío terrestre, la atracción hipnótica de las inmensas estepas rusas para la maniobra móvil del blindaje alemán, lo indujeron a desatar la guerra que, a su juicio, culminaría en pocos meses.
El ataque japonés a Pearl Harbor el7 de diciembre de 1941 comprometió en la contienda el enorme potencial de Estados Unidos. Además, el colapso ruso no se produjo y las victorias espectaculares del Japón sobre las flotas de Inglaterra y Estados Unidos resultaron demasiado efímeras.
En las goteras de Moscú, después de victorias que llevaron a Hitler a declarar destruido el poder de combate soviético, la tenacidad de Josef Stalin sumada a los lodazales del otoño y luego al crudelìsimo invierno, atascaron la ofensiva alemana en las postrimerías de 1941. Con ellos se frustró la victoria al borde de su logro definitivo.
El primer ministro británico, Winston Churchill, definió el año 1943 como el giro de la Historia sobre el gozne del destino. Y así fue. En Estalingrado sucumbió el 6o. Ejército alemán. Un cuarto de millón de hombres sacrificados por el Fuhrer, que no admitió -por considerarlo deshonroso- el repliegue estratégico recomendado por sus generales. En El Alamein, a finales de 1942, Montgomery había infligido serìa derrota al Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel y el desembarco aliado en las colonias francesas del norte de Africa, emparedaba las fuerzas del Eje en inmensa mandíbula que comenzaba a cerrarse sobre Túnez y Tripolitania, últimos reductos germano-italianos del continente.

SITUACION GENERAL
En Inglaterra se acumulaban fuerzas para abrir el segundo frente en Europa, en desarrollo de acuerdos entre el presidente estadounidense Franklin Roosevelt, Churchill y Stalin. El dominio del aire pasaba a los aliados, y en el mar la balanza se inclinaba a su lado. El radar, invento británico para la detección de submarinos, producía grandes pérdidas a la armada alemana, permitiendo mayor libertad para los transportes de material bélico desde América a Rusia y Gran Bretaña.
Ante la inminencia de la invasión aliada por el Oeste europeo, el Alto Mando alemán intensificó los preparativos para repeler el asalto desde la costa inglesa. El Cuartel General de Hitler consideró que la más probable dirección del ataque sería el Paso de Calais, dada la proximidad de las costas inglesa y francesa -25 millas- lo que facilitaría el abastecimiento de las tropas de desembarco, y de los escalones subsiguientes. En virtud de este razonamiento la mayor concentración de tropas alemanas y el más vigoroso esfuerzo defensivo se efectuaron en dicha zona, tanto en profundidad como sobre la línea de costa.
A finales de 1943 Rommel fue destinado al Frente Occidental bajo responsabilidad general del mariscal Gerdt von Rundstedt. Se asociaban así las dos figuras de más connotado prestigio militar en Alemania, para hacer frente a la ya inevitable invasión.
Rommel recibió el mando del Grupo de Ejércitos B. que comprendía las fuerzas situadas sobre la costa europea desde Holanda hasta el extremo occidental del Canal de la Mancha, compuestas por el 150. Ejército concentrado en el área de Calais y el 70. en la más amplia extensión de Normandía y Bretaña, además de las Divisiones situadas en Holanda.
La propaganda alemana consagraba el Muro del Atlántico, fortaleza inexpugnable contra la cual se estrellaría todo intento de desembarco. La verdad es que el litoral continuaba siendo vulnerable. El Alto Mando alemán descartaba que en Normandía pudiese efectuarse el desembarco, dentro del supuesto erróneo de que la fortaleza de Brest amenazaría desde Bretaña las comunicaciones marítimas. La llegada de Rommel, unida a la intuición de Hitler sobre el peligro que presentaban las extensiones de playa normanda, originaron la construcción de casamatas, campos minados, alambradas y siembra de postes de acero en la arena -los famosos "espárragos de Rommel"- destinados a impedir el acceso de botes de desembarco. Con el mismo criterio se trasladaron a Normandía la 91 División Aerotransportada y el VI Regimiento de Paracaidistas.

MANDO ALIADO
La maniobra de desembarco consistirìa en un asalto con cinco divisiones en primera línea, sobre otras tantas áreas seleccionadas como cabeceras de playa, apoyado por fuego naval y bajo cohertura aérea. Cuatro divisiones aerotransportadas, dos hritánicas y dos estadounidenses, serían lanzadas a espaldas de las fuerzas enemigas de defensa del litoral, con el fin de proteger las dos alas del ataque e interferir la llegada de refuerzos. Simultáneamente los franceses libres lanzarían desde la clandestinidad una ofensiva dirigida a obstaculizar desplazamientos de reservas germanas hacia las áreas de asalto, mediante destrucción de puentes y cierre de puntos críticos detransporte.
Una vez aseguradas las cabezas de playa, y mediante el flujo ininterrumpido de refuerzos a través del Canal, se progresaría en profundidad hasta sobre objetivos dispuestos sobre Línea de Fase Alfa (véase croquis No. 1). Garantizado este perímetro inicial, se proseguiría con desembarcos mayores la ofensiva que tendría a París como objetivo político y militar.

MANDO ALEMAN
La concentración germana sobre el paso de Calais, cubriendo el eje natural de espera estratégica, denota grave error de apreciación sobre las capacidades adversarias. A ello contribuyó la acción de engaño desarrollada por el mando aliado. Forzado a la defensiva estratégica, el mando alemán operó sobre la única línea de conducta posible: fortificación de la línea de costa para repeler el asalto y agrupamiento de reservas para acudir al punto decisivo y aniquilar las fuerzas de desembarco antes de que consolidaran las cabezas de playa.
Ambos contendores actuaron dentro del marco lógico de sus circunstancias. El plan aliado demuestra imaginación operativa, audacia y explotación máxima de las posibilidades ofensivas. Al escoger el sector de playas más improbable por razón de la distancia y de la relativa indefensión que les reveló su inteligencia militar, se buscó obtener la sorpresa estratégica y dislocar el dispositivo adversario. Situado éste en la incertidumbre sobre la dirección del esperado asalto, la contundencia de la respuesta, una vez éste se produjera, contribuiría a desarticular la defensa inicial y la contraofensiva subsiguiente.


LA DECISION
Se había señalado el 5 de junio de 1944 para el desembarco. Un complejo juego de factores intervino para la escogencia de la fecha, principalmente atmosféricos, lunares y climáticos. De pronto cambiaron las condiciones en el Canal de la Mancha. Fuertes vientos, nubes densas y bajas, oleaje tempestuoso, hacían imposible el desembarco y las operaciones aéreas, en tanto las tropas, concentradas en las áreas portuarias, esperaban el momento.
Hacia el atardecer del 5, con la gigantesca operación detenida, el Comandante Supremo Aliado, general estadounidense Dwight D. Eisenhower, confrontaba la decisión más difícil de su vida. Habría quizá una mejorla breve hacia el amanecer del 6. Después una incógnita que lo mismo podría resolverse en recrudecimiento de las condiciones tempestuosas o en prolongación de un estado intermedio que dificultaría, sin impedirlas, las operaciones. Lo más grave sería que la naturaleza decidiese sublevarse cuando la gran armada se hallase en ruta hacia el objetivo, lo que abriría dos alternativas: o bien un retorno casi imposible, o un cataclismo fenomenal sobre las playas.
Posponer el ataque, de otro lado, equivaldría a la detección por el espionaje alemán de los preparativos, al deshacer la operación sobre una línea de partida que denunciaría el objetivo. Anulado el factor esencial de la sorpresa, el mando alemán podría reagrupar sus fuerzas, fortificar mejor la costa y esperar el desembarco con probabilidades de destruirlo, por cuanto el aplazamiento implicaría no menos de un mes. Ante semejante disyuntiva Eisenhower decidió atacar. (...)

EL DESEMBARCO
En medio de un oleaje más fuerte que lo deseable para una operación anfibia, el escalón de asalto alcanzó las playas con leve oposición. La sorpresa se había logrado a plenitud, pese al tamaño colosal de la armada que lo produjo (más de 5.000 barcos). El mando alemán estimó imposible cualquier desembarco bajo las condiciones atmosféricas reinantes, hasta tal punto que el mariscal Rommel viajó a Alemania, donde recibió la noticia de la invasión.
Rangers de Estados Unidos recibieron la misión de apoderarse del punto crítico de Pointe du Hoc, donde lograron silenciar las baterías alemanas con un 60 por ciento de bajas. La VI División Aerotransportada británica, lanzada hacia la medianoche, tomó por sorpresa a los defensores alemanes y tomó intactos los puentes sobre los ríos Orne y Dives, cubriendo así el flanco oriental del desembarco.
Al Oeste las divisiones 82 y 101 Aerotransportadas de Estados Unidos no corrieron con la misma suerte. Las nubes obligaron a volar demasiado bajo, hasta tal punto que algunos paracaídas no llegaron a abrirse. Cúmulos abundantes forzaron a los pilotos a distanciar las aeronaves para evitar colisiones y, como resultado, los paracaidistas se dispersaron en exceso, dificultando el reagrupamiento en tierra, con Saint Mere Eglise como epicentro. Las bajas fueron muy altas y la interceptación de refuerzos apenas parcial.
De las cinco playas, Omaha, cuya toma se había encomendado a las divisiones estadounidense 29 y 1a., fue sometida desde el primer momento a fuego intenso, seguido de feroces contraataques que hicieron de su captura toda una proeza. De todas maneras al anochecer del 6 de junio las cabeceras de playa estaban consolidadas aunque Omaha seguía siendo crítica. El avance en profundidad, sin embargo, no alcanzó la Línea de Objetivos prevista para el Día D.

OPERACIONES SUBSIGUIENTES
Superada la sorpresa inicial los alemanes consiguieron establecer una línea de resisteneia sobre la cual contuvieron la ofensiva en espera de refuerzos. La lucha se estancó. La campiña normanda semeja un inmenso tablero de ajedrez, en el que la separación entre predios se halla demarcada por setos muy antiguos, verdaderos muros naturales que los tanques no pudieron romper. La progresión hacia el sur se hacía costosa en hombres y material. Las tropas alemanas, pese a contar con unidades de reciente formación, compuestas por hombres de cierta edad o por muchachos demasiado jóvenes, combatieron con empecinamiento, disputando cada centímetro.
Por fin el VII Cuerpo de Ejército estadounidense, al mando del general Lawton Collins, logró penetrar por el Este y ocupar en rápido movimiento hacia el Norte, la península de Cotentin (croquis No. 2). La toma de Cherburgo, aunque con sus instalaciones portuarias destruidas, permitió el desembarque del tercer Ejército sobre muelles flotantes traídos desde Inglaterra. Un nuevo elemento de capacidad estratégica se incorporaba a la lucha.

RUPTURA DEL FRENTE

El VII Cuerpo, acrecido moralmente por la toma de Cherburgo, recibió órdenes de capturar las alturas del Oeste de Saint Lo con el fin de abrir paso al tercer Ejército en un intento de ruptura. La misión fue cumplida por las Divisiones 29a. y 35a. a costa de 5.000 bajas, lo que da idea de la consistencia de la defensa. El tercer Ejército, al mando del general George S. Patton, se lanzó como ariete a través de la brecha, penetrando en las planicies de Bretaña. La inventiva humana había hallado respuesta al obstáculo de los setos centenarios: con los "espárragos de Rommel" arrancados de las playas, se improvisaron taladros dentados en la proa de los tanques, que así pudieron abrirse paso.


LA CONTRAOFENSIVA

La presencia del tercer Ejército persuadió a Hitler de que Normandía no era simple finta estratégica destinada a atraer el grueso de las fuerzas alemanas con el fin de debilitar el sector decisivo de Calais, sino el comienzo de la ofensiva aliada. Hasta entonces había ordenado con notoria vaguedad "arrojar los invasores al mar", sin formulación estratégica.

La contraofensiva se desataba ahora con deplorable tardanza, destinada a vulnerar por el Oeste el flanco de la penetración estadounidense, teniendo como objetivo el puerto de Avranches, sobre la base sur de la península de Cotentin. Para ello trasladó de Calais el 15o. Ejército, que debía sumar su esfuerzo al del 7o., que soportaba el peso de las operaciones.

Luego de tormentosas sesiones en el Cuartel General del Fuhrer, Von Rundstedt había dimitido del mando siendo reemplazado por el mariscal Von Kluge. Rommel resultó gravemente herido como consecuencia de un ataque aéreo contra su vehículo. Con ello el mando alemán en el frente de lucha sufría dos sensibles pérdidas en un momento crucial de la guerra.


LA BATALLA DE FALAISE

La contraofensiva alemana (croquis No. 2) consiguió una apariencia inicial de éxito al penetrar hacia el objetivo a cubierto de su propia línea de contacto, hasta golpear el flanco izquierdo del tercer Ejército. Patton no se detuvo ante la amenaza, sino que se lanzó por el Sur, en sentido contrario y paralelo a la penetración alemana para salir a Argentan, sobre la línea de comunicaciones del enemigo. Entre tanto Bradley al Norte presionaba con el 12o. Ejército y el mariscal británico Montgomery consiguió cerrar la mandíbula con Patton. Una clásica batalla de aniquilamiento se inició así en el interior de la inmensa bolsa donde había sido encerrado el Ejército alemán. El sangriento episodio pasaría a la historia con el nombre de Batalla de Falaise. El camino hacia París estaba abierto y el 24 las avanzadas del ejército aliado se presentaban en las goteras de la capital de Francia, que caerían sin lucha el 27 de agosto, cuando Von Kluge desconoció la orden de Hitler de destruirla, en gesto que le costaría el mando. Y con él su suicidio.


COMENTARIOS FINALES

El asalto a las playas de Normandía conforma la operación anfibia más gigantesca de la historia. Cumplida con precisión y eficacia. presenta valioso ejemplo de aplicación de todos los preceptos establecidos para este tipo de combate. Enfrentando la actuación de las fuerzas en presencia a la luz de los Principios de Guerra, se establecen las siguientes conclusiones:

Se consiguió en forma total por parte del mando aliado, que supo encubrir con maestría su gigantesca concentración y mantener en secreto la fecha, dirección y objetivo del ataque. La labor de encubrimiento fue complementada con el engaño, al simular grandes concentraciones de tropas y elementos frente a Calais: tanques de cartón, artillería simulada, campamentos vacíos, inmensas bodegas ficticias. Al mismo tiempo se dispensó la infiltración de datos "superseeretos" en el mismo sentido, hasta persuadir el mando adversario de que allí se efectuaría el desembarco.

El ejército aliado, pese a su integración multinacional, obtuvo absoluta unidad bajo el Comandante Supremo, general Eisenhower. En las fases iniciales del asalto aseguró este mismo principio al confiar al mariscal británico Bernard Montgomery, el vencedor del legendario Rommel en Africa, el mando terrestre del desembarco.

En contraposición, el mando alemán se diluyó por la forma como Hitler absorbió el poder militar y político. Lejos del teatro de operaciones, imbuido por una absurda concepción de defensa a ultranza, inflexible en sus conceptos preconcebidos, distanciado anímica y conceptualmente de sus generales, fracturó la unidad intelectual del mando. Estos defectos de carácter, temperamento y carencia de formación militar, se agudizaron después del atentado de aue fue víctima el 20 de julio. En las semanas cruciales comprendidas entre el Día D y la caída de París prescindió de tres mariscales de enorme prestigio y singular habilidad profesional: Rundstedt, Rommel y Kluge.

Al obligar al héroe del Afrika Corps a suicidarse por considerarlo implicado en la consniración, no le designó reemplazo sino que fusionó en uno el Comando del Teatro y del Grupo de Ejércitos. Lejos de producir unidad, quebrantó la eficacia del mando al dispersar su gestión y sobrecargar de responsabilidad el Cuartel General Superior. En el ámbito estratégico la ejercieron los aliados desde el propio Día D. El mando alemán desencadenó contraataques a nivel táctico, pero éstos fueron neutralizados en buena parte por la abrumadora superioridad aérea y de apoyo naval de los aliados.

Una vez establecida la magnitud del desembarco, Rundstedt quiso comprometer la reserva general del Teatro, constituida por dos divisiones blindadas que se hallaban a órdenes directas del Cuartel General de Hitler. Pidió autorización repetidas veces y, al ver que transcurrían las horas decisivas sin que nadie se atreviese a despertar al Fuhrer para requerir su autorización, decidió emplearlas, con el resultado de recibir terrible reprimenda, que a la larga fue determinante de su renuncia.

De nuevo se puso de presente el espíritu ofensivo del mando alemán con el empleo tardío del 150. Ejército retirado de Calais y desplazado con grandes dificultades dada la superioridad aérea aliada y los obstáculos que producían sus bombardeos en las vías hacia Avranches. Este esfuerzo desesperado se enfrentó a otro de intensidad comparable, pero con abrumadora superioridad de medios y movilidad, que culminó con la victoria de Falaise.(...)

En suma, puede afirmarse que el desembarco del Día D, junio 6 de 1944, marca uno de los hechos militares de más alta significación en la historia de la guerra.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.